Gracias a sus películas Pájaros negros y Lo inevitable, Fercks Castellani se hizo de un lugar en el cine fantástico y de terror argentino. Su búsqueda se basa en atmósferas enrarecidas, que aplastan a los personajes, y añade vueltas de tuerca propias de su admirado M. Night Shyamalan.
Aún así, Los elegidos es su propuesta más inusual. Primero que todo, se trata de un cortometraje de 10 minutos. La acción se concentra en una playa que parece desierta… hasta que vemos a dos personajes (Clara Kovacic y Ezequiel Rodríguez) encadenados frente al mar. Las posibilidades de escapar son nulas y pedir ayuda es inútil. Para peor, las aguas van devorando la arena…
Castellani no precisa de diálogos ni de explicaciones para plasmar un ejercicio de suspenso y extrañeza. Algunos gestos y detalles permiten vislumbrar por qué el hombre y la mujer están en esa situación, pero conviene dejar que el espectador lo descubra (o que al menos elabore sus propias teorías). Aquí también son claves las actuaciones de Kovacic y Rodríguez, para transmitir mucho con muy pocos recursos.
Los elegidos tuvo su premiere en la reciente edición del Festival de Sitges, y compite en el 40° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Pudimos comunicarnos con Castellani y esto es lo que nos contó sobre su más reciente creación.
Venías de dirigir los largometrajes Pájaros negros y Lo inevitable. ¿Cómo se dio volver con un corto que, además, cuenta con una propuesta narrativa y estética anticonvencional?
Mirá, un poco se dio por la necesidad de seguir contando historias. Después de dirigir dos largometrajes, volver al formato corto fue, en algún punto, una forma de regresar a las bases, pero también una decisión impulsada por el contexto. El panorama económico del país y las dificultades que atraviesa la industria audiovisual nos llevaron a buscar un modo más directo y posible de seguir filmando. En ese sentido, el cortometraje se vuelve una herramienta muy poderosa: permite concentrar una historia, un concepto y una atmósfera con total libertad. Eso sí, teniendo algo importante para contar.
Los elegidos nació justamente de esa búsqueda y de una imagen muy simple que tuve en unas vacaciones: dos personajes mirando el mar, quietos, contemplativos. Me pregunté: “¿qué pasaría si…?”. Ese fue el disparador. A partir de esa calma aparente, de ese paisaje que a simple vista parece inofensivo, empecé a imaginar lo que podía esconderse debajo: una tensión, una historia reprimida, algo que no se dice pero está ahí. Y entonces, en ese mismo entorno idílico, descubrimos que ambos personajes están encadenados a bloques de concreto bajo la arena. Ahí aparece el conflicto y el punto de partida del film.
También me interesaba trabajar un terror de día, algo poco habitual. Un terror que no se apoya en la oscuridad, sino en la claridad del paisaje y en lo que pasa dentro de los personajes. Es un film sobre vínculos humanos, sobre culpas y silencios, donde lo más perturbador no está necesariamente en lo visible, sino en lo que no se dice. Por eso elegí construir una narrativa sin diálogos, sostenida por la actuación, la fotografía, el sonido, la música, y un gran tratamiento de color y efectos visuales, para convertirla en una propuesta inmersiva y sensorial que juega entre lo explícito, y mi siempre aliado “el fuera de campo”.
Es la continuidad de un camino que vengo explorando como sello autoral, donde el suspenso, lo psicológico y lo fantástico se cruzan para hablar de nuestros demonios.
Los protagonistas son Clara Kovacic y Ezequiel Rodríguez, dos actores que vienen incursionando en el género fantástico y de terror. Kovacic, de hecho, es una verdadera scream queen. Aún así, acá los vemos en papeles distintos a los de siempre. ¿Cómo los elegiste y cómo trabajaste con ellos?
Desde el comienzo tuve muy claro que quería trabajar con Ezequiel. Lo había visto en varios proyectos, pero fue después de verlo en Cuando acecha la maldad que confirmé que era el actor indicado. Incluso desde ese entonces comenzamos a mantener conversaciones sobre trabajar juntos. Tiene una versatilidad enorme, una presencia muy humana y, al mismo tiempo, una intensidad contenida que me interesaba explorar en este contexto. Durante los ensayos y en el rodaje, que fue bastante exigente por las condiciones naturales de la playa, Ezequiel demostró un nivel de entrega admirable. Le puso literalmente el cuerpo al personaje, y eso se nota en pantalla: cada gesto, cada mirada, cada respiración sostiene la tensión del relato. Fue una experiencia muy importante y enriquecedora para mí como director, porque logré plasmar exactamente lo que imaginaba en el guion y, al mismo tiempo, descubrir nuevas capas emocionales que pudo aportar.
En el caso de Clara, la elección también se dio de manera muy natural. Es una actriz que viene trabajando muchísimo dentro del género fantástico y de terror, y me parecía interesante invitarla a transitar dentro de mi Universo, un papel completamente distinto a lo que solemos ver de ella. Clara tiene algo angelado, una energía serena, pero al mismo tiempo una fuerza interior muy potente. Quise que esa dualidad se expresara en su personaje: una figura que, en apariencia, representa la calma, pero que esconde una conexión profunda y misteriosa con el mar y con lo que habita en él. Su trabajo fue clave para sostener el tono poético y ambiguo que buscábamos.
La química entre ambos fue inmediata. No necesitaban palabras para comunicarse, y eso era fundamental en una película sin diálogos. Los dos entendieron perfectamente que el relato se construía desde los silencios, las miradas y la corporalidad, y lograron crear un vínculo magnético, perturbador y profundamente humano desde lo complejo.
Otro personaje es la playa. ¿Dónde tuvo lugar el rodaje y cómo fue filmar en ese paraje?
Así es. La decisión de filmar realmente en la playa es uno de los grandes aciertos de la producción. Apoyarse en esos decorados naturales, minimalistas y no trucar nada en set, se vuelve una gran aventura para experimentar, sobre todo cuando el presupuesto es limitado y no hay margen de error.
El rodaje se realizó a comienzos de la primavera de 2024, en plena transición entre el frío del invierno y los primeros días templados. Filmamos íntegramente en exteriores, una parte en la costa argentina y la segunda parte en las playas más alejadas de Punta del Este, Uruguay. Fueron locaciones realmente inhóspitas: lugares desiertos, a los que solo se podía acceder en 4×4, donde el viento, la luz y el clima se convertían en parte del rodaje. Ese entorno salvaje fue un desafío, pero también una bendición. Todo lo que se ve en pantalla -la textura del aire, el movimiento del mar, el silencio del paisaje- está registrado de manera orgánica, sin artificios.
En el rodaje participaron varios técnicos y artistas que ya habían trabajado conmigo en Lo Inevitable, junto a nuevas incorporaciones que se integraron de manera increíble. Se formó un grupo humano muy comprometido, con una entrega total.
Creo que esa energía colectiva, sumada a la fuerza del paisaje, fue lo que terminó impregnando el film. Todos queríamos ver este proyecto realizado. Por eso, para mí, Los elegidos es el resultado de esa comunión entre naturaleza, equipo y visión cinematográfica.
El corto viene de competir en el Festival de Sitges, el más antiguo dedicado al género. ¿Cómo fue esa experiencia?
La experiencia en Sitges fue realmente muy enriquecedora. Los elegidos tuvo su première mundial allí el 15 de octubre de 2025, una fecha especial para mi, ya que hace exactamente diez años atrás estrenaba mi opera prima, Pájaros negros. Para cualquier realizador la premiere es un momento único: es la primera vez que tu obra se proyecta ante el público en el planeta. Y que ese debut haya sido en uno de los festivales más prestigiosos y antiguos del mundo, un festival de clase A, te marca realmente.
Presentar el film en Sitges fue una gran oportunidad para mí como director y autor, y la de todo el equipo que formó parte de Los elegidos. Sitges es una vidriera increíble, ser parte de la programación oficial del festival y estar en el catálogo no tiene precio. Te podes cruzar con artistas consagrados como Luc Besson, J. A. Bayona, Andy Muschietti, y conversar con ellos con la mayor naturalidad del mundo. Eso, sin dudas, es parte de la gran experiencia que me llevo. Además, ver cómo reacciona el público durante las proyecciones, y escuchar sus interpretaciones a la salida, fue muy emocionante.
Sitges, te recuerda que lo viejo funciona, que todavía hay público para ver películas en las salas de cine y que es la mejor experiencia que pueden tener los espectadores de forma colectiva e intimista con la obra y con sus realizadores. Realmente, es un festival que te renueva las ganas de seguir filmando y revalida todo lo que uno viene haciendo por esta profesión.
Los elegidos es el germen de un futuro largometraje que estás desarrollando. ¿Qué se puede contar al respecto?
Sí, Los elegidos es el punto de partida de un proyecto mayor: La película, actualmente está en etapa de desarrollo con nuestra productora Lunfardo Films. Desde el comienzo, la historia nació con una estructura que podía expandirse. Si bien el corto funciona como una experiencia única, sensorial y poética, detrás hay un universo mucho más amplio, con raíces en la psicología, lo simbólico, lo religioso y el terror emocional desde su lado más violento.
Lo que puedo adelantarte sobre el largometraje, es que abordaremos el pasado del protagonista, su infancia con viejos traumas que lo persiguen hasta el presente, de manera terrorífica, sumado a niños con presencias inquietantes, y veremos como es su relación con la mujer que lo lleva a este sacrificio frente al mar. El desafío es rodar y contar toda la película en una sola locación: la playa.








