A Sala Llena

Megamente, según Matías Orta

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La cultura popular abunda en villanos memorables. Los más cultos se remitirán a Ricardo III o Yagó, creados por Shakespeare. Incluso a Moriarty, rival de Sherlock Holmes. Pero esta clase de personajes más se luce cuando figura como la némesis de superhéroes o salvadores de ese estilo. ¿Qué sería de Superman sin Lex Luthor? ¿Y de Batman sin el Guasón?

Esto es lo que planeta Megamente, nuevo film salido de Dreamworks Animation.

Como todos los productos de esta división de la empresa fundada por Steven Spielberg, Jeffrey Katzenberg y David Geffen, está protagonizado por héroes improbables (o directamente antihéroes), hay miles de referencias y chistes vinculados a la cultura pop, y, sobre todo, es muy entretenida.

Pero también habla de cuestiones que llevan a pensar.   

En los primeros minutos de la película, Megamente consigue destruir a Metroman, el superhéroe de Metro City. Listo, ahora la ciudad es del archivillano cabezón, es posible hacer lo que se le plazca: robar, secuestrar, destruir. Pero eso deja de ser suficiente para él cuando ya no hay una fuerza opositora. Eso nos lleva a preguntarnos. ¿Qué pasa cuando ya no tenemos una némesis? ¿Qué sucede cuando uno consigue los objetivos? ¿Se pierde en el vacío o va en busca de nuevos retos? Por eso Megamente decide crear un nuevo superhéroe, Titán… que acaba por convertirse en un archivillano más poderoso.

Y eso nos lleva a otra cuestión: ¿qué motiva la originación de un “malo”? En el caso de Megamente, circunstancias de la dura niñez. Y por el lado de Titán, el sufrimiento por el amor no correspondido de Roxanne, la Louis Lane de Metro City (que termina intimando con un Metroman camuflado de persona común y corriente). Por lo tanto, podemos decir que no hay “buenos” o “malos”, sino personas influenciadas por episodios de su propia vida. Megamente y Titán fueron impulsados a ese camino porque el dolor y el sufrimiento.

Y eso nos conduce a otra cuestión: ¿puede un villano redimirse? Megamente descubre que ser bueno y hacer las cosas bien tienen lo suyo. Como dijimos, se acerca a Roxanne y se enamora de ella. Y, como el nuevo archivillano es Titán, pasará a ser algo así como un nuevo personaje superheroico, la nueva salvación de la humanidad.

Y aquí vamos a una cuestión más: ¿es posible cambiar nuestros roles en la sociedad? ¿Es tarde para cambiarlos? ¿Una persona nace o se hace? ¿El destino es algo que ya está escrito  o es lo que uno hace de él? Al principio de la película, Megamente y Metroman, todavía bebés, son enviados a la Tierra desde planetas moribundos. El cabezón está por aterrizar en una residencia, pero finalmente cae en una prisión. Ese entorno y las mencionadas circunstancias dolorosas lo convencen de que su papel en la vida es la de hacer el mal. Pero descubre que no es así, que siempre se puede elegir.

Por supuesto, todas estas cuestiones de fondo aparecen detrás de las persecuciones, explosiones, pasos de comedia, una historia bien contada y una inteligente vuelta de tuerca a las historias de superhéroes.

Si bien todavía les falta para alcanzar la perfección visual y narrativa de las obras de Pixar, los films animados de Dreamworks siguen siendo notables y muy divertidos… y también levantan el autoestima de los llamados “perdedores”.

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