A Sala Llena

MR 73: La Última Misión

MR 73: La Última Misión (MR 73, Francia 2008)

Dirección y Guión: Olivier Marchal. Producción: Cyril Colbeau-Justi, Jean-Baptiste Dupont.  Elenco: Daniel Auteuil, Olivia Bonamy, Catherine Marchal, Francis Renaud, Gerard Laroche, Phillipe Nahon. Distribuidora: Pachamama Films. Duración: 125 minutos.

Schreider (Auteuil) es investigador de la división homicidios de la policía de Marselle. Tras un accidente, donde pereció su hija, mientras su esposa quedó postrada en un hospital es estado vegetativo, Schreider se refugia en el alcohol para ahogar sus penas, e involuntariamente secuestra un colectivo, por lo que termina siendo relegado de rango. Sin embargo, su habitual compañero le pide ayuda para resolver una serie violaciones y asesinatos, que se asemejan a los de un asesino que atrapó 20 años atrás, que al mismo tiempos, queda liberado condicionalmente, mientras que la único testigo del asesinato por el cual fue encarcelado, espera la hora para vengarse del hombre que mató a sus padres.

Durante tres décadas (50s, 60s, y 70s), gracias a las películas de Jean Pierre Melville principalmente, pudimos disfrutar de excelentes policiales franceses que no se limitaban a entrar dentro de la categoría de film noir. No se caracterizaban sus historias por ser más oscuras que el alma de sus personajes. Sus protagonistas eran policías imperfectos incorruptibles, pero débiles a la vez, humanos. Eran melancólicos, tristes, nostálgicos.

Tras el fallecimiento de Melville, el puesto quedo vacante. Se podría decir, que artistas de diversas etnias como Michael Mann de Estados Unidos y Johnny To de Hong Kong, supieron ocupar el puesto, pero dentro de Francia, faltaba algún director capaz de revivir el género.

Podríamos decir, que Claude Chabrol siempre fue un maestro indiscutible del thriller, pero el policial negro propiamente dicho lo revivió Olivier Marchal.

Si bien su primer película, Gangster no tuvo demasiada difusión, el segundo, El Muelle, contaba con un duelo interpretativo atractivo, capaz de atrapar al mayor detractor del cine francés. Auteuil y Depardieu juntos interpretando a dos policías sospechosos de estar involucrados en casos de corrupción, eran una combinación explosiva.

Sin embargo, Marchal se dejo seducir demasiado por los aspectos comerciales, y la película dejaba un poco que desear.

Para MR 73, film que completa una suerte de trilogía acerca de la corrupción policiaca, Marchal se envuelve mas en los climas que generaban las películas de Melville, y convierte a su (anti)héroe, o alter ego en un personaje Melvilleniano, lleno de contradicciones, impulsos erráticos, honesto, violento y rencoroso a la vez, que bien podría haber sido interpretado en mejores tiempos por Alain Delon.

Sin dudas, el punto mas alto de la película es la complejidad psicológica del personaje de Schneider, tanto desde el guión como por la impresionante actuación de Daniel Auteuil, quien con pocas palabras y apenas unos pocos gestos, refugiado tras unos lentes oscuros que no terminan de tapar sus ojos, y un bigote que apenas le deja un espacio a su boca, se pone la historia al hombro.

Marchal maneja los climas de forma soberbia. La lluvia que cae sobre Marselle es parte de un escenario lúgubre, turbio y denso.

No se trata simplemente de la historia de un asesino serial, sino también un “tour de force” sobre la mente de un hombre que no puede cambiar su destino, que debe luchar contra los fantasmas del pasado, el alcohol y la corrupción policiaca en su departamento, además de vivir bajo la incertidumbre de escaparse con su capitana, de la cual está enamorado, o serle fiel a su esposa moribunda.

Marchal es mucho menos explicito y mas implícito a la vez en la manera de exponer la información y los hechos que en El Muelle, más profundo, la trama tiene muchas capa; se toma su tiempo para empezar la historia, por lo que la película, tarda un poco en empezar, aun cuando tiene un prólogo realmente exuberante.

El problema,  es que Marchal no se conforma con contar la redención de un personaje, y su relación con el entorno a través de la búsqueda de este violador y asesino. Para complejizarlo más aun, decide incorporar como trama paralela, la historia de Justine, una joven embarazada que cuando era niña fue testigo del asesinato de sus padres. Cuando se entera que el asesino saldrá bajo libertad condicional exige justicia al policía que lo atrapó: Schneider, lo que deriva a una seuda subtrama romántica.

Tanto todo lo que rodea a Justine (la relación con su abuelo y la hermana) como este punto romántico, le quitan un poco de dinamismo al film, y lo que es peor aun, le dan un tinte sentimental y lacrimógeno, especialmente en el montaje final, que le saca un poco de tensión al relato. Marchal amaga con convertir su policial en un culebrón, pero logra inclinar la balanza con alguna escena de acción dosificante. Además, tanto a nivel visual como en los aspectos técnicos e interpretativos (tiene un gran elenco secundario además), la película resulta irreprochable.

Aun cuando el recurso del flashbacks realentado y en blanco negro resulta un poco anticuado, aun cuando tenga algunos estereotipos, clisés, y lugares comunes, como por ejemplo la imagen del policía corrupto, previsible desde el momento que entra en escena, aun cuando es demasiado solemne y pretenciosa; MR 73, es fiel a su título original: un arma anticuada, pero poderosa. Una película que remite a lo mejor del cine de género francés: ecos de El Samurai o Historia de un Policía se pueden llegar a encontrar entre los tiroteos y el melodrama.

Más allá de tomar una posición dubitativa sobre si seguir por una senda comercial – industrial, o el camino del autor inescrupuloso, Marchal confirma que es un gran narrador para seguir de cerca.

Por Rodolfo Weisskirch

“Dios es un hijo de puta. Algún día voy a matarlo” con esta frase incluida en el diálogo inicial,  seguida por una escena donde suena la bella canción Avalanche de Leonard Cohen, vemos al autor de estos dichos (Daniel Auteuil), viajando en un transporte público, ebrio, fumando y tomando de rehenes al chofer y a los pasajeros con el sólo fin que el bus lo lleve a su casa; así empieza una película que nos promete estar agarrados de las butacas por dos horas.

Olivier Marchal, ex policía ahora cineasta, y realizador del magnífico policial El Muelle vuelve, después de ese palpitante largometraje, con un thriller oscuro, donde aborda una vez más los excesos y las perversiones que se cometen dentro de la institución policial. Para ello decide presentarnos dos historias centrales, la de Schneider interpretado maravillosamente por Daniel Auteuil, un policía venido a menos, con un pasado que lo perturba y un presente bastante decadente que lo sumerge en el alcohol y en la melancolía; luego tenemos a Justine una joven que al recibir la no muy feliz noticia de la liberación de quien fuera el brutal asesino de sus padres, vuelve a revivir aquello tan traumático, paralizando su vida por el miedo y el dolor.

Marchal en su intento de recrear una verdadera novela negra, le da un alto contenido dramático al policial, profundizando los conflictos psicológicos de los personajes centrales, con tomas y planos que los retratan como almas en pena, logrando que el suspenso policíaco  se le escurra y los tiros le cedan el paso al melodrama. Dos historias paralelas que se presentan durante mucho minutos en el film, aplazando la conexión de los dos personajes centrales, de este modo la película, se toma su tiempo en empezar realmente.

Basada en hechos reales, Mr 73 intenta ser una crítica no sólo a los conflictos endógenos del sistema policial, en tanto cerrado y corrupto,  sino también pone sobre el tapete decisiones judiciales tan debatidas en estos tiempos como lo es la libertad condicional, y los derechos y garantías de aquellos condenados por crímenes mayores; seguramente la mirada como ex policía del director no quedó exenta de lo que intentó transmitir en su obra.

Daniel Auteuil en su papel de Schneider, brinda una vez más una actuación superlativa, encarnando a este tipo tan conflictivo y por momentos ambivalente, que oscila  entre la inteligencia, habilidad y destreza  para resolver aquellos casos criminales tan complejos, pero también con la capacidad de meterse en líos habitualmente, producto de sus excesos, muchas veces entorpeciendo la investigación. También es destacable la interpretación que Philippe Nahon hace del bestial asesino aparentemente rehabilitado.

Una película que en su última parte cumple con la promesa inicial, terminando con la misma intensidad con la que empezó, pero que en el desarrollo del film sólo lo logra en ciertos momentos y en otros nos roba algún bostezo, pero de cualquier manera no deja de ser una atractiva dramática historia policial.

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