A Sala Llena

Néstor Kirchner: la película

(Argentina, 2012)

Dirección: Paula de Luque. Guión: Ricardo Foster, Carlos Polimeni y Paula de Luque. Producción: Jorge Devoto, Fernando Navarro, Barakacine, Aleph Media, Caras y Caretas y Grupo Octubre. Distribución: Distribution Company. Duración: 100 minutos.

El montaje prohibido.

Para comprender como está estructurada Néstor Kirchner: La Película en necesario regresar a algunos conceptos básicos que explicaba André Bazin en su fundacional libro ¿Qué es el Cine? La utilización del montaje como recurso narrativo para yuxtaponer fotogramas nutre de significado las imágenes. Para realizar el montaje se toman decisiones éticas y estéticas sobre qué material se utiliza y qué material se desecha para significar. Pues bien, André Bazin decía que con el montaje también se logra el paralelismo de imágenes con sucesos simultáneos en espacios diferentes y que, por medio de dicho recurso, éstos se ven alternados y modificados. Bazin creía que esto era un engaño para el espectador y lo llamaba un “montaje prohibido”.

Y vaya si no es un “montaje prohibido” el discurso que Néstor Kirchner le da a la milicia argentina diciendo a viva voz “no les tengo miedo”. En ese momento, corte de montaje y la directora Paula de Luque decide hacer un plano en ralenti de los oficiales de rango superior conversando entre ellos, como no prestando atención al discurso del presidente. Por supuesto que esto nunca existió; ese plano es en un tiempo distinto al del discurso, pero la falsedad de este montaje prohibido puede ser tomada como paradigma de la falsedad, de la arbitrariedad propagandística berreta y televisiva que tiene la película de Paula de Luque. Regresando a los conceptos de montaje, a la utilización y descarte de material, lo vemos en su esplendor cuando la película pasa por la década del sesenta, la década del setenta, la década del ochenta y aterriza en 2003. La década del noventa no existe para Paula de Luque y pretende ser borrada por el kirchnerismo, esa década infame en la que Kirchner dijo que Menem era el mejor presidente de la historia y él mismo aplicó políticas neo liberales en la provincia de Santa Cruz. El montaje hace que choquen y exploten el relato cinematográfico y el relato oficial.

Tampoco vemos lo sucedido los años duros de la dictadura, esos años en los que Néstor y Cristina le sacaron jugo a la circular 1050 para hacer usura a costa del sudor de trabajadores y se llenaron de dinero con el sufrimiento ajeno. Vemos felicidad en el casamiento de la pareja con simpáticas anécdotas de las madres de ambos, escuchamos un “nos escapamos al sur” y después nada más, silencio en los años más oscuros, hasta la creación del “Ateneo” en 1981, ya con una dictadura débil, al borde de la locura de Malvinas como último recurso, y con los Kirchner con casi 30 propiedades en su haber, producto de la usura.

El recurso de no poner el nombre de los entrevistados es una decisión de Paula de Luque para igualar a los familiares de Néstor con el “pueblo”, ese pueblo que donó fotos e imágenes para la construcción de esta película. A propósito de eso, el primer director que tuvo el trabajo de realizar esta producción fue Israel Adrián Caetano. Él quiso hacer una película y no lo dejaron, entonces abandonó el proyecto. Es claro que nunca se pretendió una película, se quiso una clase magistral de montaje prohibido, de tergiversación y de omisión de la realidad (podrán omitir todo lo que quieran pero el cine siempre se rebela; en algún fotograma aparece el brujo López Rega al lado de Campora), de utilización canalla de imágenes (resulta que ahora Alfonsín es un prócer para el kirchnerismo) y de un nivel de alcahuetería supina por parte de la directora (los discursos de Moyano y Lanata, las tapas de Clarín) adornados por las guitarras buchonas de Santaolalla (melodías alegres con “los buenos” y estridentes con “los malos”).

El nivel de estupidez de la película queda marcado cuando, en las entrevistas a las personas que fueron tocadas por la varita mágica de Néstor, un entrevistado dice “me consiguieron trabajo en el ministerio de salud”. Hay que explicarle a de Luque que eso no es generación de empleo, eso es filmar una prebenda, en vivo y en directo. Toda imagen significa, y el montaje le brinda un nuevo significado. Ahora bien, ¿qué quiere decir la inclusión de esas imágenes de la constitución nacional prendiéndose fuego en los festejos del bicentenario? ¿Y la imagen de Mariano Ferreyra para significar la muerte de Néstor es un chiste? Y ese tren a toda velocidad, ¿a dónde va? Esperemos que no vaya a Once.

Leo críticas positivas en la base de datos de Todas las Críticas, algunas con frases insólitas de un nivel de obsecuencia alarmante como  “Paula de Luque es una cineasta con vuelo poético”, en Escribiendo Cine, o “Se entregó en cuerpo y alma”, casi un pilar del relato oficial, en la Revista Veintitrés. Alguno menciona a Favio, ese enorme prócer del cine nacional, recién fallecido, que lograba convertirme en peronista por dos horas cada vez que veía sus gloriosas películas. Paula de Luque no hace cine, hace propaganda con este pasquín nauseabundo, y ante esta humillante película, nos dieron ganas de subir al ring con Gatica y gritar “a mí se me respeta, viva Perón carajo” a viva voz, esa voz maravillosa del cine, que acá estuvo ausente.

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Por Carlos Rey

 

Insoportablemente vivo.

Paula de Luque intenta mostrar en formato de documental la historia del ex Presidente Néstor Kirchner, organizando el discurso en pos de un hombre que ya ha trascendido a la historia. De Luque se vale para esto de una sucesión de imágenes, videos, voces en off, fotos y material de archivo que se conjuga con una fuerte impronta poética propia de la directora. La pantalla se ve inundada de información acerca del ex mandatario fragmentando su retrato desde la mirada familiar, la cual magnifica la figura del hijo, padre y hermano. Las imágenes  obtenidas en super ocho de su noviazgo y matrimonio con Cristina lo convierten en marido, contrastando siempre con su huella y estilo político. Los testimonios y hechos políticos son enlazados con  postales patagónicas y una impactante banda sonora a cargo de Gustavo Santaolalla.

Si bien el film inicia con un interesante repaso sobre los acontecimientos ocurridos  antes de la asunción deé, la estructura utilizada para contar la historia comienza a diluirse a medida que avanza el film. Se evidencian los bloques temáticos, que van tornándose muy incongruentes entre sí ya que el hilo conductor se dispersa y el discurso inicial propio del ex mandatario pasa a un segundo plano. El resultado es un relato no del todo homogéneo que no llega a explotar los diversos temas que surgen a partir de su figura y paso por la presidencia. Se destaca, sin embargo, la ausencia de una voz en off que relate lo que acontece en escena, lo cual obliga al espectador a tomar lo que se ve y asimilarlo.

En medio de todo esto hay imágenes de flores, niños jugando, una movilización, una anécdota de la niñez, su paso como intendente y luego como gobernador, la accidentada asunción con el golpe de cámara en la frente, el momento en el que se baja el cuadro de Videla y los relatos en primera persona como testimonios. Todo esto intenta articular un montaje que termina revelando una aproximación a la propaganda más que al homenaje. Es que el documental, claramente, no propone un dialogo con el espectador, sino un recuento de sucesos, sin ahondar demasiado, casi como un álbum fotográfico.

Sin embargo, el film alcanza a activar la memoria sobre nuestro pasado reciente haciendo imposible no emocionarse, enojarse y reflexionar durante el transcurrir del mismo, el cual logra su cometido sin dramatizar ni caer en una faceta didáctica y aleccionadora.

calificacion_2

Por Julia Panigazzi

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