ERRANCIA Y VAGANCIA
Tras haber visto London (Brameshuber, 2026) y escrito al respecto en este sitio, toca hoy hablar de una película que se le podría emparejar como una suerte de doble función. Con una duración mas bien corta, de una hora y unos minutos, Foreign Travel (Ted Fendt, 2026) se luce como selección de la Berlinale 2026 en la sección paralela Forum; London fue parte de la sección oficial Panorama.
Ambas películas se parecen: una estructura repetitiva, basada en episodios organizados alrededor de una premisa sencilla y puesto en escena con el minimalismo (voluntario o inepto; en este caso diría ambos) de quien filma una obra de teatro con un plano general frontal, cada tanto haciendo un paneo para toma los márgenes de la escenografía y dar alguna sensación de movimiento. En London, la premisa era que un hombre manejaba ida y vuelta todas las semanas entre dos ciudades, y cada capítulo era una conversación con un acompañante distinto al que levantaba en una app de viajes; cada una de estas situaciones tenía como transición planos del protagonista comiendo algo o durmiendo, filmados con más prolijidad y letargo que los encuentros con los pasajeros. En Foreign Travel, la estructura se ordena alrededor de distintos encuentros que tienen los miembros de un club de lectura, amigos y/o conocidos, a lo largo de un año en la ciudad de Berlín, mientras leen a Anna Ortese, escritora italiana; estos encuentros constituyen las escenas, que son conversaciones que tienen los lectores amigos, y las transiciones temporales y de una escena a la otra son directamente intertítulos con el nombre del mes correspondiente al siguiente encuentro. La gran inteligencia de Fendt frente a Brameshuber se ve en la duración del metraje: Foreign Travel termina a la muy larga hora de película, sin embargo lejos de la marca de dos horas y dos minutos de nada absoluta que London presenta.
Porque en este sentido, en cuanto a la voluntad de estas películas de tener un sentido (dirección), un mensaje o una visión intelectual (estética, política, social, y todo lo que implica una visión intelectual) que tras el visionado pueda sintetizarse, Foreign Travel es, para su tipo de película, algo inteligente y distinta: se sabe hueca y deforme, se sabe clasista e impertinente, pero eso es lo que pretende. Abrazo su pseudointelectualismo de pequeña burguesía de festival cinematográfico y lo defiende. Allí donde London dura una excesiva eternidad, Foreign Travel termina antes. Allí donde London muestra estos planos del protagonista haciendo nada, so pretexto de parecer que algo está sucediendo, Foreign Travel pone un intertítulo que indica que solo es lo que es: un cartel que corta la escena y hace avanzar por pura arbitrariedad la película. Brameshuber intenta disfrazar su nada con observacionales y una suerte de evidentemente encriptado comentario político. Fendt no oculta las pretensiones del film ni su defensa del tipo de obra que es: no es casual su paso por el Festival de Berlín, y lo sabe con orgullo. Así se entiende perfectamente a la película, en cuanto a sus pretensiones, cuando uno la ve: personajes en su cotidianidad hablando de filosofía, literatura, conceptos epistémicos y discusiones estéticas y lingüísticas. Una imagen reflejo orgullosa del “obrero del cine-arte” y del rubro del muy europeo negocio del “arte serio”: aquel que es tedioso, obtuso y oscuro, y producido y distribuido por y para museos, centros academicistas y nichos onanistas. Aquel cine que sin un solo criterio cinematográfico pretende explicar y demostrar, con la pedantería de ser orgullosamente aburrido y liso, cómo funcionan las cosas.
Las supuestas reflexiones que los personajes encuentran a partir de los textos, sobre lo real, la construcción de la realidad, lo fantástico, el lenguaje… (en fin, sobre todos los temas profundos que discursiva y literalmente debe tomarse en serio porque es una obra seria) están planteadas para defender la existencia de la propia obra: una tautología tramposa en la que el director habla y asegura la importancia o la superioridad de su obra, su profundidad, su valor. Un bodrio que se pretende complejo pero es en realidad fácil de entender, y que una vez entendido muere para siempre. Que Fendt haga una película para defender su lugar en la industria cultural, específicamente en el nicho de la alta cultura o la cultura intelectual del cine, en un festival que se cree vanguardia y busca todo lo que sea difícilmente entendible (por tanto, difícilmente debatible) para parecer misterioso y superior, es una puesta en abismo en la que dos masturbadores crónicos se miran al infinito. Y una toma de pelo al cine, que demuestra que algo hecho de imágenes y sonidos puede ser muchas cosas mas no es siempre y en todo lugar una película.
Dirección: Ted Fendt. Guion: Ted Fendt & Leonie Rodrian. Elenco: Hanna Döring, Alejo Franzetti, Florian Model, Sigrid Vagt, Leonie Rodrian. Producción: Ted Fendt, Hans Broich. Duración: 63 minutos.




