A Sala Llena

Super 8, según Emiliano Román

Super Valorada.

Se podría decir que Super 8 es una buena película, eso no es discutible. El problema está cuando se la considera como la mejor película del año, no sólo porque es una calificación que le queda demasiado grande, sino que también, este postulado implicaría aceptar con resignación el hecho de que al cine se le han acabado las nuevas ideas. Hubo otras producciones cinematogáficas en el año, menos rimbombantes, y sin tanto presupuesto que aportaron novedades en su relato, absolutamente impredecibles y originales.

Técnicamente es una maravilla, los efectos visuales y sonoros gozan de la mayor calidad fílmica. La escena del accidente del tren es definitivamente abrumadora, esta sí podría ser considerada una de las secuencias del año. El comienzo también anuncia la posibilidad de estar ante una gran obra, ver como un obrero va cuantificando los días sin accidentes y debe volver a foja cero, es particularmente estremecedor.

El punto es que esa intensidad inicial va decayendo a medida que transcurren los minutos, con algún que otro momento en donde repunta y vuelve a estar en lo más alto, pero en la última media hora, donde el desenlace requiere un mayor impacto narrativo, desbarranca.

El relato se vuelve absolutamente predecible, da la sensación de haber estado allí en más de una vez, pero no lo es porque uno experimente una especie de deja vu, sino de lo que se trata es de haber presenciado escenas y secuencias similares en innumerables películas de este tipo de género. Dicen que el creador de la archipopular serie Lost, J.J. Abrams, quiso hacer un homenaje al gran maestro del género en los años ochenta, Steven Spielberg, también productor de este film. Ahora bien, una cosa es un tributo y otra muy distinta es hacer un popurrí de grandes hits efectistas que manipulan a la masa consumista, dando como resultado un producto cinematográfico entretenido pero plagado de lugares comunes.

La ya clara reminiscencia a ET, está más que nombrada en varias críticas, pero agregaría que aquel maravilloso film de Spielberg se merecía un tributo no tan caricaturesco y menos obvio. Después, tenemos momentos de locura colectiva que remiten sin escalas a películas como Distrito 9, La Guerra de los Mundos, o el espectacular film coreano The Host. Sólo faltaba que el bicho se enamore de la chica rubia y teníamos a King Kong diciendo presente.

Luego, abundan situaciones clisés que apuntan a dar cierto dramatismo al relato reduciéndose en muchos momentos en pura sensibilería barata. El chico huérfano de madre, que se enamora de la hija del enemigo de su padre. Padres que portan rasgos totalmente opuestos, uno es justo, trabajador e incorruptible, el otro es un borracho perdido con pinta de sucio, pero por esas cosas de Hollywood, terminan dejando las diferencias de lado en pos del amor parental.

La escena final es lamentable, tan trillada, moralista y emotiva que empalaga, da por tierra lo que fue un gran comienzo, sobre todo por el grupo de preadolescentes que querían filmar con el entusiasmo a flor de piel y absolutamente apasionados su película de zombies. Esto, fue lejos, lo más logrado y original de Super 8. Todo ese detrás de escena que se construye en el armado de una película de unos jóvenes inexpertos donde el mayor capital es el deseo de llevar adelante su proyecto.

Interpretativamente, los niños se destacan de sobremanera a los adultos, que en general aparecen sobreactuados. Nuevos talentos que se dieron a conocer gracias a un gran trabajo de casting y que seguramente a partir de ahora, a más de uno lo vamos a ver hasta en la sopa.

Luego de un final fallido, vienen los títulos, los cuales no hay que perdérselos porque son lo mejor de los 112 minutos de metraje y es el resultado y consecuencia de lo más rico y original de lo que gozó Super 8, que es la espontaneidad de estos niños. Con un “My Sharona” de fondo que es otro golpe de efecto pero permite salir de la sala con una sonrisa, la cual durará un par de cuadras, hasta que te asalte el pensamiento de dónde se puede ir a comer, y la película quedará en el olvido.

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