La película de casi cuatro horas de duración, con intervalo incluido, fue realizada por Alex Gibney, obviamente sin el acuerdo de Elon Musk.
Pese a ser una figura muy conocida, hay mucho pora descubrir en el documental del hombre más rico del mundo. Lo enriquecen, entre otras, la entrevista a Justine Wilson Musk, su primera esposa, que tuvo la desgracia de perder en sus brazos a su primer hijo (“brain dead”) con Elon. Tuvo con él otros, incluida Vivian, una hija transexual que el magnate detesta.
Musk tendría al menos catorce hijos, incluyendo algunos por inseminación artificial. El estima que sus genes son superiores a la mayoría de los mortales y cree que “hay que poblar al mundo” con ellos, haciendo así un aporte positivo al crecimiento de la población mundial.
Sus principales intereses, a menudo señalados en sus charlas televisivas, son básicamente tres. El primero es internet, el segundo el cuidado del medio ambiente sustentable (como sería el auto eléctrico) y el tercero, más reciente, la carrera espacial.
Con respecto a la primera de sus obsesiones, el film dedica poco tiempo a la adquisición de Twitter, que como bien se sabe ahora es “X”.
Tesla fue creada en 2003, junto a Martin Eberhard, al que prácticamente “borró” como accionista, afirmando que el auto eléctrico es su exclusiva creación. Lo que resulta menos conocido son sus pruebas con el “Autopilot Car” (hacia el año 2015), es decir uno donde el dueño no lo maneja, no conduce el volante. Dicho invento ya produjo la muerte, en ruta principalmente, de unas sesenta personas, crímenes que Musk se ha preocupado permanezcan impunes, hasta la fecha.
La película dedica parte importante de su metraje a su empresa SpaceX y su slogan: “vamos a conquistar Marte”. En los inicios de su empresa, viajó a Rusia, intentando adquirir por alrededor de 3 millones de dólares la tecnología espacial (cohetes no militares) de la empresa ICBM. No tuvo mayor éxito en su gestión por lo que consiguió un acuerdo con Obama, sin “interferir con los proyectos de la NASA”. Los primeros tres lanzamientos fueron un fracaso (explotaron y/o se incendiaron en el aire), pero para su suerte el cuarto fue un gran éxito. Consiguió incluso algo inédito, ya que logró que los cohetes regresaran intactos a la Tierra.
La posición anti COVID de Musk es reflejada, cuando afirmó que el “coronavirus is dumb”, minimizando el uso de barbijos y negando el valor de las vacunas.
También se comenta su amistad con Donald Trump y su apoyo a las campañas electorales, aunque en los últimos tiempos no reina la armonía pasada, ya que pese a que Trump le creó una especie de ministerio (DOGE), que se parece al de Milei (de Sturzenegger), lo acusa de “ingratitud”.
Nuestro actual presidente aparece en más de una oportunidad en el documental. Se lo ve saludándolo con un enfático: “hola amigo”. Pero además se lo presenta con la célebre motosierra, que también han adoptado los republicanos en los Estados Unidos.
Gibney, el realizador, usa la IA para mostrar a un Musk virtual, sentado en un sillón. Parece realmente una entrevista y el resultado es notable. Quien también habla a menudo con el director es la influencer Ashley StClair, que fue su pareja y que revela su supuesto uso de drogas (ketamina, hongos psicodélicos y Éxtasis).
Los comentarios peyorativos del director señalan que se trata de un ser “arrogante, egocéntrico, ambicioso y que cree ser una especie de Mesías”. Al cabo de cuatro horas, uno termina odiando odiar a uno de las personas más repulsivas de nuestro planeta.
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(Estados Unidos, 2026)
Dirección: Alex Gibney. Guion: Alex Gibney, Michael J. Palmer. Duración: 232 minutos.




