A Sala Llena

Tigre

(Argentina, 2017)

Dirección: Silvina Schnicer y Ulises Porra Guardiola. Guión: Silvina Schnicer. Elenco: Marilú Marini, María Ucedo, Agustín Rittano, Lorena Vega, Melina Toscano, Magalí Fernández, Tomás Raimondi y Ornella D’ Elía. Distribuidora: Cine Tren. Duración: 92 minutos.

Tigre (2017), la ópera prima de la argentina Silvina Schnicer y del catalán Ulises Porra Guardiola, merece su título geográfico. El Delta está siempre presente. La humedad, la vegetación, los ríos, los bichos, la sudestada, no son detalles pintorescos sino la expresión de un estado de ánimo y un reflejo de los personajes. Es un paisaje tan idílico como peligroso, donde hay paz y tranquilidad pero además desarraigo y violencia. Es violento, por ejemplo, el proceso de modernización que arrasa con las viejas viviendas de la zona. También lo es el pasado de la familia protagónica, que pretende hacerle frente a las grúas y topadoras, pero que tropieza con antiguos traumas irresueltos. Y lo son, además, los niños y adolescentes que se divierten, se pelean y se torturan debajo de los árboles, en las inmediaciones de la casa familiar.

Sin embargo, Schnicer, Guardiola y el director de fotografía Iván Gierasinchuk no siempre encuentran soluciones visuales para evocar el misterio y la ambigüedad que parecerían exigir el guión y el entorno. Hay momentos inquietantes, como un extraño juego en el que dos chicos, sus caras deformadas por cintas adhesivas, le gruñen a una ¿amiga? que les responde con alaridos. Pero luego hay demasiadas tomas insulsas, aunque técnicamente irreprochables, de rostros enmarcados por fondos desenfocados, de texturas de muebles y adornos, del sol que se filtra por las ventanas, de la luz de un velador que ilumina cuerpos a la noche. Son imágenes que no sugieren nada enigmático sino que operan como fotos y videos en las redes sociales, trozos aislados que no terminan de armar una atmósfera o un sentido.

Por suerte, el trabajo actoral compensa algunas de las flaquezas de la película. Marilú Marini y Agustín Rittano, como madre e hijo, componen una relación tensa y cambiante, construida a partir de sentimientos encontrados. María Ucedo, como una amiga de los protagonistas, es una figura escurridiza, moralista ante su hija pero más laxa con su propio comportamiento, siempre disconforme con algo, con su vida sexual o su desempeño maternal. El resto del elenco es más desparejo. Hay varios puntos flojos entre los más jóvenes, resignados a la inexpresividad o la recitación del diálogo. Pero todos los involucrados, con mayor o menor éxito, buscan expresar cierta dualidad, cierta alternancia entre la ternura y la miseria, que nos devuelve al espacio incierto del Delta, paraíso e infierno.

 

 

© Guido Pellegrini, 2017 | @beaucine

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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