A Sala Llena

Vóley, según Matías Orta

La carrera de Martín Piroyansky como actor ya es reconocida. Basta con ver sus participaciones en películas como Mi Primera BodaLa Araña Vampiro para percatarse de un talento innato tanto para comedias como haciendo personajes más oscuros. Sus incursiones como director tienen una preocupación por las relaciones amorosas, no exentas de humor. ¿Pruebas? El cortometraje No me AmaAbril en Nueva York, su ópera prima. Pero en Vóley, su segundo largo, va aún más allá.

Seis amigos llegan a una isla del Tigre para pasar Año Nuevo en casa de los abuelos de Nicolás (justamente, Piroyansky), uno de ellos. Las intenciones son claras desde el vamos: sexo, alcohol, drogas, más sexo, histeriqueo, más sexo, música, más droga, mucho más sexo… Un plan (o anti-plan) prometedor, y que arranca muy bien, pero surgirán cuestiones que pondrán a prueba a “Caver Nico”, como lo llaman los demás, y también las verdaderas relaciones entre los integrantes del grupo.

Una comedia sobre la actual generación de veinteañeros de Buenos Aires, pero no con el lenguaje del cine independiente, como suele ocurrir seguido para reflejar a la juventud de ahora, sino en una clave cercana a las producciones norteamericanas de las últimas décadas, empezando por la Nueva Comedia Americana: Judd Apatow y, sobre todo, Greg Mottola, con algo de los hermanos Farrelly más inspirados. Pero más que un rejunte de influencias, Piroyansky le imprime a la historia una personalidad propia, y no le tiembla el pulso cuando llega el momento de ponerse un poco más serio.

Con una impronta moderna, la película también recupera un subgénero del cine nacional: las comedias picarescas, incluyendo los films de albergues transitorios (muy populares en los 60 y parte de los 70), empezando por la fundacional La Cigarra no es un Bicho, de Daniel Tinayre, donde además se pronunció la primera palabra obscena de las pantallas argentinas.

Delante de cámara, el director está acompañado por un elenco joven, que encaja perfectamente en la propuesta: Violeta Urtizberea, Ricardo “Chino” Darín, Vera Spinetta (la más sobresaliente), Inés Efrón y la debutante Justina Bustos. Cada uno tiene una personalidad definida, pero todos gozan de los mismos gustos… y entre sí. Vóley no sólo es muy divertida, desprejuiciada y fresca; también llena un vacío del cine argentino contemporáneo. Y prueba que, con visión y audacia, Martín Piroyansky se está afianzando como realizador.

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