CUANDO LA FÉ TAMBIÉN ES UN MISTERIO
“Si Dios existe, en su nombre, todo está permitido”
Slavoj Žižek
El director Rian Johnson sorprendió al mundo después del estreno de sus primeras dos películas, Brick y Looper, que le valieron el encargo de dirigir y escribir el octavo episodio de la saga más famosa del mundo, Star Wars: El último Jedi. Su enfoque polémico, osado y arriesgado, le generó irremediablemente tanto respeto como odio por partes iguales. Sin embargo, había dejado en claro que era un director sumamente capaz de generar imágenes impactantes, acompañado de una puesta en escena distintiva y poco convencional para tratarse de un blockbuster. De todas maneras, si el trabajo de Johnson fue cuestionado en su momento, se debe en gran parte a la subversión mitológica para desarrollar a sus personajes.
Si en una galaxia muy muy lejana, el director se arriesgó en deconstruir al héroe por antonomasia de toda una generación, Luke Skywalker, en Wake up dead man realiza un procedimiento similar pero con un cura imperfecto interpretado por Josh O’connor, que busca el perdón de dios y quiere comunicar su mensaje para mejorar la vida de las personas. Desde su introducción, este personaje ya se establece como el protagonista más “complejo” e interesante de la trilogía Knives Out, sin menospreciar el trabajo realizado por Ana de Armas en la primera entrega. La actuación de O’Connor es conflictiva, contradictoria, la de un cura que siente el deseo de querer matar a alguien por sentir que no transmite correctamente la palabra de su señor. Su contradicción radica en su impulsividad, como exboxeador siente un deseo que a veces no es capaz de controlar, de solucionar los conflictos a los golpes, con lo que eso conlleva. Es un personaje que carga con las acciones de su pasado y está buscando la redención por medio de la palabra de la deidad en la que empezó a creer.
Josh O’Connor se convierte en una especie de Dr.Watson para Benoit Blanc, el excéntrico detective nuevamente interpretado por Daniel Craig. Su relación es la más graciosa, interesante y entrañable del todo el film, y por más que sabemos que no volveremos a ver al cura acompañándolo en las próximas aventuras, este era un gran momento para hacer evolucionar la saga al darle al investigador privado un compañero. Igualmente, la gracia de Benoit Blanc es justamente que se distingue de los arquetipos de detectives establecidos por Arthur Conan Doyle y Agatha Christie. El personaje de Craig, lejos de exhibir su inteligencia hacia el exterior y tomarla como una única verdad, se presenta como alguien torpe, excéntrico y hasta en cierto punto ingenuo, con el fin de que su intelecto pase desapercibido. En vez de utilizar métodos deductivos como lo haría Sherlock Holmes, Blanc deja que los personajes hablen, que se contradigan entre sí, que los diferentes relatos se mientan los unos a otros hasta que la verdad finalmente emerja y salga a la luz.
A diferencia de Hercule Poirot, el detective de Rian Johnson no busca el centro de la escena, mucho menos ser el protagonista de ella, deja que los diferentes personajes desaten su caos entre sí. Esto es en gran parte porque a lo largo de las tres entregas se constituye a un cast de lujo, porque lo importante no radica en descubrir quién es el asesino, sino en cómo el crimen afecta a las víctimas. Y al mismo tiempo, Benoit Blanc es una deconstrucción del mythos del detective, no es puramente racional y ni busca resolver su caso a toda costa, se preocupa por sus víctimas, es un ser sumamente inteligente que destaca más por su emocionalidad que por sus razonamientos.
Esta última entrega de Knives Out toca temas más profundos que las anteriores partes, siendo la pérdida de la fé y el cuestionamiento de la misma el ancla moral del film. Representado en una iglesia carente de cruz dirigida por un cura de métodos poco convencionales. El personaje de Josh Brolin, un aparente profeta que se cree por encima de dios, y quién es el que paga las consecuencias por esta tentación. La película decide seguir los valores judeo-cristianos clásicos; están los personajes que buscan consuelo en la fé, como los que buscan preservarla a toda costa, incluso si eso significa tener que crear un mito sobre la misma.
En Wake Up Dead Man, Rian Johnson vuelve a demostrar que su cine no se interesa por las respuestas fáciles ni por los dogmas incuestionables, sino por los sistemas de creencias que los seres humanos construyen para sobrevivir al caos. Al igual que en El último Jedi, la fe —ya sea religiosa, moral o mitológica— es puesta a prueba no para ser destruida, sino para ser despojada y cuestionada. Cuando creer se vuelve una excusa para justificar la violencia o el poder, el mito deja de ser refugio y se convierte en amenaza. Johnson filma ese límite con los raccontos y los diferentes puntos de vista. La finalidad de Johnson finalmente está en recordarnos que el verdadero misterio no es sobre quién cometió el crimen, sino en quienes nos convertimos cuando creemos ciegamente.
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(Estados Unidos, 2025)
Guion, dirección: Rian Johnson. Elenco: Daniel Craig, Josh O’Connor, Glenn Close Josh Brolin, Mila Kunis, Jeremy Renner, Kerry Washington, Andrew Scott, Cailee Spaeny. Producción: Ram Bergman, Rian Johnson. Duración: 144 minutos.








