A Sala Llena

18 Monkeys + Escaladrum

Coreografía: Jitti Chompee. Música: Ástor Piazzolla. Bailarines: Anucha Sumaman, Klittin Kiatmetha, Benjamín Tardif. Música en vivo: Sexteto Escalandrum. Iluminacion: Alberto Lemme. Vestuario: Anurak Thangsomboon. Direccion general: Jitti Chompee.

La danza Khon es la danza tradicional de Tailandia en la que se representan episodios del Ramakien a través de la pantomima. La misma se caracteriza por la utilización de máscaras que designan cada rol y un vestuario muy rico en detalles y a todo color. 18 monkeys dance theatre es una compañía de danza-teatro tailandesa que fusiona distintos tipos de danza con la danza clásica de dicho país. En esta ocasión presentaron la obra homónima, 18 monkeys, con música de Piazzolla interpretada en vivo por el sexteto Escalandrum, liderada por el nieto del bandoneonista, Daniel “Pipi” Piazzola, y cuya formación se completa con grandes músicos de la escena del jazz y el tango local.

Podemos pensar que hoy la danza Khon ha perdido en parte su función social para pasar a ser un material al servicio del arte. El arte contemporáneo puede disponer del pasado casi a su antojo: toda la historia del arte está ahí para ser usada, reinterpretada, sacada de contexto, citada, resignificada. En 18 monos asistimos a la puesta en tensión entre elementos de la tradición, movimientos que tienen que ver con el acervo de la danza occidental y el atractivo intertexto de la música de Piazzolla. Hay utilización de elementos tradicionales como las máscaras, pero éstas son despojadas de sus colores originales y contrastan con un vestuario cotidiano y occidental que consiste en pantalones deportivos o de vestir con camisas y sacos. El mismo efecto por momentos perturbador produce la incorporación de los cascos de motocicleta a modo de máscaras y el tango rabioso de Escalandrum entre los movimientos codificados y reconocibles del Khon, violando su aspecto sacro. Así también funcionan los accesorios que son incorporados a lo largo de la pieza como una piel y distintas telas que tapan los rostros, que deshumanizan a los bailarines (¿quizá porque representan animales?), y una pelota mágica.

En esta pieza el movimiento demuestra ser autónomo de la música, ya que no siempre las dinámicas y cambios de calidad en los cuerpos coincidían con las dinámicas y crecendos musicales. Incluso el silencio y la ausencia de movimiento tenían tanta importancia como los movimientos continuos, ligados y de extrema delicadeza de la danza Khon. A pesar de la gran presencia de la pantomima, había una búsqueda de explorar la danza en sí misma. En este sentido, el torso es un gran protagonista y sus movimientos son el material más original de la compañía. Combinado con una puesta de luces muy bien planeada y un vestuario minimalista de tan sólo un pantalón negro, en el primer solo se logra abstraer un torso como si flotara en el escenario. Los bailes grupales emanaban mucho erotismo y sus cuerpos se enlazaban como si bailaran un tango.

A pesar de ser una propuesta original y de mucha calidad tanto por parte de los bailarines como de los músicos, por momentos esta búsqueda de autonomía provocaba que diera lo mismo que la música estuviese grabada o interpretada en vivo. Hubiera sido interesante que se aprovechara más la co-presencia de ambos grupos en el escenario y se abriera más hacia un diálogo… pero quizá eso sería otra obra.

Para quien nunca ha tenido la oportunidad de asistir a un espectáculo tradicional Khon, es impresionante descubrir la expresividad de los movimientos y gestos de sus manos que en esta puesta nos llevan a un viaje onírico donde llueven flores amarillas mientras suena Piazzolla.

Teatro: Sala Martín Coronado – Teatro San Martín – Av. Corrientes 1530

Funciones: Viernes 4, Sabado 5 y Domigno 6 de septiembre

Entradas: $ 140

calificacion_4

 

Por Luciana Morelli

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