“El mundo natural, es un mundo de infinitas variedades y complejidades, un mundo multidimensional que no contiene líneas rectas o formas completamente regulares, donde las cosas no suceden en secuencias, sino todas juntas, un mundo – como nos dice la Física moderna – donde incluso el espacio vacío es curvo. Está claro que nuestro sistema abstracto de pensamiento conceptual no puede nunca describir o entender esta realidad por completo”. Fritjof Capra (El Tao de la Física)
En Father Mother Sister Brother, Jim Jarmusch una vez más sorprende con su esquema cinematográfico. Desde hace algunos años viene realizando films que son supuestamente episódicos, pero que en realidad son como diría la estética cuántica es decir “física cuántica”, puesto que, las teorías de ésta última, unen la psicología de Jung junto a las concepciones del “pensamiento borroso” de Bart Kosko y el “pensamiento complejo” de Edgar Morin, y la “El Tao de la Física” de Fritjof Capra. La nueva estética parte del hecho de que la realidad no sólo se agota en las apariencias, sino que puede conculcar las leyes que consideramos sensatas; el mundo continúa más allá de donde hasta ahora habíamos creído y lo hace de forma no familiar, vulnerando el espacio, el tiempo y la causalidad.
Algunos científicos han llegado a hablar de “El paradigma holográfico” (Ken Wilberg), David Bohm del “orden plegado” y el “orden desplegado”. El segundo sería el mundo externo tal y como lo vemos, ya sea a través de nuestra propia percepción o a través de avanzados instrumentos. El “orden plegado” sería, por el contrario, cuando permanece oculto, la fuente de donde proviene la realidad manifiesta.
El “orden plegado” en el concepto de Jarmusch sería las reuniones de la familia, que comienza a desplegarse con todos sus misterios y rencillas, creando una tensión por momentos insoportabe.
Por lo tanto en los relatos de Jarmusch existen estos órdenes, además de un personaje oculto que es el espacio donde se desarrollan estas historias. Pero a la vez estos poseen un denominador común como: las relaciones amorosas, en otros las interrelacionadas con lo social y en esta última, Father Mother Sister Brother, con conflictos familiares.
Tal vez en Father Mother Sister Brother no haya mucho de autobiográfico, pero por ciertas declaraciones Jim Jarmusch se refirió a la mala relación que tuvo con su padre y que esta era suavizada afectivamente por su madre. Quizás esos recuerdos lo llevaron a realizar este film, y decirnos que, cuando hablamos de lazos de sangre hay ciertas verdades inapelables que trascienden cualquier sistema informativo.
Father Mother Sister Brother es una película articulada en tres cuadros que giran alrededor de una misma realidad: el reencuentro de miembros de una familia. Unos hermanos que después de varios años sin verse, vuelven a relacionarse, y en ese encuentro se ven forzados a enfrentar tensiones no resueltas y a reconsiderar sus enfrentamientos con padres impasibles y distantes. Cada una de las historias posee un espacio y país diferente: “Father” está ambientada en un pueblo perdido del noreste rural de EE.UU., “Mother” se desarrolla en Dublin y “Sister Brother”, en París.
En varias entrevistas recientes sobre su última película, Jim Jarmusch ha citado el principio básico del arte Zen, el “mu”, el epitafio que Yasujiro Ozu mandó grabar en su lápida. “Mu” designa lo que Paul Schrader definía en su libro sobre el estilo trascendental, “la nada, el silencio y la inmovilidad”, pero entendidos en su dimensión positiva, es decir como una presencia. Lo que no se dice es, por lo tanto, lo que significa: lo que hay entre los objetos, entre las palabras, entre las personas, revela una verdad sobre las relaciones y sobre el mundo.
“Mu” es una palabra Zen japonesa que significa nada. No hay nada, vacío.
En chino tiene el mismo significado pero se pronuncia WU.
Es una herramienta para trascender la lógica y despertar la mente, intenta romper el pensamiento dual. Es romper el pensamiento lógico y provocar una comprensión directa de la realidad. En el Zen esa nada significa que las cosas no tienen existencia física, todo está interconectado, todo cambia constantemente. En la física cuántica también es vacío pero a la vez es mutación.
Por eso es que Father Mother Sister Brother no es una película de tres actos aunque lo parezca: será por eso que en el título no hay comas, porque todo transita sin que en el lenguaje instalen impedimentos.
Jim Jarmusch lleva años tras las huellas de algunos de sus más admirados cineastas, como el francés Robert Bresson y el japonés Yasujiro Ozu, directores esencialistas: nada sobra, nada falta. En donde el vacío se abre al final de cada plano. Las escenas de los niños patinadores haciendo ollies en cámara lenta simbolizan la existencia que se escapa ante nuestros ojos y las personas que van y vienen en nuestras vidas, así como la falta total de control que tenemos sobre ellas. También los Rolex representan el tiempo que esfuma, se va, se pierde. Nuestras vidas están sentenciadas por el tiempo y el devenir de la historia. Estos planos no son de relleno. Son espacios de respiración emocional, que permiten al espectador procesar lo que acaba de sentir.
El “clima” se siente mejor cuando los personajes están en silencio, simplemente existiendo en el espacio. El vacío (el concepto de Mu) es lo que genera la carga emocional.
Además, la película se prolonga gracias a la proliferación de placenteros tiempos muertos en los que los personajes comparten, a la luz del silencio, momentos de enigmática y reveladora intimidad. Todos estos rasgos, que conectan a Jarmusch con cineastas como Jean Vigo, Jean-Pierre Melville o Aki Kaurismäki, reaparecen en Father Mother Sister Brother, para explorar con gran sosiego y maestría los claroscuros familiares y los entornos domésticos.
La cámara de Jim Jarmusch, operada por dos directores de fotografía: Frederic Elmes y Yorick Le Saux, muestra subjetivamente una pieza ineludible y sigilosamente incitadora de minimalismo, con vacíos, y silencios a veces perturbadores, en los cuales el espectador construye a su vez su propia historia y psicología. Como también imagina alrededor de lo contemplado. Lo que plantea Jarmusch es el tema del observador-observado, el de la presencia-ausencia. Como en el tercer cuadro, el de París donde hermana y hermano (Indya Moore y Luka Sabbat) se enfrentan al personaje borroso del padre y la madre muertos en un accidente de avión. Ellos están ausentes pero presentes en los recuerdos de sus hijos.
La música serena y remota compuesta por el mismo director y Annika Henderson, contribuye a ese estado de ánimo en apariencia tranquilo pero siempre tenso, como lo son las relaciones entre padres, madres, hermanas y hermanos. Nadie como Jarmusch filma con tanto sentido estético aquellos momentos de vacío en los que aparentemente no pasa nada.
La combinación del diseño de producción de Mark Friedberg, y el vestuario de Catherine George (con la intervención de Ives St. Laurent, que ayudó a financiar la filmación como exhibición de su propio trabajo), suministra una información no verbal. Por ejemplo en el segundo episodio la madre Charlotte Rampling, fría y elegante y su hija Tim (Cate Blanchet), llevan blusas del mismo color rojo, mientras que Lilith (Vicky Krieps) usa una blusa roja que queda en parte oculta por una camisa de azul claro desabrochada. En este segmento se utiliza una luz cálida.
En cambio en el primer episodio “Father” con el actor casi icónico y amigo del realizador Tom Waits, utiliza un tono más humorístico, despliega una luz fría y muestra por primera vez el uso de colores como un elemento común en los tres capítulos, rojo, morado y azul. Creando una atmósfera en la cual se sostiene la tensión y la vergüenza, de modo tan hipócrita y absurdo que finaliza esclareciendo al espectador: como siempre las apariencias engañan.
El guionista y director Jarmusch ha llamado a Father Mother Sister Brother, que escribió en tres semanas, una “película anti-acción “, pero si se la mira con suficiente atención y en sintonía con su sensibilidad de película de entorno familiar, tiene más acción que la mayoría de las películas de acción genuinas, incluso cuando gran parte de la acción aquí está fuera de la pantalla, bajo la superficie, no dicha, en el “orden plegado”
Jim Jarmusch no busca un realismo documental, sino una armonía estética puntuando la calma de sus escenas con destellos vibrantes. Por eso Jarmusch considera la casa o el departamento como un objeto, donde se revela una adhesión, innata, podría decirse, a la función primera de habitar. Según Gastón Bachelar: “Debemos preguntarnos cómo habitamos nuestro espacio vital, cómo nos enraizamos, día a día, en un “rincón del mundo, es nuestro primer universo, es realmente “un cosmos”.
Todo espacio realmente habitado lleva como esencia la noción de CASA. Y es entonces que el ser amparado, protegido sensibiliza los límites de su albergue, vive la casa, en su realidad y en su virtualidad, con el pensamiento y los sueños. Son los sueños (les rêves) de las diversas moradas de nuestra vida los que guardan los tesoros de los días antiguos y es cuando nos reconfortamos reviviendo recuerdos de protección y evocando los recuerdos de la casa sumamos valores de sueño (de rêve), somos entonces un poco poetas.
Es en los poemas, tal vez más que en los recuerdos que llegamos al fondo poético del espacio de la casa. Si nos preguntamos, ¿cuál es el beneficio más preciado del espacio de la casa? Podemos responder que La casa: alberga el ensueño, protege al soñador, y nos permite soñar en paz. Entonces, los lugares donde se ha vivido el ensueño, se restituyen por sí mismos en un nuevo ensueño. La casa es el primer mundo del ser humano. El hombre es puesto en la cuna de la casa y siempre en nuestros sueños, la casa es una gran cuna. La vida comienza encerrada, protegida y tibia en el regazo de la casa. Cuando se sueña en la casa natal se participa del calor primero y en ese ambiente viven los seres protectores”.
Jim Jarmusch es un poeta cuya escritura es el cine, y la pantalla que proyecta su visión del mundo nos permite soñar, analizar y hacer una introspección de nosotros mismos paralelamente con los personajes. Es un poeta que nos lleva tras el viento de su imaginación para resolverlo no se trata de considerar a la casa como un objeto, tampoco se trata de describir casas, al contrario, hay que traspasar los problemas de la descripción (objetiva o subjetiva) para llegar a las virtudes primeras, a aquellas donde se revela una adhesión, innata, podría decirse, a la función primera de habitar. Debemos preguntarnos cómo habitamos nuestro espacio vital, cómo nos enraizamos, día a día, en un “rincón del mundo”. La casa es nuestro rincón del mundo, es nuestro primer universo, es realmente “un cosmos”. Vista y más aún mirada íntimamente, la vivienda más humilde, ¿no es la más bella? Los escritores de la “habitación humilde” evocan a menudo, ese elemento de La poética del espacio. Pero esta evocación, puede resultar sucinta, no hay mucho para describir de la humilde vivienda, caracterizan la habitación humilde en su actualidad, sin vivir su calidad primitiva, calidad que pertenece a Es en los poemas, tal vez más que en los recuerdos que llegamos al fondo poético del espacio de la casa. Si nos preguntamos, ¿cuál es el beneficio más preciado del espacio de la casa? Podemos responder que La casa: alberga el ensueño, protege al soñador, y nos permite soñar en paz. Entonces, los lugares donde se ha vivido el ensueño, se restituyen por sí mismos en un nuevo ensueño. La casa es el primer mundo del ser humano. El hombre es puesto en la cuna de la casa y siempre en nuestros sueños, la casa es una gran cuna. La vida comienza encerrada, protegida y tibia en el regazo de la casa. Cuando se sueña en la casa natal se participa del calor primero y en ese ambiente viven los seres protectores.
Todos, ricos o pobres, si aceptan soñar. Todo espacio realmente habitado lleva como esencia la noción de casa. Y es entonces que el ser amparado, protegido sensibiliza los límites de su albergue, vive la casa, en su realidad y en su virtualidad, con el pensamiento y los sueños. Son los sueños (les rêves) de las diversas moradas de nuestra vida los que guardan los tesoros de los días antiguos y es cuando nos reconfortamos reviviendo recuerdos de protección y evocando los recuerdos de la casa sumamos valores de sueño (de rêve), somos entonces un poco poetas. La casa tiene su propia maternidad. Y el poeta sabe muy bien que la casa sostiene a la infancia en sus brazos.
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(Reino Unido, Estados Unidos, Italia, Francia, Irlanda, Alemania, 2025)
Guion, dirección: Jim Jarmusch. Elenco: Tom Waits, Adam Driver, Charlotte Rampling, Cate Blanchett, Vicky Krieps, Sarah Greene. Producción: Charles Gillibert, Carter Logan, Atilla Salih Yücer. Duración: 110 minutos.








