A LO MEJOR, LA DESNUDEZ
Por donde miremos El diablo viste a la moda (2006/2026) atrae. Sus tonos, perspectivas e interpretaciones enriquecen la dificultad femenina para desnudarse. Andrea Sachs, Miranda Priestly y Emily Charlton sugieren intimidad más con sus caras.
Aquí la desnudez significa la expresividad del erotismo físico y el emotivo¹. Lo camaleónico² en el vestuario es la respuesta simbólica a la complicidad entre personajes. Así avanzan sobre ese obstáculo apelando a nuestra empatía.
Ahora Sachs (Hathaway) vuelve a su primer laburo luego de que todo su departamento editorial es despedido por SMS, mientras están en una ceremonia de premiación. Tal noticia dispara el dilema central. Con qué finalidad escribe Andrea: para clicks en plataformas sociales, salvarle el pellejo a su antagonista (Streep) o para la publicidad que sostiene la sombra de lo que fue Runway.
Ágiles en tiempos críticos, el dúo cambia de pieles múltiples veces durante ambas obras. De todas maneras, nunca las vemos totalmente desnudas frente a alguien más ni a solas. En las escenas que Sachs ‘debería’ estarlo, las sábanas la cubren en gran parte. Mientras, su pareja de cama mínimo muestra su torso. A cambio del despojo metafórico que demandaría por ejemplo el oficio literario; Andrea se camufla entre distintas funciones en publicidad o investigación.
Estas películas han citado referencias actuales sobre la precariedad laboral sin arriesgar comicidad y mal gusto intencionado. La primera fue estrenada dos años antes de la debacle financiera mundial. También por esto ver una historia sobre los cambios durante dos décadas de este siglo enlaza un hito en áreas distintas a la moda o el periodismo.
Por su parte, Meryl complejiza sus gestos para Priestly teniendo en mente a Clint Eastwood y a Mike Nichols. A través de sutiles movimientos, ella borda la manipulación como supervivencia en una vorágine de cambios tan inmediatos que pronto quizá se pierdan en scrolls y swipes. Se está quedando atrás también su gestualidad. Ella lo sabe y lo viste, por ejemplo, en la escena de la reunión con el nuevo dueño. La estética planteada por la vestuarista Molly Rogers muestra a otros personajes haciendo el amago de ahorcarse con sus vestidos. Decisiones así suman matices irónicos a una historia con final rosa.
El autoengaño en la sonrisa final de Anne dura menos, eso sí. La guionista Aline Brosh McKenna aprovecha el periodismo investigativo para temas más ligeros que clásicos cinematográficos en la materia³. Manteniendo su urgencia, entrama problemáticas sobre la exponencial incertidumbre de nuestra realidad. Tal acierto hace postiza la jugarreta final por parte de Sachs y Priestly, sea una ilusión “por dos años más”.
Que nos aliente el escapismo ofrecido por la luminosa Hathaway, la avispada Streep, la amistad de Andy y Lily (Tracy Thoms), el ping pong entre el cuarteto principal… como el mejor cine, ellas interpretan, dicen y avanzan justo a tiempo. Y así que pasen veinte años. Ojalá veamos atentos todo el gasto tras el ‘amor laboral’ expresado por Streep en sus últimas miradas. A lo mejor entonces, cuando Andrea escriba la biografía de Miranda, sintamos que sí sabe despojarse a solas, como lo han hecho ambas junto a sus colegas.
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¹ Entre otros, este texto cita en parte la simbología inagotable en la desnudez.
² Tal analogía zoológica funciona solo en ciertas subespecies y por el cambio de piel. De resto, el comportamiento quieto de los camaleones difiere de cómo es Andrea.
³ Todos los hombres del presidente y Spotlight por mencionar algunas obras corales.
(Estados Unidos, 2026)
Dirección: David Frankel. Guion: Aline Brosh McKenna, Lauren Weisberger. Elenco: Meryl Streep, Anne Hathaway, Emily Blunt, Stanley Tucci, Kenneth Branagh, Justin Theroux, Lucy Liu. Producción: Wendy Finerman. Duración: 119 minutos.









