Hay muchos
Para luchar y oponerse
¿Para qué perder el tiempo?
Peleando contra la gente que te gusta
Quienes caerían defendiendo tu nombre
Oh, no te avergüences tanto
de tener amigos
Morrissey – Hold on to your friends
La corte festivalera
En uno de sus ensayos, que por aquí seguramente ya hemos citado más de una vez (sepan disculpar sufridos lectores), el escritor Guy Talese contaba la historia de un referí de boxeo que era el mejor -por lejos- en su profesión, pero para lograr eso se alejaba del mundo que tanto amaba y así, evitando amistades peligrosas (agentes, managers, periodistas) y otras tentaciones mundanas, podía realizar su verdadera tarea: ejercer justicia dentro del ring.
El mundo del cine, que bien podríamos compararlo con el del deporte (pero ¿de qué tipo, uno de equipo o uno de individualidades?), no permite esa forma de comportamientos. O mejor dicho, nadie quiere ocupar ese lugar del sufrido personaje del párrafo anterior. Les cuento esto para, ahora sí, poder continuar con las crónicas desde la ciudad de Jeonju y su admirable festival de cine. Tenganme confianza y no me suelten la mano, como verdaderos amigos, ya que la amistad, como se habrán dado cuenta, es el tema de hoy.
Luego del triunfo (unánime según el presidente del jurado Mark Peranson) de la dupla de directores cordobeses Salinas / Sonzini, dos amigos, con su notable La noche está marchándose ya, los festejos terminaron en el coqueto bar llamado Semicolon, que es el punto de encuentro no oficial del festival. Ahí ya se encontraban acodados un par de visitantes ilustres del festival quienes, como corresponde, felicitaron a la dupla. Uno de ellos, programador de uno de los lugares más importantes en el terreno de los festivales de cine mundiales de la actualidad, no tardó en dejar en claro cuánto le gustaba la película, pero que lamentablemente no la había podido programar en los muchos festivales para los que trabaja. Esto es algo que ocurre mucho últimamente. Los programadores de los grandes festivales son cada vez más personas que recomiendan títulos y no tanto quienes definen el perfíl o estilo de un festival. Pero como se trata de trabajos importantes y que les otorgan un lugar de, casi, celebridades, no les interesa llevar la sangre al río y discutir por las películas que ellos creen importantes. Entonces ocurre que sus gustos son siempre mejores, y más sofisticados, que la programación de los festivales en los que participan. Por otra parte, al trabajar para festivales que programan esas películas malas, no se van a ocupar de criticar a esos títulos a través de sus escritos, y ahí se crea una especie de trampa sin salida. Es decir, entre amigos críticos / programadores (o viceversa) no se andan pisando el poncho.
Por dar un ejemplo más concreto, lo siento pero hay que dar nombres, la Quinzaine des réalisateurs es un lugar que cuenta con un equipo notable de programadores y críticos en su equipo de selección, y sin embargo, año tras año su programación sólo puede ser aplaudida en comparación a la Selección oficial de Cannes y su desfiles de películas con elefantiasis. (Claro que, al final, siempre cuentan con algunos títulos notables, pero del resto ya nadie se acuerda un año después).
Menciono a la Quinzaine como ejemplo, de la misma manera que podría referirme a la Berlinale, San Sebastián o Venecia. Pero ya que estamos, aprovecho para contar una vieja anécdota de uno de los ex directores de dicho evento quien, durante un almuerzo organizado por el festival de Locarno años atrás, comentaba muy suelto de cuerpo como ya no se podía programar cierto tipo de películas (buenas) porque con esas películas no se podía llenar una sala tan grande como el Théâtre croisette. (Agrego, para completar el chisme, que esa persona es alguien aún muy respetado por nuestro mundillo y que sigue consiguiendo trabajos muy bien remunerados.)
Es que el mundillo de los festivales, y la crítica aunque en menor medida, es una corte de vanidades en la cual hoy nadie quiere ser quien lleve la contra o se oponga a lo que opina la mayoría. Algunos sí lo hacen, claro, pero de una manera tibia y por eso los programadores terminan siendo administradores de películas y felicitando a directores a los que, finalmente, nunca programaran en sus festivales. Es decir, somos todos amigos, pero si a mi jefe no le gustan las películas que a mí sí, bueno, siempre habrá otras películas.
Pero volvamos a Jeonju ya que Cannes nunca aprenderá.
Hace unos días se entregaron los premios y para quienes hayan seguido estas crónicas (esos tres, quizás cuatro amigos), ya sabrán que ganaron los buenos. Y aunque históricamente nos toque estar del lado de los perdedores, esta vez las cosas fueron diferentes y el notable jurado eligió, casi, todas las películas buenas de la competencia internacional. Alguna quedó en el camino, pero ya sabemos que todo no se puede. Pero lo más notable, y aquí volvemos al tema de la amistad, fue que desde el principio del festival el grupo de los directores buenos estuvieron por un lado mientras que los malos (directores) iban por otro. Como si una fuerza invisible los separara y los llevará por diferentes direcciones. Y así uno veía esos dos grupos separados recorriendo las callecitas de la ciudad, tomando cafés o cenando, quizás sin darse cuenta de por qué estaban en ese grupo y no en el otro. Misterios de la amistad y el cine.
Aquí debería explicar cuál es mi lugar en todo esto, y no me queda otra que volver al principio y a la imagen del solitario referí de boxeo. Que aunque no sea del todo cierta, es como me gustaría que me imaginen ustedes, mis queridos lectores, escribiendo estas crónicas, solo, en un café de una ciudad que ya empieza a vaciarse de gente y volver a su apacible vida.
Esta crónica quedó bastante breve y casi no hablamos de películas. Prometo una próxima entrega final (con el festival ya terminado, sepan disculpar), con un resumen de todo lo ocurrido y en donde hablaremos, finalmente, del cine coreano, del cine argentino y su sorprendente historia con este festival, de los documentales “ricos” y los documentales “pobres”, del futuro y presente del Jeonju Cinema Project (recién salgo de la proyección de la ganadora de ese premio de hace dos años pero que recién se estrena: Body in Plural de Marta Popivoda, que para mi sorpresa resultó muy buena), de los críticos que se hacen los sofisticados cuando viajan a países lejanos pero después igual les gusta Sirât (¿otra vez Sirât?, perdón, ando corto de ejemplos), de las películas de artistas y sus diferencias con el cine y de algunos otros temas que me ocurran en estos pocos días, horas apenas, que quedan del querido Festival Internacional de Jeonju.
Le agradezco la atención. Nos vemos pronto.










