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Cine

Ojos extraños (Stranger Eyes)

When I’m in the shower

I’m afraid to wash my hair

‘Cause I might open my eyes

and find someone standing there

OJOS DE VIDEOTAPE

Ojos extraños comienza con una premisa que, no por transitada, resulta más angustiante. A través de imágenes de video hogareñas, se abre una ventana hacia la vida familiar de Junyang (Wu Chien-Ho), Peiying (Anicca Panna) y su bebé, la Pequeña Bo (Anya Chow). En un parque, la joven familia disfruta y se ríe. Inmediatamente, aquellas imágenes devienen archivo de una felicidad pretérita: el video se congela, se rebobina, se fragmenta y, finalmente, desaparece en la mirada del padre, en un departamento de tonos fríos donde la madre y la abuela (Vera Chen) acompañan un duelo en suspenso. Siguen buscando a Pequeña Bo, desaparecida durante un momento de distracción en los juegos infantiles.

Pero al singapurense Yeo Siew Hua no le alcanza con el relato de la búsqueda de la hija perdida. En uno de los tantos retorcimientos que tendrá el relato a lo largo de dos horas, la pareja empieza a recibir inquietantes DVS’s con grabaciones de su vida privada: alguien los mira. ¿Tendrán esos ojos sin rostro algo que ver con la desaparición de Pequeña Bo, o se trata de un perturbador encadenamiento de casualidades?

Este segundo punto de partida remite invariablemente a Caché, esa gran película de Michael Haneke en la que una pareja se resquebrajaba bajo el peso de un voyeur que parecía conocer muy bien sus miserias y secretos. Stranger Eyes ensaya una reescritura de Haneke, sí, pero su abordaje le debe mucho más a Hitchcock que al director austríaco. El erotismo tabú de saberse observado, los cambios de punto de vista y las ocurrencias humorísticas llevan a Ojos extraños de a un terreno menos analítico que el de Haneke y buscan el virtuosismo narrativo del genio inglés.

Obviamente, cuanto más alto el estándar más arduo el desafío. Por momentos, el ritmo de Stranger Eyes se debilita bajo el deseo de sorprender; por otro lado, su empeño por mantenernos cautivos sin facilismos resulta siempre encomiable y, casi siempre, satisfactorio.

No contento con ofrecernos un vuelo lleno de sobresaltos, Yeo Siew Hua logra aterrizar con gracia. El último plano resulta una síntesis perfecta de las inquietudes temáticas que despliega a lo largo de la película, en la cual el mirador y el mirado se alternan y disuelven. Asumir el rol de voyeur encierra un riesgo: el de permanecer eternamente ahí, como una puerta que se abre de un solo lado. Tal es el lugar que le corresponde al creador de cine que, desde la seguridad de un monitor, construye y destruye los mundos.

(Singapur, Taiwan, Estados Unidos, Francia, 2024)

Guion, dirección: Siew Hua Yeo. Elenco: Chien-Ho Wu, Kang-sheng Lee. Producción: Stefano Centini, Jean-Laureant Csinidis, Alex C. Lo. Duración: 125 minutos.

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