UN CAPÍTULO DE TV DE 2 HORAS Y 12 MINUTOS.
Star Wars está muerto. Una afirmación fuerte y agresiva para empezar una crítica, pero no porque absolutamente todo lo que está haciendo Disney con la franquicia de George Lucas actualmente sea un desastre. Sino porque, The Mandalorian and Grogu es la primera película de la saga en estrenarse luego del controvertido Episodio IX en 2019, desde entonces han pasado casi siete años y aun así, este nuevo estreno no ha logrado provocar ni una pizca de la emoción que transmitía el simple hecho de escuchar el nombre de la saga.
Dirigida por Jon Favreau, conocido por Iron Man y por ser uno de los productores de la serie, esta nueva entrega funciona como una secuela directa. Trae de regreso al personaje de Dji Darin (Pedro Pascal), más conocido como el Mandaloriano o Mando, acompañado de su fiel compañero Grogu, el “bebé Yoda”. Ambos trabajan para la Nueva República cazando fugitivos del caído Imperio Galáctico, que operan en secreto para retomar el control de la galaxia. Mando recibe la misión de ir en busca de Rotta the Hutt, hijo del cruel Jabba (voz de Jeremy Allen White) y heredero al trono de la familia. Pero Rotta trabaja como peleador clandestino para Lord Janu, un mafioso dueño de la arena de combate, en un planeta que es demasiado similar a Coruscant, para no decir que es una copia. Con el objetivo de entregarlo a los Gemelos Hutt, quienes poseen información sobre el paradero de Coin, un Lord del Imperio muy buscado.
El problema del argumento surge cuando nos enteramos que este film se hizo como reemplazo de la cuarta temporada, algo que se hace evidente viendo la estructura del film. Son cuatro capítulos diferentes que tuvieron que cortar y juntar para llegar a las dos horas de duración y estrenarla en una pantalla grande. Es fácil identificar en qué momento empieza o termina un episodio: primero, Mando y Grogu se infiltran en el planeta Shakari (o Coruscant 2.0) mientras tratan de llevarse a Rotta para entregarlo a su familia; segundo, Mando y Grogu hacen una tregua con Rotta para buscar a Coin, quien Rotta asegura que es en realidad Lord Janu; tercero, Mando es atrapado por los Gemelos Hutt mientras Grogu va en su rescate; cuarto, la batalla final y cierre del arco. Ir cambiando de conflicto es una propuesta interesante, pero todo resulta muy caótico y apresurado. Hay subtramas que quedan sin una resolución o al contrario, que son resueltas demasiado rápido. Incluso, hay secuencias enteras que se pueden quitar y no cambia mucho ¿Cuál era el punto de crear suspenso dramático con Mando entrando en coma tras su enfrentamiento con la serpiente gigante de los Hutt si todo el mundo sabía que iba a despertar?
No voy a negar que el film cumple su función de entretener, pero ¿Por qué eso debería ser un mérito? Star Wars es, desde su primera entrega en 1977, la marca del cine blockbuster. The Mandalorian and Grogu, al igual que los últimos proyectos de la saga, se sienten como contenido hecho únicamente para seguir exprimiendo la franquicia hasta su última gota. Ni siquiera hay color, elemento que era indispensable en la saga, la cinematografía usa ese filtro desaturado de moda en el cine comercial actual. Salvo Shakari, los demás planetas carecen de vida, de color o de emoción. Hasta las nuevas especies son poco memorables; los monstruos que pelean en la arena con Mando y Rotta parecen bocetos diseñados en cinco minutos para ser grotescos y aterradores. El único destacable es la serpiente gigante similar a un dragón del planeta de los Hutt, con un diseño imponente y lovecraftiano, algo nuevo para la saga. La banda sonora de Ludwig Goransson tampoco sobresale, a excepción del tema principal (el mismo de la serie).Las anteriores obras de la saga por lo menos tenían un propósito: las infames secuelas narraban qué pasó después del fin de la trilogía original con Luke, Han y Leia; las hoy reivindicadas precuelas, tienen la intención de explicar el origen de Darth Vader y el pasado de los Jedi. El trabajo de Favreau no es ni una conclusión para la serie ni aporta nada innovador al universo, ni siquiera puedo decir que hay un arco de desarrollo porque no lo necesita, todo el arco de Mando y Grogu ya se vió en la serie. En el inicio parece que Mando volverá a ser el cazarrecompensas que solo vela por el dinero y sus propios intereses que era al inicio de la primera temporada, pero rápidamente los guionistas lo corrigen y lo regresan al héroe desinteresado con sus propios código en el que se había convertido. Es más, las escenas de acción son poco emocionantes y en el peor de los casos, confusas por el uso de la shaky cam y los cortes excesivos.
Un punto a favor es Rotta: tiene su carisma y un conflicto con el que se puede empatizar, pero hasta ahí. El resto de nuevos personajes como la de Sigourney Weaver (ni siquiera voy a decir su nombre), Janu o los Gemelos, solamente aparecen, no generan emoción alguna. Por otro lado, la dinámica entre Mando y Grogu sigue siendo divertida y aun así se siente desaprovechada. Grogu por su parte, es sumamente poderoso o un bebé indefenso dependiendo de lo que diga el guión.
En general, no hay mucho más para hablar, lo cual también es un punto en contra para el film. Hay capítulos de la serie con historias más creativas, mejor dirección, mejor guión, mejor desarrollo de personajes y sobre todo, que generan emociones en el espectador. Al menos, el cameo del personaje de Martin Scorsese es bastante divertido y ver a R2D2 en el fondo del plano aunque sea por unos cuantos segundos, saca una sonrisa a cualquier fanático.
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(Estados Unidos, 2026)
Dirección: Jon Favreau. Guion: Jon Favreau, Dave Filoni, Noah Kloor. Elenco: Pedro Pascal, Sigourney Weaver, Steve Blum. Producción: Ian Bryce, Jon Favreau, Kathleen Kennedy. Duración: 132 minutos.



