Daniel Roher tenía en su haber varios cortometrajes y algunos films del género documental, destacándose Navalny. El relato de la vida y misteriosa muerte (su causa nunca fue develada) del principal opositor de Putin, ganó el Oscar en dicha categoría, correspondiente al año 2022.
El afinador (Tuner) es su primer relato de ficción, logrando mantener al espectador en vilo, aunque sólo durante algo más de la primera mitad de la película.
El sonido es un ingrediente central de la trama, por múltiples razones. Una de ellas es que Niki (Leo Woodall) es un joven hiperacúsico, cuya extrema sensibilidad a los ruidos lo obliga a usar, permanentemente, auriculares.
El lado negativo de su condición auditiva se compensa por ciertas cualidades, entre las cuales el tener un oído absoluto (“perfect pitch”), que le permite reconocer, sin cometer error alguno, cada uno de las notas de cualquier pieza o ejecución musical.
Trabajando junto a Harry Horowitz (Dustin Hoffman), su mentor, en la afinación de pianos, conocerá a Ruthie (Havana Rose Liu). La sorprenderá cuando ella descubra su oído privilegiado, en lo que al inicio le parecerá a la aspirante a compositora musical, una actitud prepotente.
La relación entre ambos jóvenes, previsible, tarda en progresar. Puede considerárselo un hallazgo del guion del film, incluyendo una situación en que un descuido de Niki en su casa, más concretamente en su cocina, dilata el romance. Para ubicar la circunstancia de la escena, corresponde señalar que es el piano (desafinado) de ella, que explica la presencia de Niki.
Uno de los aciertos de El afinador es el casting, particularmente en el caso de Hoffman, del que se extrañan sus notables interpretaciones desde su (casi) debut en 1967 con El graduado, pasando por grandes películas como Perdidos en la noche, Kramer vs. Kramer, Lenny y Rain Man, por sólo mencionar algunas de sus primeras dos décadas de actuación.
El mérito de Roher es haberlo rescatado luego de sus lamentables interpretaciones en las películas de “los Fockers” o más recientemente en la muy fallida Megalopolis. Cercano a los noventa años, el personaje de Harry, significa recuperar al dos veces ganador del Oscar.
Los personajes femeninos están también adecuadamente delineados. El más joven (Ruthie) es interpretado por una promesa norteamericana, aunque de ascendencia china, a la que fruto del azar de la distribución, se la vio recientemente en Letras robadas.
En cambio, el de Marla, la esposa de Harry, está a cargo de la veterana Tova Feldshuh, quien adquirió cierta notoriedad, hace varias décadas, en la serie Holocausto. Es justamente el tema de la “shoah”, el que produce de manera algo caprichosa, un giro en la trama que en verdad ni siquiera es el tema central de la segunda mitad del relato.
El brusco cambio se produce cuando entra en escena Uri (Lior Raz), líder de un grupo de torpes compañeros, que se dedican a instalar servicios de seguridad en ricas mansiones, aprovechando para desvalijar a sus dueños, más concretamente a sus cajas fuertes. En última instancia si se descubre el robo, negarán ser sus autores, que intentarán endilgar al personal doméstico. Niki cae casualmente en una de esas lujosas propiedades, coincidiendo temporalmente con los delincuentes, aunque convocado para afinar un piano.
Uri descubre los dotes acústicos de Niki, que le permiten abrir cajas fuertes, y al enterarse de que el joven está endeudado pues el tío Harry, ahora internado, no puede pagar la obra social, le ofrece un trabajo bien remunerado. Bien puede afirmarse que “la necesidad tiene cara de hereje” y lo que al principio parece funcionar muy bien, pronto se revela engañoso.
El film transita hacia el thriller, donde se mezclan bandas asiáticas y ajustes de cuentas. Para Niki, el progreso económico es acelerado, sorprendiendo a Marla que logra pagar la internación de Harry. En cambio, el hermetismo de dicha ocupación provoca un distanciamiento con Ruthie, quien sospecha que su pareja ha elegido el camino equivocado.
Lo que termina de hundir al relato es la aparición de Marius Maissner (Jean Reno), un genio musical en procura de una asistente y donde Ruthie ve la gran oportunidad de su vida. Siendo la familia de Maissner una víctima del nazismo, ciertos objetos descubiertos de manera casual en una caja fuerte, harán que se pierda totalmente la verosimilitud del argumento. Y que el cierre del film lo acerque al temido “final feliz”, que la obra no merecía.
En tren de rescatar valores de la película, se podría elogiar la banda sonora con fuerte impronta jazzística y obras de Count Basie y Herbie Hancock (cameo que se agradece). y las composiciones del inglés Marius De Vries (La La Land, Moulin Rouge), acompañado aquí por Will Bates. El otro elemento ponderable es la fotografía (Cinematography) de Lowell A.Meyer, que jerarquiza cierto planos y ángulos de filmación nada convencionales.
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(Canadá, Estados Unidos, 2025)
Dirección: Daniel Roher. Guion: Daniel Roher, Robert Ramsey. Elenco: Leo Woodall, Dustin Hoffman, Alison Richmond-Peck. Producción: Michael Heimler, Teddy Schwarzman, JoAnne Sellar, Lila Yacoub. Duración: 107 minutos.









