Andrea Giunta formula una hipótesis en su libro Contra el canon en el que desarrolla la idea de vanguardias simultáneas. En líneas generales, plantea que después de la Segunda Guerra Mundial deja de existir un modelo de centro y periferias donde las vanguardias nacen en Europa y luego se aggiornan en distintas partes del mundo, sino que este proceso se descentraliza y se da en simultáneo. Es decir, a partir de la década del cincuenta, los nuevos movimientos artísticos empiezan a surgir a la par en diversas partes del globo terráqueo. El ejemplo más paradigmático es el del happening, que aparece al mismo tiempo en Argentina, Nueva York y París. Algo parecido sucede con la revista Tiempo de cine. Mientras que por mucho tiempo existió la lectura simplista de que era una Cahiers du Cinema porteña, el libro de Daniela Kozak viene a demostrar que su riqueza no se circunscribe a ser solo una publicación por el estilo.
La mirada cinéfila. La modernización de la crítica en la revista Tiempo de Cine es un ensayo rescatado por Taipei Libros que explora e investiga una de las revistas argentinas especializadas en cine más importantes del siglo XX. Creada a partir de una iniciativa del Cine Club Núcleo, Tiempo de cine fue una publicación que se desarrolló entre 1960 y 1968 de la que salieron unos 23 números. Allí se discutían ideas, filmes, movimientos, todo lo inherentemente cinematográfico del momento. Allí colaboraron distintos referentes de la crítica que más tarde se volverían figuras míticas, como Salvador Sammaritano, Víctor Iturralde, José Agustín Mahieu, Mabel Itzcovich o Edgardo Cozarinsky. La revista resultó ser una pieza fundamental en la historia de la profesionalización del oficio, ya que de alguna manera abrió el proceso hacia una especialización y consolidación de la crítica de cine en nuestro país. Por ende, Tiempo de cine fue pionera en la materia. Aparecía a la vez que otras publicaciones similares como la Cinema Nuovo en Italia, Sight & Sound en Inglaterra o la ya citada Cahiers du Cinema.
Daniela Kozak es periodista, editora e investigadora especializada en cine. Es coautora de libros como Más allá de la estrella. Nuevas miradas sobre Hugo del Carril (Autoría, 2021) y La imagen recobrada. La memoria del cine argentino en el Festival de Mar del Plata (Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, 2015). Cuando hablamos de que este libro es un rescate de la gente de Taipei, es porque originalmente fue publicado en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata del 2013. Por supuesto, su tirada fue agotada en aquella misma edición y por mucho tiempo el texto estuvo invariablemente inaccesible.
El libro consta de seis capítulos en los que se abordan las diversas aristas del desarrollo de la revista a lo largo de la década del sesenta. Además posee un prólogo escrito por David Oubiña y un jugoso anexo donde se compilan algunas editoriales, críticas y notas representativas de la publicación. En este sentido, la investigación de Kozak resulta clave en el esclarecimiento, no sólo de la historiografía del cine, sino también del periodismo, con el aporte de herramientas bibliográficas y teóricas que piensan el devenir de la crítica de cine nacional. Lo que hace la autora es poner luz sobre un período no tan estudiado ni muy conocido.
Después de una introducción donde se plantean los objetivos y alcances, el primer capítulo denominado El cine moderno empieza a indagar en las posibilidades de existencia de una revista por el estilo en los comienzos de un nuevo cine que empezaba a surgir en distintas partes del mundo. Allí se problematizan los cambios surgidos en la industria cinematográfica de posguerra que generaron la aparición de nuevas olas más proclives a la experimentación y lo artístico. Por supuesto, esto no solo conlleva una modernización cultural sino que también posibilitó la aparición de los cineclubes que fueron soporte de esa novedad. En la Argentina, el proceso no fue muy distinto que el de otros lares. La relación era recíproca: la revista Tiempo de Cine surge con la necesidad de profesionalizar el oficio de la crítica de cine y además, la generación del 60’ necesitaba de una publicación por el estilo que esté a la altura de sus problemáticas y búsquedas. Una necesitaba de la otra. Se complementaban, ya que varios de sus protagonistas iban y venían entre el cine y la crítica, como el caso de Simon Feldman o Mabel Itzcovich.
Luego, en La crítica de cine en la Argentina se propone un extenso corolario donde se analizan las revistas especializadas anteriores a Tiempo de Cine en donde se pueden ver las rupturas y continuidades en torno a la crítica cinematográfica. Un estudio pormenorizado de publicaciones que van desde Radiolandia a Gente de cine donde se enarbolan distintos puntos de contacto que luego harán implosión en la revista del Cineclub Núcleo. Esta investigación se profundiza aún más en el capítulo siguiente llamado Los sesenta en Tiempo de cine, en el cual se trabaja, no solo la postura intelectual en la cual se afirman aquellos textos, críticas y reseñas en torno al séptimo arte, sino también la comparación con otras publicaciones programáticas del período que se presentan de la misma manera frente a sus objetos de estudio. Es un verdadero hallazgo de Kozak realizar un paralelismo con otras publicaciones del período, como Contorno o Ver y Estimar, ya que ambas persiguen motivos similares por otros caminos.
Antes del epílogo, en el cual confluyen las conclusiones de la investigación, nos encontramos con un capítulo apasionante bajo la etiqueta de La batalla del cine. Allí se analizan las problemáticas y luchas que se daban alrededor de la revista: los conflictos generados por las calificaciones A y B que promovió el Instituto Nacional de Cinematografía creado en 1957, la delimitación y segmentación de lo que después se llamó la generación del 60’ a partir de un diccionario de cineastas, el problema de la censura oficial, la profesionalización desde el amateurismo y mucho más. Tiempo de Cine sirvió de barricada, no solo para sus críticos, sino también para sus jóvenes directores. Era un espacio de lucha y expansión, como lo es cualquier vanguardia.
Por último, resulta interesante examinar cierta analogía con nuestro presente que pueda aflorar a raíz de esta reciente edición y por lo tanto, la vuelta a ciertos textos de época. En el editorial del segundo número, que se conoce bajo el título de Crisis 1960, Salvador Sammaritano, fundador del Cineclub Núcleo y la revista, escribe: “Los miembros del Directorio del Instituto de Cinematografía deben tener idoneidad, proteger al cine argentino, crear la Cinemateca Nacional, el Centro Experimental, fomentar el cortometraje, (…). Y los miembros del Instituto no tienen idoneidad cinematográfica, no protegen al cine argentino frente a los exhibidores -los temen-, no fundan la Cinemateca Nacional, ni el Centro Experimental, ni fomentan el cortometraje”. ¿Acaso la comunidad del cine argentino no podría hacerse eco de estas palabras hoy mismo, en el 2026? Como se dice en las ficciones, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia.
En algunas partes del libro, como parte de una narrativa de la crítica de cine sesentista, aparece la figura del Fénix, que fácilmente se la puede alinear a la historia del cine argentino. Alberto Fischerman, a propósito de su cortometraje La quema, declara: “He pensado que en la quema se producen, como en el mito del ave fénix, el cotidiano acto de la destrucción y la recuperación. ¿Por qué va a ser menos el Riachuelo que el Nilo?”. Ese es el punto nuclear en la obra de Daniela Kozak: ¿Por qué sería menos Tiempo de Cine que Cahiers du Cinéma? La mirada cinéfila, un ensayo exquisito por donde se lo mire, viene a dar esa respuesta.










