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Cine

Crítica de “A metros de distancia”, film dirigido por Tadeo Pestaña Caro

DESCONEXIONES

A metros de distancia es una película que tiene una muy clara imagen del mundo que describe y su urgencia. Sin embargo, padece por momentos abstracciones y arbitrariedades que la vuelven una obra dispar, con cierto desequilibrio en la estructura narrativa. En bruto, hay algunos elementos interesantes y bien ejecutados; también hay otros que resultan poco inspirados y cansinos. Pero el problema se hace más evidente sobre todo en el balance del ritmo general de la película, notoriamente partido entre segmentos que funcionan y segmentos que van a contramano del pulso narrativo.

Santiago es un joven que habita un mundo donde la calidad de la vida social y su dinámica han sido fuertemente trastocadas por las redes sociales y el mundo digital. Para nuestro protagonista, esto se traduce en un trabajo en un call center donde todos hablan y nadie interactúa, y una obsesión con construir y buscar la experiencia en el mundo real desde un filtro y una forma de ser y ver propia de internet y las consecuencias de este y su progresiva intromisión en la vida cotidiana.

Es difícil entender qué sucede con Santiago, porque no es un personaje del que sepamos bien qué quiere. Este mundo intervenido y reinterpretado por costumbres, hábitos y permisiones propias de la contemporaneidad, algunas de la vida o del tiempo en internet pero muchas otras interviniendo directamente en la forma de relacionarse interpersonal y socialmente. Esta forma de habitar el mundo desde la vida virtual, en una metrópoli contemporánea como Buenos Aires nos deja un personaje alienado en sus objetivos, deseos, pretensiones: tiene un trabajo que lo hastía y apenas da un pasar, y no sabemos qué busca en la vida. Estudia, pero desconfiamos dado que varía la información que Santiago da a las personas a lo largo del film; desde el racconto de una falsa cita a una amiga, a las mentiras que en citas inventa sobre sí y sobre excusas para lo que hace o la dirección que da a su vida.

En esta línea, desde este lugar, es entendible la distancia con la que Max Suen interpreta al personaje, a quien por momentos no le creemos, quien parece impostar demasiado a propósito.

El problema que surge aquí, trazadas estas líneas de tema, atmósfera, tono y mirada de mundo, es que entre esa distancia excesiva de la actuación y del personaje y la ambigüedad propia de un guión cuya estructura narrativa es errante, el film se vuelve críptico, monótono, anticlimático, sospecho no como un efecto producido y buscado sino como un resultado del desajuste.

Pasando en limpio lo apuntado: aquella urgencia sobre la contemporaneidad, la sexualidad, las relaciones interpersonales y el mundo virtual (las llamadas redes sociales, hoy más que nunca “redes” como en la pesca se usaría el término) cuyos efectos alienantes desgastan y desconfiguran los matices del mundo real es sensible en el film y está construida hasta cierto grado. Pero los “saltos de púa” que pega la película en cuanto a tono y narrativa dificultan afincarse en ella: el principio nos presenta a Santiago y al mundo digital en que se mueve, y la relación que de allí deriva con personas reales y con experiencias reales. A la deriva con él, conocemos un poco más de su vida, su trabajo, sus amistades, su máscara: miente sobre faltar a la universidad, miente sobre llegar tarde al trabajo. Santiago es inaccesible; la película logra retratarlo pero no sin antes caer ella misma por momentos en un terreno oscuro y difuso.

Para la secuencia final, y para la construcción narrativa que hace el film del boliche gay, aquella alienación (fuera de tono en su vida cotidiana pero fuera de tono también en la vida a la que quiere acceder, teniendo que robar una prenda de alguien más como camuflaje para ingresar al boliche del que lo rechazan varias veces) que Santiago busca domar y eludir se hace manifiesta de forma fragmentaria, oscura, peligrosa: una situación de cuidado con lo que deseas.

Narrativamente, la suerte en la historia de Santiago están echados: escapará llorando de un trauma al que no puede dar la vuelta para reiniciar el ciclo al día siguiente, cerrando el film con la llegada de un nuevo mensaje de ligue por Grindr al celular de Santiago.

La película cierra su concepto y sus ideas. Pero hay un terreno medio entre esa presentación de personaje ambigua y el cierre que nos lleva a esa frontera deseada donde empero habita el monstruo, que pierde consistencia girando por zonas de comedia y coming of age bien ejecutadas más extrañamente adosadas a sus partes previas y siguientes.

El resultado final es una película con claras premisas e ideas pero con un recorrido entre ellas más bien confuso y contraproducente, quedando el espectador al final en una situación de ciclo sin cierre similar a la de Santiago.

(Argentina, 2025)

Dirección: Tadeo Pestaña Caro. Guion: Tadeo Pestaña Caro. Elenco: Max Suen, Jazmín Carballo, Esteban Kukuriczka, Débora Nishimoto Producción: Malena Suárez. Duración: 89 minutos.

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