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Festivales - SAN SEBASTIÁN

#74SSIFF | Crítica de “Glaxo”, film dirigido por Benjamín Naishtat

“Esta es la historia de una traición”, dice la voz del narrador al final del prólogo de Glaxo, en lo que es el presente de la película de Benjamin Naishtat, 1984. Es un prólogo ambientado en un cine de Chivilcoy en el que se proyecta Terminator. Dos personajes discuten sobre la película, que uno de ellos no acaba de entender: la idea de que alguien venga desde el futuro para intervenir en el presente y condicionar así ese futuro (el Terminator de la película de James Cameron, que viaja al pasado para impedir que nazca el futuro líder de una rebelión). Es un prólogo extraño, que funciona mejor como metáfora del cine que de la propia película. Sí, el cine viaja al pasado para reinterpretarlo y proponer nuevas lecturas políticas que influyan en el presente. Si esa es la intención de Glaxo hay que decir que lo hace matando moscas a cañonazos.

Empezando con el primero de los saltos en el tiempo, que vendrán siempre acompañados de un cambio de formato de la pantalla. Ahora estamos en 1956 (y pantalla cuadrada) en plena represión por parte de la dictadura militar en un lugar de la provincia de Buenos Aires. Al frente de un destacamento que secuestra a un grupo de militantes peronistas está un policía, Folcada (Marcelo Subiotto). El episodio de la masacre de estos militantes salpicará el resto del relato inspirado en una novela de Hernán Ronsino. Su finalidad dentro de la película, además de la obvia denuncia política, no parece otra que la de otorgar un marchamo de crueldad y poder omnímodo al personaje de Folcada. Lo mismo sucede con el papel que juega la fábrica de Glaxo que da título a la novela y la película: los jóvenes de la parte central de la historia, que sucede en 1957, aspiran a trabajar en una fábrica que, a largo plazo y por culpa del amianto, supondrá su condena a muerte. La contaminación como metáfora de un país enfermo que solo en 1984 se abría a una nueva esperanza.

Pero esta era la historia de una traición, nos decía el narrador. ¿A qué, entonces, tanta parafernalia? Porque esta es, efectivamente, la historia de una amistad entre cuatro jóvenes de Chivilcoy sin pretensiones políticas y que solo aspiran a no ser reclutados en el servicio militar y poder trabajar en Glaxo. Sus aspiraciones prioritarias son los bailes y las mujeres y la película los retrata con los tonos pastel que el cine estadounidense ha fijado como característico de la década de los cincuenta. A cada época le corresponde un formato y unos colores distintivos, los de 1957 son los de los recuerdos más luminosos. En esos bailes irrumpe una mujer venida de fuera, La Negra Miranda (Lali Espósito), que ha llegado al campo como mujer de Folcada, en una suerte de retiro tranquilo para el policía, alejado de los focos de Buenos Aires.

Los cuatro amigos se sienten atraídos por está mujer de pasado dudoso y que irrumpe como un torbellino. “Le gustan los pendejos”, dicen de ella, que de los cuatro amigos acaba eligiendo al más aniñado, Miguelito (Joaquín Bonadeo). Primero como instructor de caballos, luego como amante con el que se reúne en un hotel de Buenos Aires. Miguelito no es más que un títere en manos de La Negra Miranda y después en las de Folcada, cuando este descubre que su mujer tiene un amante. Es a partir de este momento cuando se desatan los hechos que han de conducir a la traición.

Decía que Naishtat mata moscas a cañonazos. Dentro de la historia de esa traición, ¿era necesario mostrar la implicación de Folcada en la represión de 1956? En el marco de una dictadura, los hechos que desembocan en la traición parecen una nimiedad (un asesinato frente a cientos) y el proceso que lleva a Miguelito a perder su inocencia aparece enmascarado por otros temas sin duda más importantes (la dictadura, Glaxo). Y esa importancia se la confiere no la historia que narra la película, sino una estructura que convierte en anecdótica su trama central y que relega a los jóvenes protagonistas (las víctimas) a un papel un tanto secundario. Naishtat desprecia la progresión dramática (un proceso de conocimiento, en definitiva) inclinándose por la estrategia del puzle en la que la mano del cineasta, cual deus ex machina, esconde y desvela a su antojo los entresijos de la trama. La puesta en escena convertida en un mero juego de prestidigitación.

(Argentina, Brasil, 2026)

Guion, dirección: Benjamín Naishtat. Elenco: Lali Espósito, Marcelo Subiotto, Esteban Bigliardi, Esteban Lamothe, Alan Sabagh. Producción: Benjamín Domenech, Santiago Gallelli, Berta Marchiori, Matías Roveda, Rodrigo Teixeira. Duración: 106 minutos.

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