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Festivales - NEW YORK

#NYFF64 | Crítica de “What Can’t Be Mentioned”, film dirigido por Dan Sallitt

MEJOR NO HABLAR DE CIERTAS COSAS

Dan Sallitt es un director con un estilo propio y marcado, pero cuyos rastros podemos seguir a estilos y expresiones cinematográficas que no son las usuales para un director norteamericano. Mientras que la tradición de cine norteamericana suele apostar por narrativa y puesta en escena de un despliegue más clásico, grandilocuente, simple por lo elaborado, y con un dinamismo que tiende hacia el movimiento, las marcas autorales de Sallitt se deshacen del glamour hollywoodense y del ritmo acelerado de sus obras. En cambio, lo que este director propone es un minimalismo, un estatismo en la puesta en escena, para contar con una retórica simple, frontal, temas complejos y difíciles de taclear; a través de viñetas con situaciones cotidianas, menores, antiespectaculares, Sallitt construye una puesta en escena repetitiva y metódica para trabajar estas historias menos atractivas en su carácter de tales: he aquí entonces su segunda película cuya trama parte del amor incestuoso no correspondido.

La descripción arriba mencionada puede comprobarse en la obra de Sallitt de dos maneras: revisando y hasta organizando un desglose narrativo de las películas, donde las escenas son en su mayoría sucesiones de diálogos de sobremesa, escenas del trabajo de los personajes, momentos de desencuentro y de soledad en el día a día. La serie de peripecias que retrata el film varía poco entre sí y la estructura que la organiza es repetitiva, prácticamente lineal, llevada al límite de la monotonía autómata por una puesta en escena, como ya mencionamos, simple y de poca variación y precisión también.

De poca precisión, porque llega un punto con Sallitt en el que pareciera que la cámara es una especie de ente que irrumpe y está ahí para observar. Y solo eso. Observar. No solo la estructura narrativa, que nunca es cerrada a pesar de ser lineal y repetitiva refuerza esta idea, sino también estas decisiones formulaicas sobre cómo poner la cámara, cómo moverla, la duración de las tomas, los valores de plano, de la banda sonora, del montaje. Escapado de la forma clásica del cine, Sallitt termina por perderse en un estilo sí notoriamente propio, difícil de roer hasta el punto en que la propuesta de naturalismo retórico y narrativo que sus films traen parece terminar siendo una excusa sobre la cual puede reposar la ambigua y poco elaborada película.

Sí, es claro que el film retrata a los personajes separados los unos de los otros; es claro que retrata aquellas situaciones (con una duración de las mismas) que otras películas e historias dejan fuera por convención; es evidente que el foco está puesto en aquello que está y que sabemos que está pero “que no puede ser mencionado”, capturado en una imagen o palabra que le de entidad, límite, que lo encapsule. Pero la evidencia mata el goce. Sallitt programa una puesta que de naturalista y observacional se pasa, para lograr sostener un ritmo dramático potable, tres estaciones hacia el lado de la flojera conceptual y creativa y termina por disolverse en una película que deja en claro que habla de cosas, pero que no logra ser muy clara en cuánto a qué es lo que dice.

Puntos a favor son las actuaciones que soportan las conversaciones infinitas y en momentos impertinentes. Tallie Medel tiene una presencia extraordinaria para los tiempos que corren, dado que no la construye en la escena mediante gritos constantes ni pataleos, mocos y llantos. La expresividad en la mirada de Medel y lo contenido de la actuación para un personaje al que internamente le sucede de todo dan cuenta de una persona con una cualidad actoral extinta: la sutileza.

La duración del film también acompaña, dado que sus extraños 61 minutos muestran a un director consciente del tipo de territorio y cine en que se mueve, y de las limitaciones con las que se puede encontrar. Lo cual nos lleva al punto central en contra: de tanto simplificar, narrar lo cotidiano, concentrarse en lo pequeño, la película se encoje al punto de enfriarse y terminar por ser un plato que llega frío de la cocina. Lo simple de la puesta en escena y de la idea que da título al film termina por serlo demasiado y dar lugar a lo chato y superficial. A veces menos es menos. Y hacia allí tiende esta película, abrazada en su recorrido por el circuito de festivales del corriente 2026.

Dirección: Dan Sallitt. Guión: Dan Sallitt. Elenco: Tallie Medel, Sky Hirschkron, Kit Zauhar, Kyle McCormack Producción: Graham Swon. Duración: 61 minutos.

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