En la escena más erótica Gabriela Bueno y su amante se pistonean¹ en un cuarto de hotel. Su reflexión verbaliza, entre claroscuros, el oficio: voy a casa cuando voy de paso. ¿Cómo refutarle?
Acá ella y otros conductores de rutas son confidentes, orgullosos de lo que hacen. Algo más en ellos supera a lo que se denominaría ‘personajes’. Un indicio superficial de esto se reitera en los créditos finales. Aparecen los nombres de los actores, entendiéndose aquí como quienes interpretan sus propias vidas, y sus acciones principales en las mismas.
Poco a poco múltiples fundidos encadenados afianzan en estas historias una sensación hogareña, intrínseca al cine. Eso abre ritmos y contradicciones. En los planos de Jorge Rojas predominan sombras, capuchas cubriendo rostros, perfiles y posiciones tres cuartos. Acá prevalece más lo callado y lo interrumpido que lo dicho. Incluso la banda sonora trabajada por Xabier Erkizia privilegia el cómo funciona una ruta: reaparecen notas o efectos mientras conducen por sitios identificables solo por dueños de gomerías y choferes.
En lo inabarcable de motores recorriendo cientos, miles de kilómetros; surgen asociaciones a dos obras, entre varias. Por un lado, la edición pasada del festival de Varsovia incluía Chasing the Star, documental sobre camioneros en tiempos pandémicos. En aquel había mucho más diálogo, eran claros los efectos desfavorables de la carretera en la protagonista, el ritmo del montaje era más acelerado. Marise, en cambio, opta por la contemplación, el silencio, complicidades entre conductores y viejas publicidades de camioneros. A favor de esta camaradería, la cámara interviene aquí menos que en la obra de Yuzhu Hao y Yanv Chen.
Por otro, vemos en plano detalle un motor de un camión en funcionamiento. La fotografía metaliza tonos azules. Brevemente, el plano general de Chaplin en los engranajes de Tiempos modernos (1936) viene a la mente. Sea aleatoria la asociación, ahora el humano está ausente hurgando fuera de campo todos los sentidos posibles como lo hacen aquí.
Tales ausencias, por ser dinámicas, hacen sentir la intimidad junto a Bueno, Dolores Guldris y más de veinte camioneros en sus rutinas de pesca, baile, rezos, limpieza, en su sesión de tarot… visualmente la ruta las supera; en el sonido se escuchan cercanas. Y junto a la melancolía o la alegría, algo más permanece, vuelve y se disipa.
Al final, los fundidos tan recurrentes adelantan expectativas ante la obra. Ellos son acordes con la cautela. Para idealizar riesgos y sensaciones hogareñas, mejor decir casa en medio de sombras.
¹ Referencia coloquial del cortejo paradójicamente citada aquí por la decisión aural de incluir motores mientras ella y Leandro Menéndez carburan en el jacuzzi.




