A Sala Llena

Actividad Paranormal, según Florencia Gasparini Rey

Es una paradoja postmoderna que de un film que no me gustó nada, tenga tanto para decir. Tanto que no sé ni por donde empezar. Vayamos por partes. 

 

Capítulo 1. La primera vez. 

Primero, la confesión: sí, cometí un delito. No me aguanté y tuve que ver una copia pirata de Actividad Paranormal. Fue hace casi un mes. Es que me resultaba imposible no hacerlo, sentía que me estaba quedando afuera de un fenómeno mundial. Casi como haber vivido cuando el hombre llegó a la Luna y no haber estado frente a la tele para verlo en directo.

Lo hice. La vi y automáticamente se me dispararon las primeras reflexiones sobre la película. Solo tenía una certeza: la película no me había gustado. Ahora bien, ¿se puede llamar “película” a Actividad…?

Ahí aparece la segunda cuestión: ¿Qué decir de Actividad Paranormal en un sitio sobre cine? Creo que sería más apropiado hablar de un producto así en una web dedicada al marketing. Porque lo que vale de esta película es la campaña publicitaria montada a su alrededor: que Spielberg la vio y le encantó, que se quedó encerrado en su cuarto la noche que la vio, que se filmó con tan solo 15 mil dólares, que cosas “raras” sucedían mientras se rodaba… Y un trailer filmado con nada, simplemente las caras de asombro de los espectadores en la proyección de testeo. Todo eso alcanzó para que el mundo estuviera hablando de esto.

Con inteligencia, alguien que sabe mucho de cine me dijo: “esta película no costó 15 mil dólares”. No, realmente se podría haber hecho con mucho menos, pensaba yo. Pero el quid de la cuestión está en que sí, puede el rodaje haber costado 15 mil dólares, sólo el rodaje, pero el resto de los millones que por lo general Hollywood invierte en la realización de superproducciones plagadas de FX y grandes estrellas, con mucha astucia la gente de Actividad… optó por invertirlo en la campaña de difusión. Entonces el costo real de la película no es de unos pocos miles de dólares sino de los muchos millones que se gastaron en publicitar las opiniones del Spielberg, y hacer que la prensa y la opinión pública mundial estuvieran hablando de este producto. Insisto, de esta manera se puede vender una película, o un auto (¿recuerdan el “Caso Mascherano”?), o un sachet de leche. El “caso Actividad Paranormal” es simplemente otra novedosa estrategia de marketing.

Pero atención, no estoy criticando mal a la película, todo lo contrario. ¡Doble chapeau para los productores! Ojalá el cine argentino aprendiera (y contara con el dinero) para explotar este tipo de ideas, porque no deja de ser brillante: en un momento en el que todos los productores se devanan los sesos buscando la manera de sorprendernos con explosiones, mutantes varios, todo en un 3D súper invasivo, en pantallas de más de 15 metros de altura, Actividad Paranormal puso al mundo a sus pies con dos protagonistas desconocidos, en una casa común, que podría ser la de cualquiera de nosotros, sonido de cámara y un mínimo trabajo de edición. Pero que quede claro: eso no se hace gratis, con lo que una sola película promedio de Hollywood invierte en publicidad, el INCAA financia casi un tercio de todas las películas argentinas que se realizan en un año. 

 

Capítulo 2. Ahora, en el cine. 

Ya está, después de un primer visionado de la película tenía las herramientas suficientes para emitir mi opinión. Es una película clara, sencilla, superficial, no hay mucho más para analizar, no requiere segundas lecturas, ni nada. Y encima muy aburrida, no sentí en ningún momento que cumpliera con mis expectativas ni con un “objetivo” claro desde el guión, no se sabe cual es el tono de la película, porque no llega a inquietar, ni a asustar, ni a impresionar… Nada más lejos de El proyecto Blair Witch –comparación que parecía obligatoria cuando se hablaba de esta película.

Pero no sabía que faltaba más. A pocos días de la función privada de prensa, un mail nos advierte que las copias piratas que estaban circulando no tenían el mismo final que la versión estrenada en el cine. ¡Bingo! La campaña publicitaria funcionaba cada vez mejor. Más aún, cuando se aclara que el final que se ve en cines fue elegido por el mismísimo Steven Spielberg al asumir la producción del film para su estreno comercial.  

Entonces me parecía poco ético de mi parte hacer pública mi opinión sobre una película vista en estas condiciones. Así que me decidí a verla en cines, sabiendo de antemano que, aunque el final cambiara, no iban a variar demasiado mis apreciaciones sobre la misma. Aún así, la volví a ver entera, solo para ver los últimos 6 o 7 minutos. Y la verdad es que mis predicciones no fallaron pero rescato algunos detalles interesantes. El final elegido por el productor estrella es justamente eso: un final de productor. Mientras que la versión “original” de la copia pirata tiene un final contundente y determinante, al final de los cines apenas le falta la típica placa de “Continuará…”. Lógico: hay que asegurarse que el éxito no se agote acá. 

 

A modo de Epílogo. 

Ya está todo dicho. Como producto publicitario, Actividad Paranormal es la película del año, una genialidad, la envidia de todos los productores del mundo. Definitivamente le daría el puntaje mayor.

Pero estamos hablando de cine, y se supone que yo en este site debo hacer eso. Y lo que menos vi en esta “película” fue cine. Solo unas grabaciones caseras que bien podrían ser las que mi mejor amigo hacía a los 15 años acercando un dinosaurio de plástico a la cámara y un personaje corriendo a lo lejos para que el muñequito pareciera una bestia feroz que lo atacaba. Sólo que mi amigo no tuvo la suerte de que a Spielberg le encantaran sus videos (y sí, es entendible, no creo que hubiera querido comprar una película con firmes posibilidades de quitarle el trono de los “clásicos de dinosaurios” a Jurassic Park).

 

 

 

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