A Sala Llena

Amour, según Juan Ferré

¿Qué amor?

Se ha dicho que Amour es el filme más tierno de Haneke y también que es su mejor película hasta la fecha. No me consta que sea ninguna de las dos cosas, pero sí se puede decir que Amour, a pesar de lo dramático del tema que trata y de la crudeza con la que lo filma, es uno de sus filmes más accesibles. Lo que abandona aquí el director alemán es casi todo rasgo de misterio y simbolismo que podíamos encontrar en filmes como Caché (Escondido) y La Cinta Blanca.

Hay un elemento que es esencial a la hora de abordar esta película: se trata de un relato que muestra a una enferma postrada en la cama que ya no puede valerse por sí misma y claramente postula durante el metraje que una vida así no es vida, no vale como tal. Es importante que el espectador que busca una película de su agrado tenga en cuenta esto antes de verla, porque si su opinión no se condice con esta postura, difícilmente pueda encontrar en el filme algo rescatable.

Amour nos cuenta la poco cariñosa historia de una pareja de ancianos que se ve afectada por una grave enfermedad que aqueja a la mujer (una notable Emmanuelle Riva) y progresivamente la va deteriorando. Su marido Georges (un fabuloso Jean-Louis Trintignant) se encargará de cuidarla estoicamente, con mucho esfuerzo y dedicación, aunque sin gestos visibles de cariño. No vemos en este Amour una caricia o un beso, siquiera miradas compasivas. El único momento en que Georges y Anne parecen quererse es cuando él la abraza para ayudarla a llegar a una silla o a un baño y los personajes parecen bailar. Georges cumple con su deber de una manera tan fría como Haneke decide mostrarnos su día a día. El dos veces ganador de la Palma de Oro en Cannes elige nuevamente planos muy estáticos, cortes abruptos, escasez de música extradiegética y, esta vez, decide encerrar al espectador dentro de ese departamento de muchas puertas y pocas habitaciones y no dejarlo escapar en ningún momento.

Es difícil encontrar amor en este hombre que poco a poco va perdiendo la paciencia de tener que cargar con la pesada enfermedad de su mujer, pero no porque sus gestos amables vayan desapareciendo paulatinamente con el progreso de la enfermedad, sino porque nunca parecieron estar realmente allí, ni siquiera en los pocos momentos en donde los vemos lúcidos a ambos. Amour es un filme que parece escudarse en el realismo extremo de la situación para defenderse de no caer en golpes bajos. Es cierto que no encontramos ni en los diálogos ni en la puesta en escena ni en la musicalización (porque no la hay) una intención de manipular los sentimientos del espectador, pero al mismo tiempo Haneke nos enfrenta a secuencias injustificables como la de la enfermera bañando a Anne mientras ella se queja de dolor.

Un guión con algunos diálogos interesantes, que logra con cierto éxito mantener el interés del espectador a fuerza de estupendas actuaciones y del constante hermetismo que logra transmitir Trintignant en su personaje, Amour es una película que habla de un tema molesto, que postula un mensaje polémico, que tiene un tratamiento crudísimo y una puesta en escena claustrofóbica y que si quiere hablar del amor, lo hace de una manera muy particular, muy alejada del romanticismo publicitario y de la novela rosa. Y como si esto no fuera suficiente, se trata de una película fuerte, pero no por ello conmovedora. Mucho más convencional, mucho más cinematográfica, sentida y emocionante era Lejos de ella (Sarah Polley, 2006) y seguramente se habló mucho menos de ese filme que de la multipremiada obra de Haneke.

calificacion_2

Por Juan Ferré

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