A Sala Llena

Apuesta Máxima (Runner Runner)

(Estados Unidos, 2013)

Dirección: Brad Furman. Guión: Brian Koppelman y David Levien. Elenco: Justin Timberlake, Ben Affleck, Gemma Arterton, Anthony Mackie, Michael Esper, Oliver Cooper. Producción: Leonardo Di Caprio, Erik Holmberg, Jennifer Davisson Killoran, Brian Koppelman y David Levien. Distribuidora: Fox. Duración: 91 minutos.

El juego del tedio.

El gran problema de Apuesta Máxima se adelanta al espectador a pocos minutos de comenzado el filme, cuando la premisa que da origen a la acción se presenta y –curiosamente- se plasma contante y sonante en la boca de un personaje, el cual le pregunta al protagonista: “¿Me estás diciendo que te vas a ir a Costa Rica, un lugar del que no sabes nada, en donde no hablás siquiera el idioma, para buscar al dueño de un sitio de apuestas internacional, decirle que te hizo trampa y esperar que te devuelva el dinero?”. A lo que el protagonista responde: “Es mi única opción”. Ese, queridos amigos, es el ridículo puntapié inicial de la nueva película de Brad Furman, aquel que alcanzo cierto grado de notoriedad con Culpable o Inocente, un par de años atrás.

A partir de ese momento, Richie Furst (Justin Timberlake), un joven que apostó todo su dinero para la universidad en un sitio de póker online y se embarca en esta estúpida aventura de buscar al poderoso Ivan Block (Ben Affleck), se verá embrollado en problemas aún mayores. Como por ejemplo hacer equilibrio en una serie de caprichos del guión que hacen avanzar una trama sosa, monocorde y poco atractiva que involucra corrupción en un país tercermundista como solo un yanqui te la puede pintar, triángulos amorosos, un agente del FBI de relleno y cuyos manejos son peores que los de los criminales (Anthony Mackie), y muchos de esos momentos del tipo “soy mucho más vivo que vos y te lo voy a demostrar”.

No hay nada, absolutamente nada, en este filme que valga la pena, no hay detalles de fotografía destacables, ni una banda sonora que llame la atención, ni actuaciones que merezcan la pena resaltar: Timberlake, que solía mostrar cierta versatilidad y soltura en la gran pantalla, aquí se ve acartonado, monótono, incapaz de lograr conectarnos con un personaje que ya desde el libreto se ve escaso en profundidad (y si no presten atención a la relación con su padre). El Affleck que venía reivindicándose en los filmes que él mismo dirigía, se ve aquí sobrio en las escenas simples pero desbordado en las mínimamente complejas. El guión de Brian Koppelman y David Levien (dueto con bastante trayectoria en su haber, que nos ha brindado películas interesantes como Tribunal en Fuga o más ligeras pero entretenidas como La Gran Estafa 3) no solo está plagado de pavadas y situaciones forzadas, sino que -mucho peor- aburre sin remedio, proponiendo un desarrollo poco empático y sin el menor atisbo de sorpresa u originalidad. Culpable o Inocente pudo haber gustado o no, pero al menos la trama ofrecía cierto entretenimiento en su desarrollo, y sin dudas le dio a su director cierta repercusión. No obstante el realizador Brad Furman deberá trabajar mucho para recuperar terreno luego de este poco interesante film.

calificacion_1

Por Juan Ferré

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