A Sala Llena

Arrástrame al mundo oscuro contigo…

Y entonces el jueves se
estrenó Thor: Un Mundo Oscuro y allí fuimos con mi Chuchi alborotadísimos (bah,
yo estaba alborotada, él estaba solo acompañando mi entusiasmo).  Cazamos el auto y enfilamos para el Village
Recoleta, apurados para agarrar  la
función subtitulada en 2D, porque yo no estaba con el humor para llevar el
desinfectante, las toallitas húmedas y la mar en coche… Fuimos como alma que
lleva el diablo y llegamos bien a tiempo para sacar las entradas y comprar un
par de “cositas” para comer. ¡Dios mío, qué alegría! Me salía de la vaina por
verla. Tal es así, que estaba como quien dice, medio pesadita. Es que, en lo
que se refiere a estrenos que me producen anticipación, soy un poquitito
intensa. Me da por ponerme verdaderamente infantil y se hace algo cuesta arriba
aguantarme.  Lo vivo como si tuviera 10
años: nudo en la panza, saltos, chuchos de energía incontrolable, grititos
sofocados, en fin…  Por suerte, mi Chuchi
está bastante curtido y me tiene paciencia, por lo que me siento libre de
expresarme de manera totalmente franca y liberadora.

Hicimos la cola en el Candy
Bar y empezamos livianito: nachos con queso, panchos y gaseosas gigantes como
para arrancar nomás,  y con todo y
bandejas, nos acomodamos en las butacas. Pocos trailers y mucha, pero mucha publicidad
después, arrancó la película.

Ya de movida arranca
fenómeno. El diseño de los sets, tanto duros como digitales, se derrite de
bueno. Es grandioso en realidad. Los ojos van y vienen por la pantalla tratando
de no perder detalle, de meter para adentro todo ese minucioso y despampanante
universo, pero es imposible: para verla completa es necesario dos o tres
visionados como mínimo. Es cierto que parece haber una especie de rejunte de
mundos que terminan por conformar Asgard. Algo así como LOTR se encuentra con el Episodio
1
, pero no importa ni un solo carajo. Se disfruta el diseño de producción
de pé a pá, y de verdad conecta uno con los universos diseñados, de manera real
y con entusiasmo muy juvenil.

El guión es sencillo, sin
demasiadas estridencias, pero con  mucho
más humor que en la primera y con un destacado sentido de la oportunidad.  Al contrario de mi querido compañero de A Sala
Llena Tomás Maito, a quien admiro y respeto sinceramente,  lo encuentro fresco, inteligente y muy
disponible para el lucimiento de los actores. 
De hecho, observo un franco crecimiento en casi todas las performances.
Sobre todo, en la del bombón de Chris Hemsworth, que parece haber madurado
bastante desde la precuela.  Y su
maduración no ha sido solo artística: cada día está más, más y más bueno. ¡OMG,
este pibe se parte como una papa caliente!  Ese pelo rubio, esos músculos, esa voz
profunda, oscura, de tipo rudo y duro con la vida… Es un combo imbatible, es un
tren de frente, es una cosita preciosa, es, es, ESSSSSS… (Disculpen, tuve un
pequeño orgasmo). ¡Por favor, ni la muy hermosa Natalie Portman puede hacerle
sombra al muchacho del cabello de rayos de sol!  Es una máquina de atractivo sexual, una nueva
y absoluta estrella de cine. Y este año, después de haber metido Rush, no lo para nadie. Sin dudas,
estamos ante el nacimiento de una celebridad con todas las letras.

Pero, si bien el rubio
caliente me emociona, los que me conocen, saben que mi verdadera debilidad, el
hombre por el que pierdo baba a raudales, el muchacho con el que quiero una
cita, es el impresionantemente talentoso, Tom Hiddlestone. Desde la precuela de
Branagh, pasando por Los Vengadores hasta
acá, el muchacho me tiene el corazón atenazado.  Su Loki es verdaderamente delicioso.
Desplegando sus dones a diestra y siniestra, este verdadero actor de pura raza,
convirtió un villano que no iba a pasar de la primera entrega de la saga, en un
coprotagonista imprescindible. Su despliegue de dones dramáticos, su carisma
natural, sus ojos azules, su capacidad para “actuar” la belleza y la seducción,
lo convierten en la pieza clave del film. Todas las líneas jugosas y los
momentos de genuino dramatismo, se los lleva él y les saca asombroso partido. Y
aunque no tiene necesariamente el tipo físico para ser un sex symbol, los
trajecitos ajustados, los pantaloncitos chupines, la melena negra y la sonrisa
maliciosa, lo vuelven absolutamente irresistible. Como diría un amigo: con
este, por lo menos, dos días de novio.  Su dupla efectivísima con Hemsworth, le
garantizó a la franquicia, como mínimo, una entrega más.  Y además de todo, nos deja con muchas ganas de
verlo a él, en cualquier cosa que se le ocurra hacer.  Por este, me dejaría arrastrar al mundo oscuro,
cuando me lo pidiera y sin pensarlo siquiera.

En la periferia destacan por
su parte, Christopher Eccleston y su villano Malekith, Kat Dennings (que
también le aporta mucha comedia a todo el asunto) y Rene Russo con la tajada
más sensible y emotiva del film. La Portman se saca la estaca del trasero por
un rato y le da a su personificación de Jane Foster, alegría genuina y cierta
ternura inocente que le viene muy, pero muy bien. De hecho, la parte romántica
de la película, es verdaderamente efectiva. Las chicas quedamos todas muy
contentas, sobre todo, las que nos quedamos hasta el final de los créditos y
fuimos testigo del beso final entre los protagonistas.

La cinta es una verdadera
fiesta de entretenimiento. Cumple con todas las expectativas prometidas. Tal es
así, que pienso salir con mi kit desinfectante completo, para verla en 3D y
poder ponderar toda la magnitud de su poder visual.

Para los amantes del género,
se me ocurre imperdible. Es casi tan bestial y divertida como Los Vengadores.

Así que le meto todo mi
entusiasmo, los palmeo en la espalda y les salto alrededor cuando les digo:
VAYAN A VERLA AMIGUITOS.

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