A Sala Llena

BAFICI mon amour…

Y se terminó el BAFICI… Sep, así es señores, y yo estoy echada en casa tratando de descifrar mi próximo movimiento, mientras me tapa una montaña de quilombo. Mis gatos duermen, mi chuchi está de viaje por laburo y yo acá, con una nostalgia terrible. Es que este festival debe haber sido el que más disfruté en toda mi vida. No me malentiendan, de hecho he tenido algún corto festivaleando, dando vueltas por ahí y esa sensación es maravillosa. Pero hacía mucho que no podía comprometerme. Mis ñañas, mi pichiruchi, mi fiaca, mi trastorno de ansiedad, en fin… Mil cosas conspiraban en mi contra. Es por eso que, hace desde que era una estudiante de cine, que no me mandaba TODOS LOS DÍAS al festival como una demente. Y ahora, gracias a un milagroso tratamiento psicológico, ¡voila!, la cordura no se me resiste tanto como antes y puedo atender funciones solita, con sumo decoro. Y de hecho, disfrutarlas mucho más que cuando era estudiante…

Como me conozco y sé que tengo mis limitaciones, no quise ser acreditada para no dejar a nadie de garpe, así que compré mis entradas todos los días y decidí tirarme rotundos piletazos, sin prejuicios y sin censuras. Lo que deparara el destino: eso vería. Y para mi fortuna, no erré ni una sola película. Me encontré con todas opciones maravillosas, de todos los colores y sorpresivamente variadas, que me fueron haciendo siempre salir de la sala con una enorme sonrisa.

Vi buenos títulos y voy a enumerar algunos para ustedes: The Punk Singer, Frágil como o Mundo, Naomi Campbel: No es fácil convertirse en otra Persona, We are the Best (hermosa, hermosa película sueca), Seduced and Abandoned… Todas fueron especiales, pero hubo dos que fueron lisa y llanamente, perfectas experiencias: Weekend of a Champion y la reposición de Calles de Fuego el maravilloso clásico del 84 protagonizado por Diane Lane y Michael Paré.

Weekend of a Champion es un documental de Frank Simon filmado y protagonizado por Roman Polanski, un fin de semana que pasó en Mónaco en el 71, con Jackie Stewart, el campeón mundial de Fórmula 1. Fue una jornada particular, porque fue mi hermana quien descubrió la peli en el mar de films del BAFICI y me propuso que fuéramos a verla. Así que el disfrute fue bien cargadito: buen cine, Fórmula 1 y cafecito con mi hermana, una martingala infalible. La cinta es enteramente melancólica y muy tierna. Es Montecarlo, durante el gran premio del 71, cuando el glamour era real, imperfecto, rebelde y destellante. La acción se documenta uno o dos fines de semana después de que Stewart, ya campeón del mundo, se pegara un flor de palo en pista y quedara bastante conmovido. Los dos hombres (Roman y Jackie) están en el pináculo de su juventud y despliegan la belleza y el “trendy” de la época con virtuosa ingenuidad. Hacía poco, muy poco, del asesinato de Sharon Tate y en los ojos de Polanski todavía puede leerse cierta incredulidad, cierta inocencia, cierta tristeza salvaje. Todo el film es, más que ninguna otra cosa, nostálgico, dulce y bello. Y pone al espectador en cuenta, sobre todo, de lo violenta que era la competencia por aquellos días. Como diría Steve Mc Queen en Le Mans: “Este es un deporte profesional, de sangre.” Lo más fuerte de la imagen es el hecho de poder ver sin filtros, sin mejoras y sin edulcorante, lo rápido que manejaban estos tipos y en que cruentas y precarias condiciones lo hacían. Uno de los primeros planos de la película, tiene a la cámara montada en el Tyrell/Ford de Stewart, en las pruebas clasificatorias, con la lluvia cayendo copiosamente sobre el circuito. Un circuito claustrofóbico si los hay. La visibilidad se ve tan comprometida que, por algunos momentos, uno no puede más que marearse y sentir terror por el piloto que va como pito por el asfalto. Pero no se preocupen, todo sale bien, estamos frente a una película contemplativa, llena de alegría y agradecimiento. No pueden perdérsela. Incluye un maravilloso homenaje a Françoise Cevert, triste, sexy y excitante al mismo tiempo, exactamente como eran las carreras en aquella época. Y en el final, hay una revelación tan íntima y contundente, que emociona de manera honda, muy honesta, y nos deja sumidos en la más absoluta admiración. Es una cinta que no se puede dejar de ver, háganme caso: encuéntrenla

Y Calles de Fuego: qué puedo decir… Fuimos a la trasnoche con mi Chuchi y mi querido amigo Darío Sabina y salimos los tres enloquecidos. Locos, locos, loquitos. La vimos tan bien y la película es tan hermosa, tan pletórica de juventud, música, sensualidad y salvajismo, que caímos consumidos por su embrujo sin oponer la más mínima resistencia. ¡Dios mío, Michael Paré era una fuerza sexual imparable! Cuánta belleza, cuanta cinemática grosa, cuánto amor por el cine y por el western tiene esta película. Si, un western urbano, loco, musical, desquiciado… pero robusto y formidable. Un código propio llevado hasta las últimas consecuencias, incendiando la pantalla. ¡Oh sí! Esta cinta sin lugar a dudas smells like teen spirit. Colores vibrantes, texturas en extremo sensuales, una banda sonora que lleva el diablo y Diane Lane con ese cuerpo que se parte como una papa caliente. Salís del cine decidido a perseguir todos los orgasmos que la vida te ponga en frente, aunque te prendas fuego en el intento. Y es tan poderosa, que no te suelta. Aun días y días después, te atenaza la mente y te puebla el alma. “¡Qué signo de los tiempos!” dijo mi amigo Darío cuando los tres caminábamos fuera del Village Recoleta, a las tres y media de la mañana. Y yo pensé que nadie podría haberlo puesto en mejores palabras. Amigos queridos, si encuentran esta joyita en DVD o en lo que sea, ni duden en llevarla a su casa a dormir con ustedes, les renovará la sangre y despertarán jóvenes y preñados de sueños nuevos… O solamente preñados, que no es poco…

Sí, terminó el BAFICI… Habrá que encontrar otra cosa para hacer, otra manera de gozar la vida y, seguramente, mañana me pondré en campaña con eso. Pero ahora, déjenme sumergir en mi nostalgia y apapáchenme con el pensamiento.

Y para los que están igual que yo: siempre es bueno pensar que, el año que viene, viene otro.

 

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