A Sala Llena

La Prueba de lo Contrario

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Dramaturgia: Olivier Chiacchiari. Dirección: Melina Marcow. Asistencia de Producción: Ana Orono. Escenografía: Julieta Potenze. Iluminación: Rocio Caliri. Vestuario: Juan García, Aldana Della Sala. Intérpretes: Marcos Ferrante, Javier Pedersoli, Fernanda Pérez Bodria, Eduardo Iacono, Natalia Olabe, Martin Speroni.

Imagínense una situación conflictiva, en un pueblo de tamaño mediano, con habitantes promedio. Ahora, agréguenle a la situación de conflicto diez puntos de vista diferentes, presentados por cinco de estos habitantes a un buen señor que poco quiere saber de todo esto. Si simplificamos, entonces, ésta es la esencia de La prueba de lo contrario, obra escrita por el dramaturgo suizo Olivier Chiacchiari y dirigida por Melina Marcow. Sin embargo, la simplificación pautada no llega ni cerca de trasmitir, por supuesto, la complejidad y el dinamismo que envuelve a esta obra. Por esta razón, es necesario explicar de manera más detallada la intriga que se encuentra los jueves por la noche en El Camarín de las Musas.


En una pequeña sala, pintada íntegramente de negro, la escenografía es lo primero en llamar la atención. Cuatro estructuras de madera, con forma de cubos sin paredes y ruedas en la parte inferior, distribuidas al azar sobre el escenario. La incógnita acerca de su significado desaparece al empezar la obra, con un narrador que nos introduce al ambiente. Mientras los primeros minutos asemejaba el contexto narrado – un pueblo, con pocas casas (los cubos de madera, claramente), un protagonista reservado y tranquilo, involucrado sin querer en una situación de conflicto – a la trama de la película Dogville, pronto se puede descubrir el elemento distintivo de esta obra: las perspectivas.

La primera de diez hipótesis nos presenta al “sujeto”: Marcos Ferrante, quien está tranquilo en su casa, hasta que irrumpe una banda de matones, buscando a un tal Teo. Mientras que esta primera perspectiva ocurre en la casa a la entrada del pueblo, la segunda hipótesis plantea “la situación”, pero con el sujeto en la casa a la salida del pueblo – y esta vez, son los habitantes quienes irrumpen en la casa para contarle al sujeto de los matones invasores. Hasta aquí lo único que hay es confusión, tanto entre los personajes, como entre los espectadores, pero basta adentrarse a la tercera hipótesis para entender lo único realmente relevante: la lucha interna del sujeto en discernir la verdad de los rumores sobre su amigo Teo.

Y aquí debo elogiar a la interpretación de Martin Ferrante como “sujeto”. La histeria y la incertidumbre creciente que van arrimándose al espectador a medida que trascurren las escenas. Éstas son tan creíbles, que es posible compartir la angustia del protagonista. Cuando saber y creer son cosas distintas, es fácil para el ser humano perder su noción de lo correcto y es entonces donde “actúen según su conciencia” se convierte en una tarea dificultosa. Si todo no es lo que aparenta, y nada es lo que creemos, entonces ¿Cómo podemos guiar nuestra acción en la dirección correcta? De esta índole de planteos tendrá que amigarse todo espectador que visite La prueba de lo contrario.

Por otro lado, los cuatro habitantes del pueblo, cada uno con su pequeño (o gran) secreto, son tan escandalosos en la fabricación de rumores, que logran carcajadas en varias ocasiones. Aquí, lo que contribuye de manera significante es el vestuario, con el cual cada intérprete se asemeja a una figura de Playmobile. Pero lo que parece tierno y hasta inocente en el vestuario, como un vestido abotonado hasta el cuello, o un traje de pescador, demuestra lo contrario en cada personaje. Y ahí es donde se luce la capacidad de la directora Marcow, al lograr que el entorno y apariencia de cada personaje sea una fachada, se construye un factor sorpresa al revelar los motivos y las intenciones reales de cada cual.

La decisión de no musicalizar ningún momento de la obra puede ser algo arriesgada, pero en este caso contribuye al incremento de tensión y fijación en el sujeto, logrando que la angustia y los pensamientos de este estén en primer plano. La presencia del narrador, por otro lado, también ayuda a recalcar cada estado de ánimo para que el público no se pierda entre tantos cambios de perspectiva. En su totalidad, la dirección de Melina Marcow y el guión de Chiacchiari están muy bien logrados e integrados con el vestuario y la escenografía, que se desplaza dinámicamente por el escenario de la mano de los intérpretes. Es preciso aclarar que La prueba de lo contrario, requerirá el 100% de su atención para no perderse entre tantas mentiras, rumores y verdades.

Teatro: El Camarín de las Musas – Mario Bravo 960

Funciones: Jueves – 21:00hs –

Entradas: $100

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