A Sala Llena

Canciones de Amor (Les Chansons d’Amour)

Canciones de Amor (Les Chansons d’Amour, Francia, 2007)

Dirección y Guión: Christophe Honoré. Productor: Paulo Branco. Elenco: Louis Garrel, Ludivine Sagnier, Chiara Mastroianni, Clotilde Hesme, Grégoire Leprince-Ringuet. Distribuidora: Mirada. Duración: 100 minutos.

Crítica previamente publicada con motivo de exhibición en el ciclo Les Avant-Premiéres:

http://www.asalallenaonline.com.ar/festivales-cine/124-les-avant-premieres-2010/595-las-canciones-de-amor.html

Las influencias de la Nouvelle Vague siguen presentes en el cine contemporáneo. Aunque se trate de un musical, en apariencia convencional. Con esto no digo, que Las Canciones de Amor sea una película que esté a la altura de cualquier obra filmada por Godard, Truffaut o  Rohmer. Pero si es verdad, que se respira un aire de homenaje, de traspasar la barrera de la verosimilitud, de la puesta en escena.

Preferiría decir que Phillippe Garrel, padre del protagonista de Las Canciones… tomó la posta de la generación del ’60, en temáticas elegidas y estética (Los Amantes Regulares, Inocencia Salvaje), pero es posible encontrar homenajes dentro del cine de Bernardo Bertolucci (en Los Soñadores, por ejemplo).

Desde los títulos uno puede notar cierta influencia del cine de Godard… El recuerdo de Alphaville divaga en mi mente…

Y es intencional. Durante la marcha circularán A Band Apart, Vivir su Vida, Jules et Jim (de Truffaut). Reminiscencias de los ‘60s acompañan a los protagonistas y sus canciones.

Ismael, Julie y Alice, la secretaria del primero forman un ménage a trois. Pero, a pesar de todo, la situación empieza a incomodar a Julie, quien siente que Ismael no le presta demasiada atención. Él se lleva bien con la familia de ella, pero la está dejando de lado. Cuando la relación termina de forma inesperada, Ismael deberá reconsiderar su mundo, y sus relaciones amorosas. Será en ese momento, cuando conocerá a Erwann, un joven homosexual que se enamorará de Ismael.

Conflictos románticos y dramáticos, reflexiones sobre la vida, la muerte, el duelo, la formación de una familia y como volver a empezar, tras los golpes que nos da la vida, es lo que nos presenta Honoré acompañando el relato con canciones de Alex Beaupain. El director perseguirá a los personajes por las calles de París, dando una visita guiada por los sitios más pintorescos y románticos de la ciudad luz. Apelando a superposiciones de imágenes, foto fijas en blanco y negro, una cámara en permanente movimiento y un espíritu sesentoso, Las Canciones… no se destaca por un guión tan exquisito u original como su estética. Honoré apela a golpes bajos, momentos sensibleros, pero es cierto que las pegadizas canciones aflojan los climas pomposos y propios de un culebrón. Algunas escenas humorísticas, que recuerdan a gags del cine mudo (especialmente Keaton o Chaplin), que fueron usadas como referencia en películas de Truffaut y Godard aportan un poco de ligereza para cortar con tanta solemnidad y dramatismo.

Las interpretaciones de Garrel (hijo), la siempre hermosa y sensible Ludivine Sagnier (por segunda vez en un musical tras 8 Mujeres) y la novel Clotilde Hesme le dan credibilidad al relato y los personajes, además de que cada uno de ellos, tienen una gran voz formada. No hay que dejar afuera a Chiara Mastroianni (que tiene el vivo rostro del padre Marcello), que tiene una exitosa carrera musical hace varios años.

Para los amantes de las canciones francesas, París, la nouvelle vague y los melodramas románticos. Las Canciones de Amor fue una verdadera sorpresa dentro Les Avants Premieres.

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Siempre nos quedará París.

Con cuatro años de atraso, se estrena en los cines porteños este peculiar drama musical francés, dirigido por Christophe Honoré, un cineasta no muy conocido por estas latitudes, pero que ya tiene varios títulos en su filmografía (En París; Relaciones Peligrosas), cuyo denominador común en su obra son las conflictivas y diversas relaciones vinculares que se establecen en la gente joven parisina.

Interpretada por su actor fetiche Louis Garrel, uno de los protagonistas de la maravillosa obra de Bertolucci Los Soñadores; una chica Ozon, Ludivine Sagnier (8 Mujeres, La Piscina); y Chiara Mastroianni, la hija del gran Marcello, entre otros. Esta obra aborda las pasiones amorosas con la amplia gama de modalidades en las que estas pueden expresarse, que van desde la ménage a trois hasta la homosexualidad.

Ismael (Garrel), es un veinteañero parisino que está en pareja con Julia (Sagnier), ambos son algo bohemios, intelectuales y neuróticos, quienes deciden experimentar nuevas vivencias en su relación amorosa, pero de repente lo sorpresivo e irreversible se impone, lo cual lleva a Ismael a buscar nuevos caminos en su vida para aliviar la insoportable levedad del ser.

Estructurada en tres capítulos: La Partida, La Ausencia y El Regreso, la narración va tomando forma, aunque por momentos se vuelve predecible y en otros fragmentos bastante melodramática. La intensidad de los conflictos van definiendo la subjetividad de cada uno de los protagonistas, pero también muchas de las historias quedan a medio desarrollar y hay personajes que adquieren matices pintorescos e interesantes que solo quedan en la superficie, desperdiciando una mayor riqueza narrativa al relato.

Los recursos que utiliza Honoré para contar esta historia son varios diálogos hechos canciones, una estética muy pop, un montaje que remite a videos clips, con fotografías en blanco y negro, cámara acelerada, travellings de los personajes por las calles parisinas cantando las dulces melodías, más un claro homenaje a la ciudad de la luz, mostrando varias de sus zonas y costumbres emblemáticas, donde se huele una inevitable reminiscencia a la Nouvelle Vague.

Las canciones fueron compuestas por el mismo cineasta y son un interesante artificio para relatar de manera más poética y melodiosa, las vivencias, temores, duelos, deseos y confesiones de los personajes centrales. Un plano interesante, es un fugaz paneo del póster de la estremecedora película japonesa Nadie Sabe, de Kore-eda, quizás ese film representa la mayor vulnerabilidad de estos chicos franceses, el temor al abandono y al desamparo.

Esta fragilidad está muy bien lograda en las actuaciones, donde el reparto en su totalidad, no sólo goza de una linda y armoniosa voz, sino que se interpreta con considerable carisma las composiciones musicales que se van entonando a lo largo del film. Garrel, hijo del prestigioso cineasta Phillipe Garrel, ya dió muestra de que es un notable actor, aunque casi siempre suele encarnar el mismo tipo de personajes, joven cool y urbano con relaciones humanas demasiado particulares y ambiguas.

Si bien son muy visibles las numerosas influencias que dejan huella en Canciones de Amor (desde Truffaut hasta Ozon), no deja de ser una opción fresca y novedosa para estos tiempos, además permite encontrarnos con una mirada respetuosa y abierta que naturaliza la diversidad de caminos que puede recorrer la libido en su laberíntica búsqueda del amor.

Por Emiliano Román

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