A Sala Llena

Completar uniendo los puntos…

Buenas… ¿En qué anda la muchachada? Yo, por acá, chapa. Por estos días la ansiedad me ha subido un poco. Debe ser la primavera, junto con algunas otras cositas que van a suceder, que me excitan demasiado y me ponen loquita. Lo cierto es que estoy más bien intensa y eso redunda en varias cosas: tengo corta la paciencia, estoy sensible, duermo poco, paso de la euforia al llanto en cuestión de minutos y sueño cuanta bizarreada se te ocurra. Como como lima nueva, se me ocurren muchas ideas por segundo, trabajo mucho pero desordenadamente, no puedo concentrarme del todo en nada, voy del punto A al B y no sé cómo llegué allí y, por supuesto, estoy más buena que de costumbre. Porque, en general, cuanto más loca estoy, más apetecible me pongo. O, por lo menos así me percibo lo que, para el caso, es lo único que importa. Me siento Mónica Bellucci. En fin… Es la vida.

Este estado tiene sus altas y bajas. Ando productiva y depilada (alta). Ando llorona y preocupada (baja). Tengo energía y voluntad (alta). Me despierto a las siete de la mañana (baja). La mente está prolífica (alta). El pichiruchi está desatado (baja). Una montañita rusa vertiginosa pero, jamás, jamás aburrida. Soy una mina en extremo colorida. Difícil de aguantar, pero colorida al fin…

Como estoy así, medio crazy, voy a necesitar de ustedes. Esta columna, más que nunca hoy, será interactiva. Ustedes tendrán que completarla con sus comentarios, sean de la naturaleza que sean. Si es sobre la peli que nos convoca perfecto, pero si no también mándense a opinar sobre lo que quieran. El cine, el clima, la columna, los huevos fritos, lo que les venga en gana… Porque desde ya les adelanto, que esta pieza en particular, está incompleta.

Paso a explicarles por qué: Ayer a la noche, después de una jornada que había arrancado muy temprano, mi chuchi y yo decidimos caernos por la función de las 21 horas del Village Recoleta. Yo había estado tomando carrera toda la semana para ver Lucy, la nueva película de Luc Besson que se estrenaba. No es ningún secreto que la esperaba con ensanchadas ansias por varios motivos. El primero es que soy bastante fanática del director, el segundo: Scarlett Johansson. Sí, sí, al tipo le gusta filmar minas que se parten de lo buenas que están, armadas hasta los dientes y matando a todos. Nadie podrá jamás olvidar a la bellísima Anne Parillaud en Nikita, tirándose por el ducto de ventilación estrechísimo de aquel restaurante, con un little black dress adherente y una pistola con silenciador en la manos. De ahí en adelante, todo es poesía. Y yo sabía que Scarlett iba a estar a la altura. Y no me equivoqué…

Llegamos justito a tiempo y nos ubicamos en la fila dos, hacia el costado. Yo del lado de la pared, por supuesto, y cerca de la salida de emergencias. Me sentía bien, relajada, tranquila con mis pantalones pata de elefante de terciopelo color sangre y todo. Parecía que no iba a haber razón para que me diera el pichiruchi pero, por supuesto, me equivoqué. La cinta arrancó, con sus colores destellantes como de led y su secuencia de títulos azul furioso, con globitos y la mar en coche. Y no da respiro desde la escena uno, el entusiasmo me ganó por varios cuerpos y se me fue de las manos. Maldita costumbre de devorarlo todo, que se sale de control y me muerde el trasero.

Los primeros cuarenta, cuarenta y cinco minutos de película que fueron los que vi, son impresionantes tanto visualmente, como cinemáticamente. La acción no se detiene y las cosas van desatándose de tal manera que uno se ve envuelto en toda la situación sin escapatoria. Y eso es tan vivo y tan real, que ya al principio nomas, arranqué a sentirme medio sofocada. La flasheé mal…

La película se deshace en tonos que te ponen al borde de la convulsión y eso, queridos amigos, no me ayudaba en lo más mínimo. Me parecía que iba a quedar inconsciente en cualquier momento, que el cerebro se me iba a desconectar del todo. Aluciné un infarto, un ataque epiléptico, un ACV, un brote psicótico… toda la paletita de posibilidades habidas y por haber. Ya cuando Lucy se despierta convertida en esa especie de súper mujer en la que se transforma, yo estaba a medio camino de perder del todo la cordura. El Chuchi, que se había re enganchado con la película, trataba de calmarme argumentando lo lógico: que ya me había pasado otras veces, que tenía la misma sintomatología de siempre y se me pasaría más tarde o más temprano. Que tratara de relajarme. Pero parecía que todo el asunto iba a ir para “tarde” y no para “temprano”. Mi mente no se apaciguaba y creaba, a la velocidad de la luz, escenarios horripilantes que me daban ideas inefables. Comencé a hacer respiración cuadrada; inhalar, sostener, exhalar y sostener en la misma cantidad de tiempo, para ver si el estado se disipaba. Y por momentos parecía que iba a lograrlo, pero no, no pude. Para cuando me acordé de los pibitos que caían como moscas mirando Pokemon, y de aquel episodio de Los Simpson, el trasero me quemaba en la butaca. Y sí, tuvimos que irnos a la porra en mitad de la función.

Hasta donde pude ver, la película es un golazo. Incluso encontré varios puntos de encuentro con Nikita aun cuando la estética está a años luz de aquella escueta y oscura obra maestra. La inocencia, la sensualidad, el salvajismo, el miedo y la desesperación de Lucy, se parecen muchísimo al personaje de Parillaud. El punto de encuentro más importante es la femineidad desatada. Dos mujeres hermosas convertidas (por motivos muy distintos) en máquinas de matar. Los ojos azules, el desconcierto, el llanto… Estaba todo claramente emparentado y eso me llenaba de alegría y de emoción. Los planos cortos, tan perfectos, el lenguaje de la mirada, el vestuario, a tono con el infernal poder sexual de la protagonista. Grandes, grandes puntos de contacto. El diseño de producción es impecable, al igual que la fotografía y los efectos especiales. Todo me resultó inmaculado, por lo menos, hasta donde vi.

Y es acá mis criaturitas repugnantes, donde entran ustedes.

Me gustaría que completaran esta columna, que se lanzaran al ruedo a lo loco sin sombrero con impresiones que hayan tenido de la película, aquellos que la han visto. Y los que no, pueden mandarse con especulaciones al respecto o con cualquier otra cosa que deseen compartir. Esta es su oportunidad. Despáchense a piacere. Elaboren todo lo que puedan y pierdan la vergüenza. Dense manija y pongan entusiasmo. Yo les voy a estar infinitamente agradecida. Porque hasta acá, la columna venía fenómeno y si no era por el hecho de que no terminé de ver la peli, no sé si no era candidata al Pulitzer…

A completarla uniendo los puntos, con onda y con amistad, que podemos hacer grandes cosas.

Además, siempre es muy lindo tener noticias de ustedes, ¡los espero!

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