A Sala Llena

Contagio, según Jorge Marchisio

Estamos ante supuestamente la última —o una de las ultimas— películas de Steven Soderbergh. Teniendo en cuenta los diversos temas y tonos de sus diferentes obras, no asombra que nos presente otra historia coral, con múltiples puntos de vista sobre un mismo tema.

En Contagio, diferentes personas se relacionan con un nuevo virus mortal, altamente contagioso y rápido en su acción, que se va propagando a nivel mundial. Junto con el virus también se van mostrando las consecuencias de la desesperación.

Es difícil hacer una sinopsis de una película en la que intervienen varios personajes, la mayoría con el mismo peso dramático distribuido a lo largo de la hora y cuarenta que dura el film, pasándose el protagonismo según avanza el film.
El guión de Scott Burns intenta dosificar el protagonismo entre un elenco de lujo, pero falla a la hora de definir ciertos personajes y sus situaciones, logrando, por ejemplo, que el personaje de Marion Cotillard se sienta inconexo y prescindible con la historia, o el blogger interpretado por Jude Law merezca más importancia de la que tiene.
Otro punto en contra es el cierre edulcorado que se le da a determinadas subtramas, contrastando bastante con el tono pesimista que constantemente transmite la película.
De todas maneras, el guión tiene bastantes cosas en su favor. La primera mitad es excelente, ya que se nos muestra de forma muy dinámica cómo el virus va propagándose a través del mundo sin que las autoridades sepan qué hacer. También es destacable el tono realista con que el film trabaja el tema del virus y sus consecuencias: la desesperación, caos, saqueos y reorganización ante una eventual cura.

Lo dicho es que los altibajos del guión parece afectar a las actuaciones. Todos son actores que ya dieron sobradas muestras de su calidad, pero que aquí apenas están correctos. Sólo se destacan las labores de Lawrence Fishburne y la del mencionado Law.

La voz en off también es algo no del todo muy bien usado. Si bien resulta clave a la hora de determinadas explicaciones científicas, en bastantes tramos sobra totalmente, logrando que por momentos el film se asemeje a un documental sobre alguna enfermedad.

Uno de los puntos fuertes del film es el montaje, a cargo de Stephen Mirrione, que dota de dinamismo al film en su primera parte, sobre todo cuando se acelera la propagación del virus y la posterior investigación para encontrar al paciente 0.
El montaje, junto con la banda sonora electrónica con base en la percusión creada por Cliff Martinez, logran un clima opresivo a pesar del ritmo que imponen, algo bastante acertado para que el film no se torne una sucesión de explicaciones en voz en off, acordándose de esa premisa que muchas veces se olvida en el cine: la imagen predomina por sobre el diálogo.

En general estamos hablando de un buen film, con un tono muy realista sobre algo que bien podría haber pasado hace pocos años con la Gripe Aviar, pero que se desdibuja con alguna historia prescindible y, sobre todo, en el tramo final, al intentar darle un happy end a sus múltiples historias, cuando seguramente algunos finales más crueles le hubieran jugado en favor de dicho realismo.

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