A Sala Llena

Violeta se fue a los Cielos

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Dirección: Andrés Wood. Guión: Eliseo Altunaga, Rodrigo Bazaes, Guillermo Calderón y Andrés Wood. Elenco: Francisca Gavilán, Luis Machín, Cristian Quevedo, Thomas Durand. Distribuidora: Primer Plano. Duración: 110 minutos.

La compleja deconstrucción de un mito
Era imposible que Violeta se fue a los Cielos dejara conformes a todos. Después de todo, Violeta Parra es uno de los íconos sagrados de la cultura popular chilena. No obstante, el trabajo de Andrés Wood (director de Machuca y La Buena Vida) fue recibido con una enorme algarabía y elegido por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de su país como la obra que lo representará en los Oscar.

¿Cómo ilustrar el mito de Violeta Parra? Por empezar, Francisca Gavilán entrega una actuación notable, visceral. Tal es el sacrificio de la actriz que hasta termina entonando -y muy bien, por cierto- las clásicos que consagraron a la cantante. Claro que, como todos sabemos, Parra no sólo cantaba y escribía sino que también pintaba, esculpía y bordaba. Merced a estos talentos múltiples, su paso por el mundo fue tan intenso como errante. Apasionada, indomable, atenta al sentir popular, nada ni nadie pudo detenerla, excepto ella misma.

El film de Wood logra dar cuenta de algunos pormenores de esta vida agitada. Es así como vemos a la protagonista en sus distintas facetas: como madre, como artista, como amante. Lejos de cualquier intento por edificar un monumento solemne, la Violeta Parra de este relato es orgullosa, egoísta, delirante, ambiciosa, histérica, atormentada, brillante. Tanto entusiasmo parece haber depositado en esa deconstrucción de la leyenda que hasta la línea narrativa se vuelve difusa. De la adultez a la infancia, de la infancia a la adultez, de París a Chile, de Chile a París. Lo único que importa es la mujer, con todas sus genialidades e imperfecciones.

Pese a este esfuerzo conciente por reflejar la vida interior de Parra, la indeterminación que parece regir sus acciones adquiere, en una última instancia, un relieve in disimulable que parece contagiar a la propia película. ¿Por qué se suicida Violeta? ¿Por amor? ¿Por las injusticias de la sociedad? ¿Por el escaso público que asiste a su carpa? Nada de esto nos es revelado, y quizá esté bien que así sea.

A la manifiesta libertad que recorre el guión se contrapone una puesta en escena exquisitamente cuidada hasta en sus más mínimos detalles. Tanto las escenas en el Louvre como aquellas que tienen lugar en los pueblitos humildes de la cordillera dan cuenta de un respeto innegociable por los espacios y los silencios. Tal coyuntura sólo se conmueve por el andar incansable de la folclorista, siempre en búsqueda de nuevos versos, nuevos desafíos, nuevos destinos.

Si bien Wood se basó en el libro homónimo de Ángel Parra, hijo de Violeta, Violeta se fue a los Cielos no podía pasar inadvertida, no podía evitar controversias. Su gran mérito, en todo caso, fue el de haber enfrentado el mito para acercarlo un poco más a nosotros. Con esas contradicciones que componen su tejido mismo, el resultado final exhibe una belleza tan profunda como humana.
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