You ain’t got to be so blind
And I’m blind,
so blind
LOCA POR ELLOS
A los dieciséis abriles, Vera Brandes (Mala Emde) ya parece una chica de otra época. Estamos en los albores de la década de los 70’ y la escena musical alucina con el rock & roll: Led Zeppelin, Black Sabbath y Pink Floyd se encuentran en sus picos creativos. En 1974, los Ramones van a sacudir los cimientos del género. Pero a Vera le interesa una sola cosa: el jazz.
Liberal, intrépida e impertinente, Vera no se le achica a nada y se codea con artistas del género de creciente renombre. Lejos ha quedado el jazz de las preferencias del público norteamericano. Muchos intérpretes se aventuran a Europa, con pocos recursos y un circuito de escenarios que todavía se resiste a darles la estatura que merecen.
En este contexto aparece Vera, que a puro chamuyo irá haciéndose lugar en un mundillo masculino y consiguiendo escenarios para sus artistas favoritos. Una noche, Vera asiste al concierto de un artista que la deja hipnotizada: el de Keith Jarrett, virtuoso pianista que acaba de cometer el desatino de bajarse de las filas de Miles Davis. La propuesta artística de Jarrett es tan arriesgada como única: ofrecer un recital completamente improvisado. Las obras que desarrolle mientras el concierto dure no serán ensayadas, ni repetidas, ni siquiera planificadas. Los asistentes tendrán la oportunidad de asistir a una suerte de milagro, a la música materializándose in situ.
Vera enloquece con el artista y se pone en marcha para bookear a Jarrett en la Ópera de Colonia. Sin embargo, el verdadero milagro es que la fecha suceda: ni el director del teatro, ni su familia, ni sus parejas, ni el propio artista parecen tener la más mínima intención de cooperar con la realización del evento. Vera se juega dinero que no tiene y, con él, su vocación por el mundo de la música.
El israelí-alemán Ido Fluk aúna con gracia dos puntos de vista: uno, el de Vera Brandes para contar su meteórica carrera; otro, el del periodista Michael Watts (Michael Chernus), que entrevista a Jarrett (John Magaro) mientras atraviesan las rutas alemanas en un castigado Renault 4 con su productor Manfred Eicher (Alexander Scheer) al volante. Ambos confluirán en el mítico concierto, cuya grabación es uno de los discos más exitosos de la historia del jazz.
Hay roturas de la cuarta pared, fracturas de la linealidad e incluso simpáticas misceláneas musicales para el espectador menos versado en el artista, su importancia y la relevancia de este disco para la historia del género. Fluk hilvana un recurso tras otro, quizás queriendo empardarle al virtuoso Jarrett. Fluk es un artista menos brillante que aquel que retrata, pero sin dudas más amable. La Vera Brandes de Mala Emde es el ancla y el timón de esta película que en mi resonó con ecos del gran (y olvidado) debut de Robert Zemeckis: I Wanna Hold Your Hand, que contaba el periplo de unas groupies para llegar a la aparición de los Beatles en el Ed Sullivan’s Show, la primera en tierra norteamericana.
Con la misma amabilidad, ternura y sentido del humor con las que Zemeckis retrataba el delirio colectivo por los Fab Four, Fluk retrata a Brandes. Por supuesto, toda película de época es reflejo de su tiempo y el personaje está muy lejos de ser una simple groupie: el objetivo no es sólo cumplir un sueño sino fabricarlo, materializarlo. Atreverse a soñar cosas que todavía no se han soñado y, tal vez, cambiar la historia del jazz en el camino. En tiempos tan pesimistas como los que nos toca vivir, La chica de Colonia es un rayo de sol en el nublado cielo alemán. Probablemente, su optimismo se perciba como liviandad. Habrá que dejarla levar; tal vez, como en aquel concierto de Jarrett, las cosas que brillan vienen del lugar menos pensado.
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(Alemania, Polonia, Bélgica, 2025)
Guion, dirección: Ido Fluk. Elenco: Mala Emde, John Magaro, Michael Chernus, Enno Trebs. Producción: Sol Bondy, Fred Burle. Duracción: 112 minutos.



