PASADO Y FUTURO
La escena que abre la película resulta bastante representativa del espíritu y tono de la obra. Después de una serie de planos de turistas embelesados que visitan un museo, aparece una sesión de fotos bastante particular. Vemos a una modelo que posa y pega saltitos delante de Les nymphéas de Claude Monet, pieza fundamental del Musée de l’orangerie. La imagen no es ajena a lo que estamos acostumbrados en revistas de moda o reels de instagram, y sin embargo se siente desubicada. Descolocada, a destiempo, en otro orden de las cosas. Lo que en un momento ideó Claude Monet a principios del siglo XX como una obra de arte inmersiva que dé paz y sosiego durante la guerra, en la actualidad se vuelve un simple telón de fondo. Lindo pero sin otro significado más allá del decorativo. La visión patética a la que nos vemos sometidos es más triste aún cuando la modelo pregunta: ¿Sería posible cambiar el color del cuadro para que combine con el vestido?
Este desfase, estos movimientos fuera de lugar, son la materia prima de la que está hecha Los colores del tiempo de Cédric Klapisch. Un film que desarrolla la historia de una familia que va y viene entre el pasado y el presente. A partir de un reagrupamiento de parientes con el objetivo de vender una antigua casa de campo, se despliegan un conjunto de aventuras que van hacia atrás, donde se conecta el pasado genealógico con la historia intrínseca de Francia. Lo que en principio parece ser la biografía de una bisabuela lejana, deviene en figura elemental para comprender los vaivenes del impresionismo y los últimos vestigios de la belle epoque. Mientras se descifra el pasado para comprender la coyuntura, los distintos personajes van conociéndose entre ellos mismos como familiares, como parte de un clan que no solo tiene un origen en común, sino también un lugar único en el transcurrir histórico.
El film de Klapisch es simple y hermoso. Con un elenco de lo más popular en Francia, contando con actores y actrices como Suzanne Lindon, Vassili Schneider, Vincent Macaigne y la aparición estelar de Philippine Leroy-Beaulieu como Sarah Bernhardt o también la inclusión menor de Pomme, Los colores del tiempo plantea por lo menos dos temáticas que intentan resolverse en la obra. Por un lado pone en escena la dificultad de conocer el pasado, tanto el familiar como el histórico. Y por el otro, problematiza la desconexión, el imperio de la individualidad a la que nos vemos sometidos a través de algoritmos. Por medio de escenas donde el humor, los sentimientos y cierta sofisticación se conjugan, los protagonistas de esta película se conocen entre ellos pero también a ellos mismos. En este recorrido hacia el autoconocimiento, como familia y como nación, la ternura está a la orden del día, generando buenos momentos y algún que otro recuerdo.
Lo único que juega en desmedro de la obra es el afán pedagógico que figura entre líneas. De a momentos, la película se convierte en un artículo de Wikipedia y se nombran figuras importantes como la de Victor Hugo, Camille Pissarro, Félix Nadar o Baudelaire como si significaran algo por sí solas. Fuera de contexto, o más bien, en un terreno ficcional ambiguo, estos mitos pierden brillo o cierta aura. Sin embargo, estas situaciones son mínimas y generalmente logran acompasarse con el fluir de los eventos.
El cine no está hecho solamente de grandes gestos o pequeñas maniobras. Habitualmente, es la medida justa la que lo lleva lejos. El filme de Cédric Klapisch, como gran parte de su filmografía, tiene eso. Se aleja del exceso pero tampoco apuesta a lo mínimo. Transita un camino que linda entre la cinematografía francesa más clásica y el motivo contemporáneo. Es esta fusión de tiempos y estilos lo que caracteriza su relevancia. Un péndulo constante que oscila entre el pasado con senderos que se bifurcan y un futuro esperanzador.
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(Francia, 2025)
Dirección: Cédric Klapisch. Guion: Cédric Klapisch, Santiago Amigorena. Elenco: Suzanne Lindon, Abraham Wapler, Vincent Macaigne, Julia Piaton, Zinedine Soualem, Paul Kircher, Vassili Schneider, Sara Giraudeau, Cécile de France, Olivier Gourmet. Producción: Bruno Levy. Duración: 126 minutos.









