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Cine

Crítica de “Toy Story 5”, film dirigido por Andrew Stanton y McKenna Harris

LA SAGA LÚDICA¹

En medio de avispados chistes, la quinta entrega resuelve a su conveniencia dilemas morales sobre nuevas tecnologías. Ahora Jessie quiere integrar a Bonnie a su entorno. También sus viejos. Por esto ellos le compran una Lily pad. Así se generan rencillas entre los juguetes de la realidad y los digitales.

De varias maneras, conmueven algunos momentos por los detalles en la imagen a la vez que se escenifican parecidos a los de las entregas previas. Tales repeticiones, como la de Bonnie y Blaze, la nueva amiga, compartiendo juguetes en casa de la menor, hacen pesada la duración total aunque no llega a cien minutos.

La historia se acomoda a nuestros tiempos de pantallas portátiles pero ni de refilón las grandes son mencionadas. Total, muchas obras de Pixar son vistas en aquellos, además el éxito nostálgico en taquilla está asegurado. Dentro y fuera de la imagen, tablets, laptops y móviles reemplazan hábitos cotidianos para relacionarse entre afectos. Por ende, eso a los creadores les pone en mayor aprieto. Subrayar los problemas éticos de las crianzas aceleradas de hoy en día cuestiona lo que ellos mismos trabajan. Entonces ocurre la esperable conciliación de protagonistas y ‘villana’. Presente ya en las dos entregas previas, ahora convivirán lo digital y lo manual. El guion de Stanton y McKenna Harris ofrece pocos hallazgos al respecto.

La inclusividad aquí, por su parte y para colmo, se limita a las tecnologías electrónicas. No se expande ni siquiera a acuerdos sentimentales. Buzz Lightyear, por ejemplo, quiere plantearle matrimonio a Jessie, y ella al final accede. Las pre-púberes protagonistas juegan a tal fantasía.

Quien suscribe pide, contradictorio e ingenuo, una aceleración en las representaciones de las tan nominadas ‘minorías’. Este quinto encuentro con la banda de juguetes hace que parezca mucho lo faltante en el cine hollywoodense de animación. Como dice Jessie a las apuradas: no importa cuán rápido o lento crecen, más importa acompañar [a la niñez]. ¿Queda conformarnos?

Encima de todo lo antes mencionado, destacan el valor lúdico en las crianzas y la funcionalidad dispersa de las figuras paternas. Ambas han relucido antes en pos de lo transformativo. Ya en internet se consiguen provechosos abordajes sobre la teoría del psicoanalista Donald Winnicott² aplicada a Toy Story (1995/2026), como esta conversación de Jorge Luis Cortés y Myriam De Luna o este de Héctor Mendoza.

Al final, mientras corren los créditos, persiste la sensación. Estamos ante una leve estafa moral de la cual el equipo creativo se había liberado en décadas anteriores. Los juguetes nos siguen acompañando entre escapes y risas. A lo mejor aquello fue un engaño, y hay que donarlos manteniendo fresca la necesidad de jugar con la imaginación. Así lo transicional concrete ojalá un cambio más evidente para generaciones venideras.

¹ Saga en un doble sentido: el familiar y el amistoso. Ambos son rasgos adjudicables a un juguete durante la infancia y están atravesados además por lo fantasioso para la resolución/aprendizaje de las aventuras.

² A continuación se puede leer en digital su libro más reconocido donde funda su teoría.

(Estados Unidos, 2026)

Guion, dirección: McKenna Harris, Andrew Stanton. Elenco: Tom Hanks, Tim Allen, Joan Cusack, Conan O’Brien, Greta Lee, Bonnie Hunt, Ernie Hudson, Bad Bunny, Annie Potts, Keanu Reeves. Producción: Jessica Choi, Lindsey Collins. Duración: 102 minutos.

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