A Sala Llena

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De la ferocidad de las mujeres, las telenovelas de la tarde y una cabeza humana…

De la ferocidad de las mujeres, las telenovelas de la tarde y una cabeza humana…

Se suponía que hoy iba a  hablarles del poder de las mujeres, bah, en realidad iba a meterme con la ferocidad de las mujeres. Pensaba reflexionar sobre algunas películas  o series de televisión que pivotearan en esa ferocidad, para ponerme a hablar con ustedes acerca de la paleta tan vasta como misteriosa de instintos femeninos y de cómo, cuando algunos se liberan de manera brutal, llegan a desatar series de acontecimientos espectacularmente aterradores.


También haría algunos enunciados acerca de cómo las mujeres mantenemos bastante a raya la brutalidad y solemos enfocarnos en las partes más “seguras” de nuestra naturaleza. La maternidad suele canalizarnos casi toda la energía salvaje y eso mantiene a la parte feroz, a la parte peligrosa, a la parte reñida con la civilización fuera de la vista, casi anulada.  Pero siempre está allí, siempre, y es mucho más terrible que la de los hombres. Por supuesto, ellos la descargan  más seguido que nosotras, después de todo es natural, no tienen la ventaja de poder cargar la gestación de la cría, no pueden dar a luz, no pueden alimentarla y, es solo lógico, observar que en algún lado tienen que poner toda esa fuerza. Es por eso que vemos más a menudo la brutalidad de la mano de los hombres. Pero no se confundan, la naturaleza femenina desatada, es infinitamente más terrible.

Pensaba meterme con Kill Bill, La Dama de Hierro, Evita, Erin Brockovich, Medea, Pequeños Sacrificios, Amas de Casa Desesperadas, Nikita, Las Brujas de Salem, Juana de Arco, Game of Thrones… y unas cuantas más por el estilo, que me ayudaran a graficar desde distintos ángulos, el tema que tenía intenciones de abordar. De hecho, pretendía aventurarme bastante y hacer afirmaciones del tipo “Las mujeres no respetamos los pactos de caballeros, así que, no sé horroricen después de habernos subestimado” o algo peor como “Todas las mujeres fantasean con asesinar a sus hijos en algún momento y la que diga que no,  miente” u otra, mucho más fronteriza: “No existe la envidia fálica, es solo la teoría de un tipo que lo único que quería era volver al canal de parto y era tan feo que se le dificultaba”. Pero después pensé que, tal vez, el asunto se me podía ir de las manos y, muy probablemente me saltaran a la yugular multitudes embravecidas. Algunos vendrían con la intención noble y civilizada de desmentirme pero, otros (que nunca faltan) se subirían al poni de las convicciones infranqueables, las teorías científicas, los súper-valores morales, las concepciones personales (y por ende indiscutibles) de los que es natural, la religión, el patriotismo, el poder seminal y la mar en coche; la verdad, de solo pensarlo me daba una fiaca de proporciones monumentales.  Para qué iba a arrancar con todo el asunto, cuando es infinitamente más cómodo resignarse y parafrasear a la Stacy Malibu de Lisa Simpson con su “solo soy una chica”.

Si, hoy me voy a quedar con eso y no voy a tratar de meter una patriada. De hecho decidí que, después de mi clase de Pilates, me calentaría una sopa de anoche y me tomaría un rato para ver telenovelas centroamericanas que, debo decir, son cada vez de peor calidad y, a medida que pasa el tiempo, las tramas y las actuaciones son mas y  mas espantosas. Dónde vamos a parar si ya ni en las telenovelas de la tarde se puede confiar. Como para que no andemos todas agarrándonos a patadas con el mundo. Qué ha hecho la industria con los grandes clásicos como Café con Aroma de Mujer, Alondra o Corazón Salvaje (una obra maestra que algún quijote debiera llevar al cine para deleite de las damas cachondas). Por favor,  Crepúsculo llegó a la gran pantalla y no son culo de filmar Corazón Salvaje, horda de mojigatos manya orejas de los imberbes. Dos hermanas, enamoradas y re calientes con el mismo hombre, una mala y una buena, ¡qué romántico, por favor! Uno de los dilemas más importantes a los que se enfrenta la humanidad. En fin, me fui por las ramas…

Les contaba que me puse a mirar la tele y, mientras todas estas cuestiones de la ferocidad femenina me daban vueltas en la cabeza (aún sabiendo que no trataría el tema) me puse a hacer zapping por los canales de HBO y, para mi superficial deleite, enganché la comedia romántica ideal, que me refrigerara los pensamientos afiebrados y me adentrara en un estado más burbujeante y divertido.

La Cruda Verdad, de Robert Luketic, se estrenó por allá por 2009 en los cines y, por supuesto, todo el mundo sabía que era una de esas películas catalogadas como “para chicas” que, a la larga, a todos nos gustan mucho. Es cierto que el género no es de los que reinventen la rueda, aunque tiene sus maravillosas excepciones, pero es uno de los que más le ha dado de comer a Hollywood a lo largo de toda su historia. Protagonizada por Katherine Heigl y Gerard Butler, la película cuenta la historia de una productora de televisión y un columnista misógino, que primero no se toleran, después se hacen amigos y, finalmente, se enamoran como locos. Él tiene una columna sobre relaciones hombre-mujer en el programa de tv que ella produce y llega hasta vestirse con un traje de gorila, en redonda alegoría a sus comportamientos animales. Típicamente, se vanagloria de sus conquistas sexuales, está más bueno que rascarse cuando nadie te mira y arrastra un corazón, algo así como roto. Por su parte, ella es una trabajadora compulsiva, muy exitosa, controladora, inteligente y sensible, que quiere casarse y tener bebés. Obviamente, aunque todo parezca estar en su contra, el amor se abre paso olímpicamente, como siempre sucede en estas cintas, y nos quedamos felices. Hasta ahí, todo bastante bien, pero lo mejor que tiene esta película, es que el guión es sorpresivamente fresco, con algunos gags bastante arriesgados, que la sacan  de los convencionalismos que tiene el género.

A la Heigl le gusta poner el cuerpo en esas comedias. Desde Ligeramente Embarazada hasta Bajo el mismo Techo, las que elige suelen distinguirse por algún rasgo que se sale del trazado original y se vuelve un poco más osado y por ende, más interesante. Ella es la chica perfecta. Es hermosa pero amigable, no es delgada al punto de la estupidez y no se ha rellenado la cara como un raviol todavía, lo que la vuelve “hot” para los muchachos y querible para las chicas.  Gerard Butler le aporta rudeza al galán, cosa que al rol le viene como anillo al dedo y le da esa cualidad viril que todos los hombres admiran. Ya lo habíamos visto en la maravillosa Posdata te Amo y, obviamente en 300, y sabemos que el chico es bastante versátil. Pero en esta encarna a un tipo que, a pesar de todos sus esfuerzos, nunca puede dejar de transmitir sensibilidad y dulzura, aunque estos rasgos permanezcan ocultos la mayoría de las veces.  La pareja que hacen es verdaderamente explosiva y me gustaría ver esa química nuevamente en la pantalla, aún en otra comedia romántica. Los dos son actores remarcablemente inteligentes.

La Cruda Verdad es la película ideal para ver con los huevos de Pascua que estamos próximos a engullir en estos días y es una alternativa excelente para el feriado, si uno no está de humor para encarar las maratones interminables de cintas de Charlton Heston.

Y si, para redondear les digo que hay ríos de tinta para escribir sobre la ferocidad de las mujeres. Desde ya, volveremos a tomar ese tren prontamente, urgentemente, pero no hoy. Hoy me voy a quedar con la parte blanda de mi naturaleza y me voy a poner a hornear una enorme torta de chocolate, o un budín de mandarinas, o una bandeja de galletas marmoladas o tal vez, solo tal vez, una cabeza humana, todavía no me decido…

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