A Sala Llena

Django sin Cadenas, según Tomás Maito

Un Tarantino desencadenado.

Lo primero que se puede decir de Tarantino es que es un tipo que cree en lo que hace, que aprovecha su cinefilia y -como pocos- emplea cada recurso que le brinda el dispositivo cinematográfico para hacer lo que más sabe: crear historias y sus respectivos personajes. El realizador estadounidense es un maestro de la cita, sabe encajar cada pieza que tiene en su memoria en función de la creatividad de cada uno de sus films, que contienen una riqueza metadiscursiva muy pocas veces vista. El cine de Tarantino es sobre el cine y constantemente se propone homenajearlo, pero siempre como augurio constructor de una historia original, propia de su estilo característico.

Con Django sin Cadenas, su nuevo film, Tarantino incursiona en lo que es el spaghetti western, género que parece haber sido creado para el universo del director, ya que en su cine no son frecuentes los buenos, sino que sus personajes son -a lo sumo- antihéroes que transitan la inmoralidad. Los buenos nunca terminan siendo buenos y sus pensamientos oscilan entre las temáticas principales de la mayoría de las películas de Quentin: la violencia y la venganza. Con una estética sucia y apagada, bien al estilo La Pandilla Salvaje de Sam Peckinpah o Por un Puñado de Dólares de Sergio Leone, Django sin Cadenas desarrolla una historia atrapante que, de a poco, gracias al montaje y a la música, resulta llevadera y mantiene constantemente el hilo narrativo.

Como en el cine de Leone, en esta nueva película los héroes son forajidos, dos desquiciados cazarrecompensas carentes de moral con el fin de conquistar su objetivo: el Dr. Schultz (Christoph Waltz) y el propio Django (Jamie Foxx), un joven de raza negra que el primero recluta para que lo ayude en sus andanzas. Como ya lo había hecho, en parte, con Jackie Brown, Tarantino explora, una vez más, la blaxplotation y, en este caso, crea un film crudo sobre la esclavitud antes de la Guerra Civil. Como es habitual en sus películas, el director sabe cómo mostrar el contraste perfecto entre la dura época que retrata y una delicada dosis de humor negro, generando así un clima grotesco y de comicidad, como ya lo había hecho en Bastardos sin Gloria y el legado de los Nazis en la Segunda Guerra Mundial.

Otro punto para destacar de los films de Tarantino es la elección de los actores; en este caso, Waltz compone otro personaje para el recuerdo después del Coronel Landa. Pareciera que el director hubiese encontrado a su nuevo actor fetiche. También se destacan las actuaciones de Foxx, y las de Leonardo DiCaprio y Samuel L. Jackson en papeles secundarios.

A pesar de ser otro film con alta dosis de ultra violencia, Django sin Cadenas tiene una esencia bastante diferente de los anteriores films del realizador; si bien está presente la habitual espectacularidad mediante una catarsis pseudo rockera, esta nueva obra también muestra su lado más sensible y dramático y hasta deriva en una subtrama romántica que es de gran funcionalidad a nivel argumental. Sin dudas, ésta es otra gran película de Tarantino, que no solo sigue reescribiendo la historia del cine, sino que cada vez se afianza más con su particular estilo y forma de mirar y hacer el cine.

calificacion_4

Por Tomás Maito

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