A Sala Llena

Dos Armas Letales (2 Guns)

(Estados Unidos, 2013)

Dirección: Baltasar Kormákur. Guión: Blake Masters. Elenco: Denzel Washington, Mark Wahlberg, Paula Patton, Bill Paxton. Producción: Marc Platt, Norton Herrick, Randall Emmett, George Furla, Ross Richie, Andrew Cosby. Distribución: Alfa Films. Duración: 109 minutos.

Thunder buddies for life.

Si tuviera que definir sobre qué trata Dos Armas Letales, diría que es una película sobre quién la tiene más grande. Una película en la que todos se la pasan midiéndose las pijas durante la totalidad del metraje. Bobby (Washington) con su partner Stig (Wahlberg), con el narco Papi Greco, con el agente de la CIA que interpreta Bill Paxton, y como no podía faltar, hasta con un toro. Todos con (y contra) todos. La de Kormákur es una película construida exclusivamente para que sus estrellas brillen. Acá no importa nada, ni la trama, ni el giro principal -que ya se deschava en el tráiler de más de tres minutos- ni el desenlace, y menos que menos si alguno de los personajes secundarios muere. Lo único que importa son las actuaciones. Denzel Washington y Mark Wahlberg son las vedettes de esta película.

Bobby y Stig  comienzan como un par de compañeros que trabajan juntos -no sabemos bien por qué-, y el giro es que ninguno de los dos sabe que ambos son agentes secretos: Bobby en realidad trabaja para la DEA y Stig en la inteligencia naval. Una vez superado este pequeño detalle, ambos deciden que lo mejor es cuidarse el pellejo mutuamente y a partir de ahí, la película comienza una dinámica de camaradería que una vez que surge, aflora  a borbotones y no para de ascender hasta el final. La relación entre Bobby y Stig me recuerda a aquellas parejas de películas de los ‘80 que recurrían a la fórmula old school de las “buddy cop”, dos policías que unían fuerza y carisma para resolver un caso, cada cual con sus personalidades opuestas pero complementarias.

El  “I know a guy” Bobby de Denzel Washington está mucho más cerca de Frank Lucas en Gangster Americano que de Alonzo en Día de Entrenamiento, probándose sombreros y lentes de sol frente al espejo que combinan con cada cambio de ropa que viste, ya sea para robar un banco o darse una vuelta por la sala de interrogatorio. Mark Whalberg  por fin se relaja y comienza a desacartonarse para entrar en el clima de humor ácido y canchero que exuda la película de manera tan natural. La química entre Bobby y Stig tiene mucho de la de Mike y Marcus en Dos Policías Rebeldes, y como aquella, esta película coquetea con la violencia como gag y con el absurdo. Sobre el final de Dos Armas Letales, los protagonistas se ven envueltos en un tiroteo con los narcos, con la inteligencia naval y con la CIA mientras caen billetes prendidos fuego; todo mostrado en cámara lenta para que podamos apreciar el trabajo en equipo y con qué estilo se cargan a todos sin que les caiga ni una gota de transpiración. Pero todo esto es absolutamente coherente dentro de la lógica que maneja la película, así como en Dos Policías Rebeldes II había un gran travelling circular en la escena del tiroteo dentro de la casa de los haitianos. Son películas donde lo único que importa es la pareja protagónica y todo está puesto ahí por y para ellos: el guión, la puesta en escena, la música y la cámara. Dos Armas Letales es ante todo un bromance, porque incluso después de haberse traicionado, cuando podrían seguir cada uno por su lado, ambos buscan constantemente reencontrarse con el otro aunque esto signifique poner en peligro su propia vida. Lo importante nunca fue el dinero sino permanecer juntos.

En la era de las franquicias de nunca acabar, reebots y spin off hasta el infinito y más allá, es refrescante toparse con una película inteligente que sabe cómo hacer de los clichés y las convenciones -tanto de la buddy movie como de la comedia, del cine de acción y el policial-, una película original e ingeniosa, evitando el facilismo de construir el relato a base de chistes de refrito y pastiche de géneros –pero mal utilizados, dirigidos y guionados- como la reciente y fallida R.I.P.D. Si no hay intriga en Dos Armas Letales, es porque el “tell all tráiler” anula esa posibilidad pero ese detalle es irrelevante porque insisto, suspenso no es lo que le interesa generar al director de Contrabando. Su búsqueda reside en la puesta en escena al servicio de las actuaciones. Pero lo que más me gusta de películas como ésta, es que dejan la sensación de que los protagonistas no están actuando, que simplemente hacen lo que saben hacer, que es ser cool; sea en la película que sea, y en cualquier papel que interpreten.

Uno por ser un gángster  o un policía corrupto dueño de cualquier ghetto; el otro porque tiene un oso de peluche que habla o una pija más grande que la de Fassbender. De cualquier manera, Dos Armas Letales es un recordatorio del poder y el carisma de las estrellas de cine. Y no hay nada más cool que eso.

calificacion_3

Por Elena Marina D’Aquila

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