A Sala Llena

Drácula 3D

(Italia/ Francia/ España, 2012)

Dirección: Dario Argento. Guión: Dario Argento, Enrique Cerezo, Stefano Piani y Antonio Tentori. Elenco: Asia Argento, Rutger Hauer, Thomas Kretschmann, Unax Ugalde. Producción: Enrique Cerezo, Roberto Di Girolamo, Sergio Gobbi, Franco Paolucci, Giovanni Paolucci. Distribuidora: CDI Films. Duración: 106 minutos.

Colmillos a la italiana.

La producción de los últimos lustros del mítico Dario Argento ha experimentado distintos desniveles que se condicen con una etapa en la carrera de un artista que ha pasado su pináculo creativo pero que sigue dando batalla, por lo que sólo un necio pondría en la misma bolsa films tan disímiles como los del período considerado. Tuvimos desde obras logradas como La Madre de las Lágrimas (La Terza Madre, 2007), Insomnio (Non Ho Sonno, 2001) o Jenifer (2005), su capítulo para Masters of Horror, hasta opus pobres como El Jugador (Il Cartaio, 2004), Giallo (2009) o la televisiva Ti Piace Hitchcock? (2005).

A nivel general podemos afirmar que Terror en la Ópera (Opera, 1987) fue el “broche de oro” del tramo más enriquecedor de un devenir profesional sustentado en el preciosismo visual, las truculencias más enrevesadas, el gore explícito y la profundización esotérica de la dialéctica del thriller clásico. Si bien durante la década de los 90 nos ofreció propuestas interesantes como Trauma (1993) y Syndrome (La Sindrome di Stendhal, 1996), el carácter errático ya estaba más que asentado y así el señor comenzó a intercalar odas cariñosas al cine de otras épocas y autohomenajes sinceros en donde retomaba viejas manías de antaño.

Drácula 3D (2012) se ubica en un peldaño intermedio entre la majestuosidad de la “trilogía de las madres” y el carnaval -tan clasicista como enajenado- de El Fantasma de la Ópera (Il Fantasma dell’Opera, 1998), su otra interpretación de una novela archiconocida dentro de la cosmología particular del género en cuestión. En esta ocasión el principal punto de referencia fue Drácula (Bram Stoker’s Dracula, 1992), aquella exquisitez a cargo de Francis Ford Coppola que a su vez funcionaba como una lectura ampulosa y melodramática de las bellas versiones de F. W. Murnau, Tod Browning, Terence Fisher y Werner Herzog.

Modificando algunos detalles en lo que respecta al desarrollo central, Argento utiliza la historia prototípica como excusa para entregarnos una verdadera catarata de tomas etéreas, diálogos exasperados, CGI de dudosa factura, señoritas con una anatomía prodigiosa, asesinatos furtivos y un diseño de producción sobrecargado. Mientras que Marta Gastini encarna a Mina y la eterna Asia Argento hace lo propio con Lucy, Rutger Hauer personifica a Van Helsing y el alemán Thomas Kretschmann le pone los colmillos al conde, hoy más ciclotímico e impiadoso que nunca, siempre obsesionado con recuperar el amor perdido…

calificacion_3

Por Emiliano Fernández

 

La conspiración del conde.

Cuesta recordar la última vez que se estrenó un film de Darío Argento en las salas de nuestro país, pero también es razonable teniendo en cuenta la decepción, a nivel cinematográfico, que resultaron las últimas producciones del maestro del “giallo” en las últimas dos décadas. El caso de esta versión de la clásica y demasiadas veces revisitada obra de Bram Stoker se puede leer desde diversas perspectivas. Es verdad que no se la puede tomar seriamente. De hecho por momentos resulta más divertida que la sátira dirigida por Mel Brooks hace casi 20 años atrás. Pero desconcierta, acaso, el tono romántico y melancólico que el film va adquiriendo con el pasar de los minutos.

También resulta llamativo porque Argento y sus guionistas decidieron sacar el nombre de Stoker de los créditos, teniendo en cuenta que se trata de una versión bastante fiel en cierta forma, a la novela original, estructurando el relato a través de cartas y memorias incluso. A pesar de que Thomas Kretschmann en el rol del famoso chupasangre tiene una fuerte presencia visual se trata de una visión bastante coral, dado que se van rotando los protagonistas. Cada personaje tiene su cuota de protagonismo y esto dificulta la identificación del espectador. En la historia no se presentan demasiadas novedades, salvo que Jonathan Harker llega a Transilvania en calidad de bibliotecario para calificar los libros del Conde, que es el principal benefactor económico de la ciudad. Aunque se van sucediendo diversos asesinatos, el pueblo calla (¿metáfora berlusconiana?) para que el poderoso Conde, principal sospechoso, no deje de aportar al “progreso” de los habitantes. Esta suerte de conspiración recuerda bastante a la de otros films del director de El Pájaro de las Plumas de Cristal como la trilogía de las madres brujas: Suspiria, Inferno y La Madre de las Lágrimas.

Otro aspecto relativamente novedoso es la fuerte presencia de Tania, una de las víctimas del Conde, posteriormente convertida en vampiresa súbdita, a la que Argento convierte en una suerte de femme fatale que cumple un importante rol dentro del circuito romántico del film, que integran Drácula, Mina y Jonathan Harker, e incluso el psicótico Renfield, perdidamente enamorado de Tania. Argento le da un tono gótico similar a las producciones más grotescas de la Hammer. De hecho, los efectos 3D son bastantes anticuados y remiten más a los usos que se le daba a dicha tecnología en los 60 y 70s con objetos que parecen salirse de la pantalla, que al uso que le dan las producciones hollywoodenses, que pretenden aprovechar la profundidad de campo del mismo efecto.

Argento es básico pero efectivo. Consigue que el 3D se note realmente. Es obvio, que no es tecnología de última generación, pero al menos da la sensación que la elección visual resulta acertada. Sí, no es un film demasiado ingenioso, pero sí bastante bizarro. Drácula ya no se convierte en murciélago sino que puede ser una lechuza, un lobo, una acumulación de moscas o un grillo gigante (¿?). Estas libertades que el maestro se toma con respecto a la novela y otras adaptaciones, generan efectos más risibles que aterradores. Los asesinatos son viscerales, Argento no evade el morbo y gore, y es cierto que la mayorías de las interpretaciones provocan más risa que tensión. Pero también hay otras más interesantes. Marta Gastini como Mina es bastante convincente, Asia Argento en un tono más sobreactuado le aplica un nivel intencionalmente ridículo a su Lucy y sin lugar a dudas, el legendario Rutger Hauer le aporta una sobriedad y elegancia encantadora al Dr. Van Helsing. Imposible no aplaudir esta decisión. La asociación Hauer/Argento es completamente natural.

Cinematográficamente es errática y fallida. La fotografía, el color, los efectos y especialmente el montaje son malos. O sea, la poca importancia que le da Argento a los aspectos técnicos es alarmante para un director que viene filmando hace cuatro décadas. Sin embargo, esta pobre concepción visual se da de la mano con las pobres actuaciones de los intérpretes italianos, y sumado a los sobreexplicados diálogos de las escenas finales, cierta solemnidad en el personaje del Conde y decisiones estéticas poco afortunadas dan como resultado una producción clase B, con elementos de culebrón que la convierten en una propuesta bastante divertida, a pesar de todo. El maestro del terror no está en forma: Giallo y La Madre de las Lágrimas eran muy pobres, pero Drácula, aún con bastantes torpezas, se disfruta gracias a sus propias imperfecciones.

calificacion_3

Por Rodolfo Weisskirch

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