A Sala Llena

El Gran Simulador, según Luciano Mariconda

El Gran Simulador relata, en forma de documental, la vida de René Lavand. Para quienes no conozcan esta figura (podríamos suponer una gran parte del público joven del BAFICI), se trata de una eminencia en el ilusionismo nacional. Frenkel extrae de los testimonios del ilusionista (nunca le digan “mago”) pensamientos, recuerdos, miedos y ocurrencias de la vida cotidiana para formar una suerte de memoria fílmica de una vida marcada por el engaño y el mito. Engaño por, naturalmente, su trabajo; mito, por la construcción que se tejió alrededor de su figura (de la que sobresale no tener mano derecha y las sospechas sobre qué le ocurrió).

Hay algo universal en el film de Frenkel. Algo que -en su tono, composición, presentación- lo acerca a toda clase de público. La sala llena de jóvenes disfrutaba cada una de las ocurrentes intervenciones de Lavand, posiblemente sorprendidos ante una presencia encantadora e irresistible. Sin embargo, se puede suponer que El Gran Simuladorserá disfrutada por aquellos que compartieron la misma época que el ilusionista (evidencia número 1: mi abuela).

Otro destello de la universalidad de esta película surge a partir de la atmósfera empleada por Frenkel. Se trata de un documental cuidado, profesional, prolijo en lo que quiere mostrar y la manera en que hace. A partir de esta consideración, aparece un problema en El Gran Simulador. Todo se supone demasiado simpático y por momentos, cae en simpleza. Por ejemplo, todos los días llaman a la casa de Lavand pidiendo un remís, claramente porque el número se parece demasiado. Lavand los insulta y corta. Esta situación -muy graciosa, hay que aclararlo- se repite hasta en el último plano de la película.

Sin embargo, cuando Frenkel opera con inteligencia puede crear escenas muy logradas como la que deposita a Lavand como protagonista de un cuento que le regala un viejo amigo. Es la historia de un hombre que debe luchar contra el azar y que, para su sorpresa, termina ganándole. La secuencia sorprende por su ingenio y por un momento se alía con el arte de Lavand. El arte de sorprender.

calificacion_4

Por Luciano Mariconda

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