A Sala Llena

El Hobbit: Un Viaje Inesperado, según Tomás Maito

Apología del aburrimiento.

Peter Jackson es uno de los realizadores más destacados de las últimas décadas, con distintas etapas en su filmografía. Una primera instancia de films bizarros y entretenidos como Mal Gusto o Braindead, y otra en la que supo enmarcar su arte con una esencia más popular, período en el que logró interesantes trabajos como la trilogía de El Señor de los Anillos o la remake de King Kong -no me olvido que en el medio hubo una obra maestra como Criaturas Celestiales-. El primer inconveniente surge con la ridícula y olvidable Desde Mi Cielo. Con El Hobbit: Un Viaje Inesperado, el realizador neozelandés logra un producto que no sobresale desde ningún punto de vista.

Sin dudas, esta primera entrega de El Hobbit era uno de los films más esperados del año ya que, tras el éxito de las tres películas de El Señor de los Anillos, había bastante expectativa respecto de esta transposición al cine de la historia inicial que dio pie al universo creado por J. R. R. Tolkien. La cuestión es que tanto La Comunidad del Anillo, Las Dos Torres como El Retorno del Rey eran obras sumamente llevaderas que, gracias a un atrapante mundo cinematográfico creado por Jackson, teñían ciertas aventuras de emoción y epopeya. Con El Hobbit: Un Viaje Inesperado pasa todo lo contrario: a lo largo de más de dos horas y media de metraje nunca sucede nada trascendente y las acciones se diluyen en el comienzo de la búsqueda aburrida de un tesoro por parte de un grupo de enanos junto a Gandalf y Bilbo Bolsón.

Con escenas innecesarias que sirven solo de relleno, este nuevo film es una historia fantástica más. Si bien no se le pueden cuestionar ciertos valores técnicos y visuales, ya sea la construcción artística de la arquitectura de los sitios donde transcurren los hechos o los destacados e imponentes travellings que retratan esos grandes escenarios, ciertos artilugios solo transmiten una sensación de virtuosismo, sello característico del director. El problema radica en que toda esa creatividad visual no está reflejada en el plano dramático, lo que hace que las acciones sean tediosas. A esto se le suma el hecho de que los personajes resultan muy timoratos y que la música estilo celta carece de emoción. Así es como El Hobbit: Un Viaje Inesperado es una película desencantada y desprovista de magia, que nunca genera el contagio y la adrenalina que sí proponía la trilogía de El Señor de los Anillos.

Sin mucho más que decir, podemos concluir que esta nueva obra de Jackson deja demasiado que desear. El Hobbit: Un Viaje Inesperado es todo lo contrario a las buenas obras que su director supo realizar, uno de los pocos que fue capaz de enlazar lo artístico con lo popular. Esta vez Peter Jackson queda en deuda y, peor aún, aburre al espectador.

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Por Tomás Maito

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