A Sala Llena

El Hombre Solitario, Según Rodolfo Weisskirch

Como interpretar a un playboy y no aburrir en el intento.

 

Hace un par de semanas comentábamos, como Adrián Suar había desaprovechado la oportunidad de interpretar a un personaje interesante, un playboy que no se anima a admitir su edad, y cómo ante el hecho de descubrir que tiene una hija y va a ser abuelo termina por reevaluar su calidad de vida. Pero el actor, llenó al personaje de detalles superficiales, histrionismo, absurdo y artificialismo. O sea, hizo una caricatura, una publicidad de cartón con un personaje que merecía más suerte. Tampoco ayudaba el guión vale aclararlo.

En la crítica de Igualita a Mí, también decíamos que su personaje era similar al que interpretaba Michael Douglas en El Hombre Solitario.

Pero hay dos notables diferencias entre la obra de Kaplan y de la dupla Koppelman/Levien. En primer lugar, en vez de divagar en subtramas que nunca lograban profundizarse, el film estadounidense realiza un verdadero estudio sobre las consecuencias que genera en su contexto y por lo tanto en su relación con las personas, esta “adicción” a tener relaciones sexuales efímeras con mujeres de 20 años. Por otro lado, y más fundamental acaso, que el actor elegido para encarnar el rol protagónico nació para interpretar este personaje… O mejor dicho Ben Kalmen nació para Michael Douglas.

En uno de esos roles que derivan en la posibilidad que un actor veterano, consumado, logre resarcir de las cenizas y volver al primer plano, coincido con varios colegas de tierras norteamericanas que la interpretación de Douglas bien podría ser merecedora de un Oscar, estatuilla a la que aspiran todos los actores estadounidenses. Douglas ya se llevó gracias a Wall Street en 1987. Durante la década del ’90, su carrera fluctuó entre trabajos interesantes (Bajos Instintos, Acoso Sexual) hasta algunos mediocres. En el año 2000 reapareció con dos trabajos interesantes: Traffic (dirigida por Soderbergh, productor de El Hombre…) y Un Fin de Semana de Locos (Wonderboys),una de las mejores actuaciones de su carrera, injustamente olvidado por la Academia. No sería alejado decir, que en El Hombre Solitario hace su mejor interpretación desde entonces.

Kalmen es un chanta, un mujeriego al que nunca le faltan chamuyos para seducir mujeres al menos 20 años más jóvenes que él, pero esto que podría derivar en una comedia se convierte en un drama, cuando se vayan desencadenando una serie de eventos que provoquen que Kalmen, se conviertan en un solitario por culpa de sus actos. Kalmen salta de una mujer a otra, perdiendo la confianza de su esposa, su ex y su hija, para terminar dando consejos a un joven universitario (Jesse Eisenberg, a esta altura encasillado como el adolescente “virgen” del nuevo cine estadounidense) y suplicando a un amigo que no veía hace 35 años que lo vuelva a aceptar (Danny DeVito, en un rol que parece que no le demandó mucho trabajo: es amigo de Douglas hace más de 40 años).

Koppelman y Levien (directores de Hijos de la Mafia, y guionistas de Confesiones de una Prostituta de Lujo) logran los mejores momentos cinematográficos cuando muestran a nuestro antihéroe solo, miserables, patético.

El tono de la película es distante pero certero: los directores no se burlan de su Quijote que lucha contra el paso del tiempo. Sienten lastima, pero no lo llevan a extremos absurdos y tampoco lo usan como arma moralista y demagógica para crear un melodrama. El ojo de los directores encuentra un tono equilibrado entre el humor y lo sentimental, convirtiendo en humana a su creación, no generando una simpatía inmediata, aunque a fin de cuentas, Ben Kalmen resulta siendo querible. Y es ahí donde Douglas apuesta por un naturalismo y gracia que le eran ajenos desde hace tiempo. ¿Dónde empieza el personaje y donde el actor? A diferencia de Jeff Bridges en Loco Corazón que creaba un personaje marginal, de esos que les gusta premiar a los estadounidenses (no critico su cualidad actoral, la cual es soberbia), este personaje es como el de El Luchador con Mickey Rourke. Es imposible decir que hay otro actor capaz de interpretarlo.

El guión de Koppelman no intenta evitar algunos lugares comunes y transita un camino previsible. Sin embargo esto no molesta, porque los giros argumentales no resultan forzosos. La calma y seguridad que dominan al personaje, también se demuestra detrás de cámara.

Lo mejor que se puede decir de El Hombre Solitario es que nos regresa a un actor que habíamos perdido hace tiempo en comedias y thrillers mediocres, con interpretaciones caricaturescas y sobreactuadas. Un actor que heredó el carácter de su padre (el gran Kirk, que hubiese sido el intérprete ideal para este film, si se hubiese hace 40 años), su templanza y seguridad. Que sabe que no es un galancito, que acepta la edad que tiene y todavía logra sorprendernos de vez en cuando. Como sucede con el personaje de Ben Kalmen.

Y si al terminar la función, se quedaron con ganas de ver más de Michael Douglas, en un mes, vuelve Gordon Gekko.

 

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