A Sala Llena

El Secreto de sus Ojos, según Matías Abramowicz

Campanella es un director un tanto maltratado por la crítica. Siempre dicen que cae en golpes bajos o que es muy sensiblero. Quizás tienen razón, pero, ¿es esa una excusa para criticar a unos de los mejores realizadores del cine argentino actual? Si hay algo que se nota en su filmografía es el corazón que le pone a cada proyecto. La consecuencia son historias prolijamente contadas con actuaciones descollantes y unos diálogos que recuerdan al cine clásico de Hollywood, en este caso a los film noir. Es que El Secreto de sus Ojos ES un film noir.

Para darle credibilidad la historia es presentada a través de los personajes. Benjamín Esposito (Ricardo Darín), una suerte de Quijote que lucha contra la injusticia en momentos que la palabra era maltratada por varios, y Sandoval (Guillermo Francella), su Sancho Panza, un personaje entrañable que funciona como comic relief pero que juega un momento clave demostrando que los protagonistas de esta película no se mueven de una única manera. Inés (Soledad Villamil), una chica acomodada que viene a ser la jefa de estos dos tipos que no se contentan con una falsa justicia sellada en un papel. Inés también es el interés amoroso de Esposito y la historia romántica de él corre a la par de la de Ricardo Morales (Pablo Rago), viudo del caso investigado y que sirve como puntapié narrativo. Morales sigue perdidamente enamorado de su mujer aunque la hayan asesinado y ese será su motor (y el de Esposito) durante los 25 años en los que transcurre la historia.

Otra característica que completa a la película como un buen noir es la ausencia de la figura femenina. Hay sólo tres mujeres en la trama: Liliana Coloto (asesinada y violada, sólo es un motor para la trama), la mujer de Sandoval (no quiere hacerse cargo de su marido) e Ines, la única que se activa por momentos, pero que ante la presencia de un peligro sugiere la salida más fácil.

Esposito es una mezcla de héroe hitchcockiano y protagonista de film noir que se mete en un crimen que no debería estar investigando y con el cual empieza a meterse en problemas hasta complicarse en gran nivel.

 

Campanella es un gran contador de historias, pero tampoco hay que dejar de lado su pericia técnica. Todo el mundo lo dice: el plano secuencia sobre el Tomas A. Ducó es impecable, sin embargo tampoco hay que embobarse ante la fastuosidad y olvidar que el director de El Mismo Amor, la Misma Lluvia y El Hijo de la Novia tiene muy claro cómo contar sus historias desde una certera puesta en escena.

 

La dupla Darín-Villamil es una fija. Se complementan perfecto tanto para crear escenas amorosas hasta para generar tensión como en el momento del interrogatorio, del que no adelantaré nada, pero que tiene una potencia narrativa impecable. Del que todos hablarán será de Guillermo Francella y su Sandoval, un personaje adorable, muy bien interpretado moviendo la balanza entre el humor y la tragedia de un alcohólico que hace todo por su compañero (resulta interesante hacer una relectura donde para lucharle a esa gente uno tenía que estar borracho). Por último hay que destacar a un sorprendente Pablo Rago, interpretando a uno de los personajes más complicados de la película  y con el que viene la metáfora de la historia, fundida en la historia de Esposito.

 

Por último, el título El Secreto de sus Ojos está perfectamente elegido. Ahora, ¿serán los ojos de Sandoval espiando detrás de las gafas, los de Morales sufriendo y esperando, los de Isidoro Gomez mirando para el costado en las fotos o los de Esposito e Inés, esperando 25 años para cerrar una historia para empezar otra?

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