A Sala Llena

Feliz Día

Hola, lúmpenes, ¿cómo los trata la vida? ¿Ya se están preparando para la maratón de chupi y comida del DÍA DEL AMIGO?

Seguramente, los más pebetes no tengan ni que tomar carrera. Total, digieren un tractor con la misma rapidez que yo tardo en decir “gin and tonic” y la rockean hasta las siete de la mañana, sin siquiera tener que tomarse una Hepatalgina. Pero sepan que, para los que pasamos los treinta (hace nueve mil años), el preámbulo de la comilona y la pachanga se hace necesario, cuando no obligatorio, si se quiere seguir operando el resto de la semana.

Muchos de ustedes tendrán sendos planes y habrán roto el chancho para comprar regalitos, pagar el banquete, tipear strippers, llenar las bombitas de agua con kahlúa etc., etc… Otros, como yo, caeremos como peludo de regalo a la casa de alguna amiga a comer de arriba y brindar hasta hablar en cámara lenta. Sí, sí, variopintos planes tendrán lugar este lunes y se llevarán a cabo sin sombra de duda ni error y, aunque somos muchos y algunos no nos hemos visto jamás la jeta, quiero pensar que todos los amigos de esta columna tenemos un lugar tibio en el que refugiarnos este 20 de julio, lleno de caras amadas, fueguito en la chimenea y, por qué no, algo calentito para entibiar el alma.

En este espacio solemos rememorar pelis que tengan que ver con la amistad por estas fechas, pero este año vamos a cambiar un toque de rumbo, sin irnos demasiado a la banquina. Haré entonces un approach diferente y me quedaré esperando sus saludos y sus comentarios, para saber en qué andan. Me gustaría muchísimo enterarme de novedades y que se explayen todo lo que quieran con anécdotas, salutaciones y las siempre bienvenidas polémicas fogosas. Diciendo esto entonces, me lanzo a esta nueva pileta que me tienta invitante y, por ahora, se ve llena de agua transparente y amigable. Veremos en qué desemboca todo…

En mi vida, desde muy chica, me la he pasado buscando ejemplos que me ayuden a construirme. Por supuesto, estaban mi padre y mi madre, que son los primeros modelos que me brindaron nutrición y algún tipo de hoja de ruta para conformar ese tapiz aterrorizante que es mi personalidad, o mejor, mi propia humanidad. De ellos tomé mucho o poco, pero no quiero detenerme en qué o qué no, porque para eso está la terapia, jejeje…

Mejor salteémonos algunas páginas y comencemos a hablar de los ejemplos que elegimos cuando tenemos la mollera menos fresca y entramos a buscar opciones fuera del núcleo familiar. Y en algunos casos, las mejores alternativas las representan los amigos, ya sean reales, o de ficción. Por suerte, a estas alturas yo tengo de los dos tipos, y muy buenos. Pero no siempre fue el caso. A veces, para los que somos un poco complicados, los momentos de profunda soledad redundan en el descubrimiento de nuevos camaradas que no necesariamente existen en el plano real. Pero, anteponiendo la idea de que nadie es perfecto, para nosotros tienen casi el mismo valor que los de carne y hueso y, a veces, mayor impacto y significancia. ¿Quién no quiere un amigo que lo quiera exactamente como uno es, sin pedirle que cambie esto o aquello? ¿No es acaso perfecto el amigo que no nos chantajea con el cariño? Convengamos que es raro encontrar a alguien así temprano en la vida, algunos tenemos suerte, pero no constituimos mayoría. Y tal vez, hasta sin darnos cuenta, sí hemos cambiado un poco para que nos quieran, o para conservar a esas personas que nos parecen valiosas. Pero un buddy de pantalla, es un cumpa que no nos pide más nada que no sea que seamos auténticos. Y si no tenemos ganas de ser auténticos, tampoco se calienta por eso. Nos acepta todo el tiempo y sin condiciones. Y un vínculo así es la libertad más absoluta y maravillosa del mundo.

Es por eso que en esta columna he decidido pagar tributo a mis amigos de ficción. Esos que me ayudaron y me ayudan a ser lo que quiero ser o, por lo menos, lo que puedo. Esos que me dan ejemplo y me instan a no rendirme y que se muestran como modelos para imitar, para evitar, para amar, para odiar, para sentir, para luchar, para aprender, para morir, para lo que sea sin quejarse, con el más absoluto de los altruismos y con cuantas repeticiones haga falta.

Ejemplo 1 – La Princesa Leia: me mostró que se podía ser diferente, bicho raro, luchadora y mujer. Y que, si tenía ganas, podía usar un bikini para conseguir lo que quisiera, solo por tener tetas y culo que son lo mejor del planeta.

 2- Ben Crandall (Ethan Hawke en Explorers) me hizo confiar en que había extraterrestres allí afuera y me dio la idea de crear un club infantil de investigaciones OVNI con un grupo de amigos. (Sí, yo era el peor tipo de nerd, el que tiene malas notas. Todas las patrañas y ninguna ventaja).

 3- Billie Jean, el personaje que hacía Helen Slater en La Leyenda de Billie Jean. Me caló tan hondo que me rapé la cabeza esperando lucir tan bella y badass como ella. ¡Sorpresa, no fue así! Pero quién me quita lo bailado…

 4- La sirena Madison de Splash: esto fue un redondo brote psicótico, quería ser una sirena… Pensé que pasando el suficiente tiempo en el agua, me crecerían escamas. A veces, todavía lo pienso, ¡ejem!.

 5- Carrie Bradshaw: me gustan la pilcha, los zapatos, los tragos, hablar sola y los hombres. Ah, ¿mencioné que soy columnista?

  6- Laura Ingalls: porque a veces uno tiene amigos que no entiende.

  7- Darth Vader: me hizo aproximarme a mi propia condición humana como nadie. Me enseñó que la raíz del mal es el miedo. Y, sobre todo, me ayudó a amigarme con mi lado oscuro, que es amplio y vasto, pero que me asusta cada vez menos.

  8- Obi Wan Kenobi: lo odiaba como odiaba a mi padre y lo amaba igual. Cuanto más confusa era la relación con mi viejo, más odiaba a Obi Wan y viceversa. Fue un amigo puchimbol al que recurrir en momentos de impotencia.

  9- Fanny Brice: me convenció de que para ser bella no tenía que ser perfecta. Que podía enganchar un bombonazo sin operarme la nariz, ni las tetas. Que el sentido del humor, el talento y la inteligencia, eran tan buen anzuelo para un galán, como la panza chata y los ojos rasgados. Y que el don era algo para cultivar y para agradecer a Dios todos los días de la vida.

 10- Un último ejemplo, aunque tengo muchos más, y hagámoslo doble para engrosar las filas de la comparsa: Vanessa Ives (Penny Dreadfull) Daenerys Targaryen (GOT). Digamos que las dos montan dragones, por diferentes motivos, pero los montan al fin. Una metafóricos, la otra reales. Una es la oscuridad, la otra es la luz. Y las dos me constituyen y me enseñan en medidas casi iguales. Ahora, si me preguntan cuál va ganando, solo puedo contestarles que es esa misma pregunta la que me hago cada día de mi vida. Ojalá que falte muchísimo para saber la respuesta.

Ustedes me dirán que, a la larga y como pasa muy seguido, solo hablé de mí y de mis alucinaciones y fantasmas. Que como hago siempre, convertí algo que tenía que ver con los otros, en cosa mía, en devaneo narcisista. Y tendrán algo de razón. ¿Pero no somos acaso nosotros parte constituyente de nuestros amigos, como son ellos constitución nuestra? ¿No son los amigos (de ser verdaderos) componentes inalienables de nuestra alma, compañeros tan espejados como extraños de nuestro camino? Entonces, ellos son nosotros y nosotros somos ellos, como somos la nada y como somos el mundo. Y la realidad y la ficción no son más que nociones despeinadas y fácilmente rebatibles.

Entonces, solo queda decir: ¡FELIZ DÍA DEL AMIGO PARA TODOS, LOS AMO Y LES DOY LAS GRACIAS AHORA Y SIEMPRE! ¡LES PERTENEZCO Y ME PERTENECEN! ¡QUE EL MUNDO SEA PIADOSO Y GENEROSO CON TODOS NOSOTROS SIEMPRE!

Laura Dariomerlo

Twitter: @lauradariomerlo

 

 

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