A Sala Llena

Festival de Mar del Plata 2011: 30 películas

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Teniendo en cuenta que como participo, en cierta forma, de la organización Festival de Cine de Mar del Plata, no puedo hacer un balance objetivo sobre como fue el resultado del mismo. Tampoco, teniendo en cuenta, que la forma en que visualicé algunas de las películas que componían la grilla del festival, fue la más ortodoxa, puedo hablar por toda la selección, especialmente las competencias, que fue de lo que menos llegué a ver. Así que me voy a limitar por decir que fue lo que vi en materia de cine, en esta 26º Edición del Festival de Cine de Mar del Plata.

Invitados: algunos criticaron que ni Joe Dante ni Alex Cox son en este momento “figuras”, “estrellas”. Pero lo cierto es que tanto uno como otro, son referentes de culto, y ya que Mar del Plata se convierte año tras año en un Festival que apunta más al corazón cinéfilo, que al del espectador medio, me parece que la decisión de traer al realizador de Gremlins y Viaje Insólito, y de Sid & Nancy y Directo al Infierno fue más que acertada.

Ambos tuvieron gran convocatoria en sus Charlas con Maestros y se mostraron cómodos, contentos, e incluso se sorprendieron con la devoción del público, su fanatismo. Fueron simpáticos, humildes, amenos. Dante disfrutó de cada centímetro de Mar del Plata, y Cox fue un espectador más de las funciones trasnoche. Además presentó su libro acerca del western spaghetti: “10.000 Formas de Morir – la mirada de un director sobre el western spaghetti”. Básicamente, estaba en su salsa.

También, el ruso Victor Kossakovsky, que presentó el documental experimental ¡Vivan las Antípodas! se mostró simpático y ameno, abierto al diálogo con el público, aún cuando en su Charla con Maestros, se lo vio un poco deprimido acerca del lugar que los documentalistas ocupan en la industria cinematográfica mundial.

El jurado por su parte, tampoco podía creer la atención que estaba teniendo por parte del público. El estadounidense James Gunn, guionista y director de culto quedo fascinado con la ciudad y los argentinos. Realmente estaba feliz de haber sido jurado, de poder dar una charla de cine, y que además Tony y Quique, los lobos marinos que animaron el Festival le hicieran un homenaje. También Alex Cox disfrutó de este momento. Matías Bize, director chileno de La Vida de los Peces, estaba contento de participar como jurado de la Competencia Internacional y sobre todo poder mostrar su obra por primera vez en el país, ya que tenía grandes expectativas sobre la respuesta del público.

Por su parte, Alice de Andrade, documentalista brasilera que dirigió el film Memoria Cubana, y además fue jurado de la Competencia Latinoamericana, se sorprendió de lo bien que recibió el público argentino el documental sobre los noticieros de la revolución cubana, y la forma en que se identificaron con ellos.

Otros directores, que recibieron menos atención como Daniel Metz (co director y productor de Slacker 2011) y el español Raúl Cuevas (director de From Texas to Arbucies) participaron activamente de todo el Festival dando muy interesantes charlas tras las funciones de sus películas.

Por último, la figurita fantasma del Festival: Willem Dafoe, que vino acompañado por su esposa, Giada Colagrande y la película A Woman. El protagonista de La Última Tentación de Cristo y Pelotón, se mostró mucho más amable y divertido con público y prensa de lo que se esperaba. Es cierto, estuvo poco tiempo y lo bombardearon, pero siempre respondió a todo con una sonrisa.

Personalmente pienso que el homenaje a Jafar Panahi a favor de su liberación, acompañado por las palabras del Presidente del Festival, José Martínez Suárez, fue de lo más interesante que sucedió. Una idea sencilla, que debería haberse implementado en Cannes o Venecia.

Ahora sí, hablemos de cine. Vi poco pero bueno.

Lo que más me gustó fue el film coreano The Yellow Sea de Na Hong Jin. Un thriller mafioso, con ecos de Por un Puñado de Dólares, Oldboy y estética de Michael Mann. Una historia que sorprende minuto a minuto, que no da respiro, con un protagonista silencioso que continuamente tiene dudas morales sobre las acciones que va a acometer.

Destaco el film británico de Ben Whitley, Kill List. Una impresionante obra donde el conflicto doméstico dispara a dos amigos encarnar un camino al infierno. Una película de tensión y climas fascinantes con interpretaciones milagrosas. No solamente es un reflexión acerca del cuidado de las relaciones familiares y la amistad, sino también un estudio sobre la economía en una familia media, el maltrato que reciben los ex combatientes, el daño psicológico post guerra, y sobre todo acerca de la violencia, en todo sentido. Lo mejor es que el director no explica absolutamente nada de esto. Son conclusiones básicas que saca el espectador mientras se van dando las mutilaciones. El final es abierto, impactante y deja margen al cuestionamiento continuo. El thriller que toma aires metafísicos incluso. Maravilloso. Seca y desafiante. Con lo mejor de Polanski y David Fincher.

Tyrannosaur. Que Peter Mullan es uno de los mejores actores del mundo no reconocidos todavía como tal, no es novedad. Incluso se lo debería tener en cuenta como uno de los mejores directores (si alguno vio The Magdalene Sisters lo puede confirmar). Ahora bien, el trabajo que hace en Tyrannosaur es monstruoso. Simplemente increible. Paddy Considine, debutando como director, hace un retrato de la violencia de los hombres irlandeses que termina provocando una desazón impresionante. Más allá de que tiene planos netamente hermosos, es el descomunal trabajo del trío protagónico: Mullan con Olivia Colman y Eddie Marsan, lo que rasga la tierra. Cada expresión en el rostro de cada uno deja leer un sin fin de emociones, que provocan empatía y odio al mismo tiempo. Un guión clásico pero sin fisuras. Hermosa creación de personajes. Una obra destacada.

Otra película muy interesante y cinéfila fue Beyond Black Rainbow. Si no me dijeran que fue filmada el año pasado, bien podría definirse como un found footage de los años ’80. Desde los créditos iniciales hasta el final abierto no podemos dejar de relacionar esta ópera prima de Panos Cosmatos (hijo del director de Cobra) con Thx 1138, Cuando el Destinos nos Alcance, Tron, Más allá del Agujero Negro, Brainstorm, Estados Alterados, Rollerball y algo del primer cine de David Cronenberg. Porque este relato retrofuturista con sus decorados amplios, sus escenarios infinitos es ciencia ficción de culto. Lenta, con mensaje new age, visión pesimista, peinadas estrafalarios… Cada detalle cuenta para ponernos es sintonía con esta búsqueda de la felicidad en forma de pastilla.

L’Exercice de l’ Etat. Más allá de ser una de esas películas francesas muy dialogadas, esta cínica mirada de la política francesa a través de los ojos del ministro de transporte tiene varios momentos sumamente atractivos, además de la descomunal actuación del gran Olivier Gourmet (y, sí, los Dardenne producen el film). Cuando ya se vuelven insoportables las idas y venidas en las decisiones de los políticos, el director, Pierre Scholler hace volar autos por el aire, descuartiza personajes querible y transforma completamente a su protagonista de un minuto al otro. El azar sorprende a los personajes y el espectador. La secuencia onírica inicial, bastante descolgada en lo que respecta al film final es muy atractiva.

Aun siendo un poco desconcertante y arriesgada, The Future, nueva obra de Miranda July (Tu, Yo y Todos los Demás) me terminó sorprendiendo gratamente. Su anterior obra, estrenada en un BAFICI, me había gustado bastante pero no la había podido diferenciar demasiado de lo que suelen hacer otros directores indies que critican el American Dream de los suburbios como Todd Solondz o Alexander Payne. Historias corales, en donde se recurre al humor, el sarcasmo y la melancolía para hablar de la soledad y otras dudas existenciales. Pero más allá de estos elementos que ya aparecían en la primera obra, en The Future, July, que nuevamente demuestra que es una actriz impresionante, con una mirada penetrante, se anima a bordear lo ridículo al poner la subjetiva y pensamientos de un gato moribundo, y tener un coprotagonista capaz de detener el tiempo. No, no estamos hablando de una obra infantil o de superhéroes. Acá la metáfora es clara y no resulta patético ni forzado jugar con el punto de vista o la ciencia ficción. La sencillez con la que resuelve estos aspectos toma un giro poético, melancólico y reflexivo, apoyado por notables actuaciones. Me parece que Miranda July está encontrando el camino adecuado dentro del vasto y a veces repetitivo cine independiente estadounidense.

Vi poco cine argentino. Me quedé con ganas de ver las tres películas argentinas de la Competencia Internacional: Abrir Puertas y Ventanas (la gran ganadora) de Milagros Mumenthaler, El Premio (Paula Markovitch) y Graba (Sergio Mazza). Especialmente porque tuve la oportunidad de charlar con los tres directores (acaso la discusión sobre como dirigir actores más interesante que de la que haya podido ser testigo).

Destaco cuatro obras de las que me acuerdo inmediatamente:

Plaga Zombie: Acción Mutante: Revolución Tóxica, de Farsa (Pablo Parés y Hernán Saez), tercera y divertidísima parte de la saga creada hace 14 años por este grupo de amigos fanáticos del cine bizarro. Más allá de alguna que otra escena que realenta un poco la acción, pero al mismo tiempo sirve para crear mayor profundidad dramática al trío protagónico (cada uno debe superar una meta personal), las escenas de peleas con zombies son dignas de los mejor de Romero o Boyle. El número musical de la mitad del relato, es el punto más alto y original. La eficacia visual (gran último trabajo del fallecido Diego Echave) que Farsa demuestra, mejora obra tras obra. Tanto efectos especiales, como narración, cuidado estético e incluso actuaciones (Paulo Soria y Walter Kornás tienen momentos memorables desde lo humorístico) consolidad Plaga Zombie 3, como un film de culto a tener en cuenta. Además, aquellos que sigan la producción de Videoflims no se pierdan todos los cameos que aparecen durante el film. También está una ex redactora de A Sala Llena. La película estuvo acompañado por el original cortometraje animado Zombirama, que si no fuera por la aclaración política mediante, estaría a la altura de Mercano, el Marciano o El Sol de Ayar B.

Otra notable bizarreada, pero en el buen sentido de la palabra fue la sorpresiva y merecida ganadora de la Competencia Argentina, Diablo de Nicanor Loreti. Es cierto que una película de estas características rara vez podría ganar una competencia oficial de un Festival clase A, pero las cosas cambian. Esta propuesta, puede ser bizarra, no definirse por un tono, tener momentos incoherentes, ser inclasificable como película en sí, pero es innegable que tiene un gran trabajo de producción detrás, y que a pesar de su lenguaje, tiene una gran lógica narrativa. Palomino y Boris conforman una gran dupla interpretativa con muchos matices. Tanto uno como otro, se aleja de lo que generalmente hace en cine y televisión, lo cuál les permite relajarse y a la vez mostrarse más versátiles como actores. El montaje acompaña los cambios de estado emocional de cada uno, dos antihéroes quijotescos. El absurdo de todas las situaciones, y de la violencia (comparable a la de Tarantino o Ritchie como varios compararon), y a la vez las vueltas de tuerca ridículas, con el agregado de que aparece el gran Kato como principal villano, (aquellos que nos criamos viendo Lucha Libre y la saga Exterminators se nos pianta un lagrimón) conforman un productor extraño, pero al mismo tiempo, irresistible. Divierte, emociona, asquea. Todo junto es Diablo. A fin de cuentas, por su originalidad, merece un reconocimiento…

Un momento notable de la ceremonia inaugural fue la exhibición de los coches que corrieron La Caracas, una carrera de coches de Buenos Aires a Caracas que se sucedió en 1948. El documental de Andrés Cedrón que vino a acompañar dicha exhibición es emotivo y sencillo, sin pretenciones. Para aquellos a los que les gustan los fierros, lo van a disfrutar. Tiene una dimensión artística notable y más allá de ser clásica en lo que a entrevistas se refiere, el material de archivo es impresionante, y los colores de las escenas actuales ameritan la exhibición cinematográfica.

Por último, en materia de cine argentino destaco El Campo, primer largo de ficción de Hernán Belón, que cuenta con las interpretaciones de Leonardo Sbaraglia y Dolores Fonzi, como un matrimonio que decide mudarse al campo con su pequeña hija. Sin embargo, vivir entre la naturaleza no es tan sencillo como aparenta, y lo que más cambia es la convivencia. Belón trabaja diversos niveles de relaciones. Así como Las Acacias, los protagonistas de la película son un hombre, una mujer y un bebé… y en vez de el camión está esa casa monstruosa como cuarto protagonista.

Tensión y climas muy bien creados, acompañados por notables y austeras, creíbles actuaciones de dos actores que empiezan a dejar atrás su pasado televisivo, para aprovechar los matices cinematográficos.

Del foco polaco, me gustó mucho Courage, un obra que debería haber estado en la competencia internacional, fuerte, intensa, impredecible. Dos hermanos, deudas económicas y en medio de un enfrentamiento por el amor filial, un accidente tremendo y catastrófico que deriva a un estudio sobre la culpa. El director, lleva al protagonista por un terreno pantanoso. Y si bien el final está un poco edulcorado, el resultado final es tan intenso que deja latente el conflicto por un largo tiempo. Para discutir y quedarse pensando. Cinematográficamente tiene la sequedad y realismo de un dogma, pero con el agregado de una escena hecha con CGI realmente inesperada. Greg Zglinsky le da un pulso vibrante y adrenalínico al relato. Notable actuación de Robert Wieckiewicz. También vi media hora de Suicide Room y admito que me atrapó mucho esta visión sobre la juventud polaca no muy distinta a la argentina o estadounidense y el análisis acerca de los juegos de roles, y los avatares virtuales.

Me gustaron otras cosas menos pretenciosas como la mencionada Memoria Cubana, una obra que habla de la importancia de la conservación del material fílmico, como archivo histórico. Durante una hora, Alice de Andrade nos cuenta la historia de la revolución cubana solamente con los noticieros cinematográficos de Santiago Alvarez.

Dentro del Panorama Latinoamericano, La Toma de Gibson y Salazár, también cobra relevancia histórica en lo que significa el doble análisis sobre el funcionamiento de la justicia colombiana cuando fue la toma del Palacio de Justicia en noviembre de 1985, y el juicio al Capitán que ordenó dicha masacre, así como la difusión de información inédita en el año 2010. Un caso tremendo y el documental es realmente atrapante.

El Regreso de Lencho es un crudo retrato de la violencia que ejerce la policía de Guatemala sobre la juventud y los artistas callejeros. Más allá de algún que otro desnivel narrativo y actoral, lo que cobra potencia es el mensaje y la estética, además de contener un discurso directo. Rosales atrapa por el alegato en sí, por la valentía de hacer una denuncia en una sociedad que sigue siendo víctima de las pandillas y la corrupción policial. Y nosotros nos quejamos de la bonaerense…

Entre los homenajes, fue un verdadero placer ver Gremlins 2 en el Teatro Auditorium, una obra que me marcó mucho, llena de guiños y críticas cinéfilas, obra anarquista si las hay. No por nada Dante la toma como una de las más personales de su carrera. Además de ser divertida, y tener muchas connotaciones a los Looney Tunes, esta secuela se burla de la primera parte, y tiene momentos de verdadera incoherencia diegética. Vale la pena volver a verla y si le sumamos la presencia de Dante previamente… ¿qué quieren que les diga? Puro placer cinéfilo. Obvio que también había visto Matineé y Gremlins en el pasado, y son tan recomendables como la secuela de 1989.

Aunque la vi hace más de 10 años, Todos a la Cárcel de Luis García Berlanga fue también un plato fuerte del Festival. La sección que más cuidó José Antonio Martínez Suárez, y creo que no se equivocaba cuando declaraba que si había que elegir entre algo de Berlanga y otra película, Berlanga siempre era la mejor opción. Lastima que no tuvo tanta difusión el ciclo retrospectivo de Rodolfo Kuhn.

Ya hice las críticas de ¡Vivan las Antípodas! y La Vida de los Peces, dos obras muy interesantes, más allá de su lentitud. Ambas merecen ser vistas por la cuidados puesta en escena, la fotografía y su mirada filosófica sobre el mundo (la obra de Kossakovsky), el amor, la soledad y la amistad (la de Bize).

Como no pudo crearse una retrospectiva sobre cine de artes marciales, el documental Films of Fury: The Kung Fu Movie, fue un discreto pero oportuno homenaje al género predilecto de los jóvenes de los años ’70 hasta mediados de los ’90. Si bien la animación era bastante patética, rescato la revisión histórica del film y sobretodo el tributo a Bruce Lee.

La política estuvo marcada por la gran retrospectiva en homenaje a Raymundo Gleyser. Los Traidores, México: La Revolución Congelada y sus cortometrajes conforman una obra magnífica de visión obligatoria para comprender el verdadero sentimiento militante de los ’60 y ’70 en Argentina. Nada que ver con la híbrida, aburrida y pretenciosa Juan y Eva de Paula de Luque, exhibida en Noches Especiales.

En la sección Estados Alterados, tuve la oportunidad de ver Color Perro que Huye de Andrés Duque, un seudocumental, mezcla de trabajo experimental y found footage, bastante interesante y divertido acerca de la monotonía y la soledad; un análisis vouyerista y reflexión intimista acerca de la sociedad, desde lo que se puede encontrar en Internet, con un trabajo plástico bastante interesante, y experimentación sobre la imagen. Se ha dicho que solamente es el capricho de un pibe que como tenía que hacer reposo se puso a jugar con el youtube y el programa de edición. Puede ser, pero en ese azar de imágenes hay coherencia narrativa aunque muchos no lo quieran admitir. Bueno, a mi me gustó y punto. A veces, es algo instintivo, intuitivo. No todo lo que a uno le gusta se puede justificar. Para mí se crea un relato coherente en ese caos de imágenes y secuencias inconexas.

En cambio, Vikingland de Xurxo Chirro, sí me pareció mucho más caprichosa que Color Perro que Huye, y muy aburrida. Registrar la soledad de un hombre en un viaje en barco durante un año (ni siquiera es un registro sino un material en baja calidad, filmado en 1995, cedido por el propio protagonista) no es tan interesante como pretende ser. Para un cortometraje puede ser… pero una hora de esto ¿en serio? Ya entendí la idea. Pero no hay desarrollo, no hay acción dramática. Realmente vemos el capricho de alguien que cree que cualquier cosa puede ser cine. Y esto definitivamente no lo es.

Acerca de Photographic Memory, de Ross Mc Elwee se puede decir que es un interesante análisis y autorreflexión acerca de generaciones; padre-hijo, material fílmico-digital; pasado-presente. Entender el pasado para construir el futuro. Un viaje que el director con cámara al hombro realiza a su adolescencia para entender la adolescencia de su hijo. Un amor que fue, un amigo perdido… y otra familia en el viejo continente, otra historia. Y el material fílmico como único recuerdo. Un documental que termina teniendo un contenido poético-emocional más interesante de lo que a primera vista prometía ser.

Con Alex Cox, tuve una de las entrevistas más divertidas, pero me da casi vergüenza admitir que solo he visto de su autoría, la maravillosa Sid & Nancy, un retrato de punk rock que traspasa la mera veta biográfica para centrarse en la historia de un amor salvaje, convulsionado, mezclado de adicciones. Cox tiene una cámara testigo, que retrata el diario de los Sex Pistols y su anarquía. Tanto Los Piratas del Rock como Casi Famosos se nutrieron de esta maravillosa historia de amor y odio, que solamente nos pone en la piel de una pareja seudo adolescente demasiado joven para morir que vivió… demasiado. Divertida, transgresora, pero nunca emotiva ni trascendente. Un personaje anárquico retratado con anarquía. Gary Oldman y Chloe Webb, ambos en sus primeros papeles frente a cámara, brillan con luz propia.

De todos los cortometrajes que se exhibieron, solamente tuve la oportunidad de ver Otoño, de Katherina Harder, en el Festival de Cine de Cosquín. No digo que no me haya gustado, pero si siento que esta historia de amistad entre dos niñas entrando a la adolescencia y conociendo el amor, me parece un tema bastante remanido. Los juegos de miradas están bastante bien, soberbias interpretaciones, hermosa fotografía, pero detrás hay una fábula pretenciosa de la que no me sentí parte. Muy solemne, demasiado dramática…

Y termino mi crónica marplatense hablando de una obra bizarra, pero extraordinaria y muy pero muy arriesgada desde varios puntos de vista: Super de James Gunn.

Rainn Wilson interpreta a Frank, un cocinero de una ciudad industrial y conservadora. Está casado con una mujer (Liv Tyler, madura en todo sentido), que sin dudas es demasiado para él, pero está aburrida de su rutinaria vida, por lo que frecuenta al principal “Dealer” de la ciudad (otro villano antológico de Kevin Bacon) que la mete nuevamente en el mundo de drogas y alcohol del que se había recuperado. Influenciado por un superhéroe eclesiástico de la televisión (Nathan Fillion), Frank se convertirá en un superhéroe sin poderes, más parecido a un vengador anónimo que revienta todo lo que moralmente esté quebrando la ley, ayudado por una fanática de los cómics, sedienta de sangre (Elle Page, más maravillosa que en Juno). Además de contar con un gran elenco, Super es un análisis de la violencia estadounidense impiadosa, crítica. Violencia que genera violencia. Es divertida, pero se trata de un drama existencial y melancólico que deja finalmente un sabor muy amargo. Hay mucha sangre, tripa gorda y explosiones incluso. Gunn encuentra una estética dogmática y termina con una violencia a lo Sam Peckinpah, desproporcionada. El protagonista constituye una gran creación conjunta entre Gunn y Wilson, acaso el mejor personaje que la ha tocado componer. Profundo, triste, melancólico. En el contexto de película de superhéroes, Super se queda un poco corta en presupuesto, pero es muy imaginativa, como obra independiente es realmente una historia fascinante y personal.  Es clase B, pero también tiene un reflección sobre la moral y el quiebre de la ley, que dan pie a la discusión. Gran obra que merece verse más de una vez.

Y así paso otro Mar del Plata. Apenas 30 películas de 220. Me quedé corto, es cierto, pero siempre queda la revancha… Veo algunas películas a mi lado que me perdí en la Feliz, y en algún momento voy a ver. No voy a opinar sobre las películas que no vi, ni las charlas que me perdí. Tampoco sobre los videos de Sebastián De Caro, pero admito que no fueron de mi agrado. Pero me queda el recuerdo de 10 días en que se festejó la continuidad del glamour, la diversidad y sobre todo la magia de hacer cine.

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