A Sala Llena

Furia de Titanes, Según Rodolfo Weisskirch

¡Los dioses deben estar locos!

Existen películas épicas repletas de efectos especiales que realmente tienen vida. No importa que tengan malos guiones, historias básicas, diálogos mediocres, personajes estereotipados, unilaterales, actores de cartón…

Pero sus directores le imponen personalidad, autoría, belleza, estilo…

Ejemplo: Avatar. No reúne ninguna condición narrativa realmente innovadora. Es más, se queda demasiado en el tiempo. Las interpretaciones son realmente muy olvidables, pero Cameron es un excelente narrador. No es el caso de Furia de Titanes.

Es muy probable que ninguno de los maestros de la aventura y la ciencia ficción, que supieron deleitarnos en los últimos tiempos con películas intensas, repletas de efectos especiales, pero donde la mano de un narrador nato y cinéfilo apasionado, se nota detrás de cámara (casos Spielberg, Cameron, Jackson, Lucas etc.) se haya convertido en lo que es hoy, sino fuera por la influencia creativa, del hombre que se convirtió en el verdadero innovador de la técnica del stop motion, y las trucas fotográficas.

Porque si uno quiere ver interacción real entre humanos y monstruos mitológicos, preferentemente, tiene que remitirse indefectiblemente a la magia de Ray Harryhousen.

No se trató de un director, guionista o actor. Pero ni Los Viajes de SinbadLos Viajes de Gulliver,  La Isla Misteriosa o Jason y los Argonautas, entre otras es recordada por ninguno de estos rubros. Y Un Millón de Años A.C.… tuvo a Rachel Welch en bikini también… pero ese es otro tema.

Harryhousen fue productor de sus propias películas, pero lo que lo inmortalizó fueron las batallas “imposibles” entre muñequitos de plastilina y “actores” que mostraban menos sentimientos que los personajes de Ray.

Ray tuvo innumerables discípulos. El más directo, el fallecido Stan Winston.

Su última película (por retiro en realidad, porque Ray aún vive) fue la versión original de Furia de Titanes (1981). La escena más recordada es cuando, Perseo, el protagonista se enfrenta a Medusa. Extraordinario. Aún, cuando la técnica había avanzado bastante (se miraba al futuro, al espacio, gracias a George Lucas y su imperio galáctico), la mitología griega seguía inspirando a Harryhousen. No se trató de una gran película, aunque contaba con un elenco interesante liderado por Laurence Olivier y Burguess Meredith.

Casi 30 años después, Hollywood, trata de revivir la magia de Harryhousen… pero se olvida de Harryhousen, por lo tanto termina siendo retrógrada… y peor aún, falto de imaginación absoluta.

La historia no es novedad. No hay que ser un experto en mitología para notar que Furia de Titanes guarda más reminiscencias con la Biblia que con los poemas homéricos (por algo se estrena cerca de Semana Santa). Podríamos decir que prácticamente es un panfleto eclesiástico. El debate de Perseo si ser o no un líder espiritual, si quedarse con su “padre” en el Olimpo o vivir y ayudar a los hombres, defendiendo a Andrómeda, la mujer que el pueblo quiere sacrificar.

Para ayudar a Perseo aparece Io, una especie de semi diosa que fue “castigada” con la juventud eterna en la Tierra… Y entre este personaje, la batalla de dioses (el blanco, el bueno; el oscuro, el malo), y pies de estatuas gigantes reposadas sobre riscos, Furia de Titanes se empieza a parecer cada vez más a la última temporada de Lost.

Sí, hay pocas ideas en Hollywood. Unos se roban a otros, y por eso aparecen estos guiones.

Las tres dimensiones le pueden dar profundidad a los paisajes, los decorados y los efectos visuales. Pero los personajes realmente parecen figuras de cartón. El casting tampoco fue demasiado iluminado.

El australiano Sam Worthington, puede meterse fierros de Terminator dentro del cuerpo, teñirse la piel de azul o usar polleras, pero siempre tendrá el mismo rostro de piedra. Para dominar a Pegasus, el mítico caballo volador, solo le falta cruzar su pelo con el del animal. El Perseo de Furia de Titanes es idéntico al Jake Skully de Avatar. No caben dudas. No es deja vú. Y los diálogos de entusiasmo como líder de tribu, poco ayudan. Son las mismas palabras.

El enfrentamiento entre Zeus y Hares podría haber sido más interesante: tras 28 años, Neeson y Fiennes se reencuentran tras enfrentarse en La Lista de Schindler, y se enfrentan como Qui- Gonn (o Henri Ducard de Batman Inicia) contra Lord Voldemort, respectivamente.

Repito, ninguno de los actores más renombrados hace algo que no haya hecho previamente. Es triste, incluso ver a Pete Postlewhite en un rol tan insulso. El resto del elenco es menos expresivo aún. La inglesa Gemma Arterton (Quantum of Solace, Príncipe de Persia) no transmite un solo sentimiento con su rostro sino que se limita a recitar sus líneas. Es honestamente patético que un excelente actor como Mads Mikkelsen no haya podido explotar sus cualidades interpretativas en Hollywood todavía. Recomiendo ver Después del Casamiento, y comparar sus actuaciones con respecto a Casino Royale o esta película.

Pero si bien era de esperar que los diálogos, sean meramente informativos o frases hechas y previsibles. Que la estructura narrativa sea endeble, que las subtramas carezcan de cualquier tipo de utilidad con respecto al relato. Que cada personaje sea un clisé andante. Que se apelen a los peores lugares comunes… Se podría esperar, al menos que el director, cumpla con las expectativas de entretener, divertir y pasar un momento de distracción.

Louis Leterrier cumple… a medias.

Habiendo sido uno de los “elegidos” de Luc Besson para llevar a la pantalla, los guiones de películas de acción y artes marciales, que él mismo nunca hubiese filmando, Leterrier comenzó su carrera con una película con Jet Li, bastante más original de las que estamos acostumbrados a ver con él. Danny, the Dog no era acción solamente, sino que había una historia detrás e incluso una crítica, una mirada social. Como la asociación Besson – Leterrier fue fructífera, le encargó realizar la secuela de El Transportador, acaso la más entretenida de la saga. Hollywood fijó sus ojos en él, y Leterrier agarró la secuela de El Increíble Hulk, una papa caliente. La subestimada película de Ang Lee había fracasado, y esta Hulk con elenco renovado no prometía interesar demasiado, pero Leterrier se encargó de ser suficientemente transparente detrás de cámaras, para hacer un entretenimiento pasatista y olvidable, aunque apenas superior que la antecesora. Y los números fueron similares.

Con Furia de Titanes, nuevamente el director se mantiene al margen de una marca autoral. Logra entretener durante los 100 minutos de duración. Atrapa. Tiene ritmo y se olvida fácilmente. El montaje y los efectos especiales, y sonoros, hacen lo posible para que uno se olvide del tiempo. El problema surge que con actuaciones tan patéticas y frías, se hace muy difícil identificar con los personajes, entrar completamente al relato. No hay un cómic relief que transmita humor (no se pueden contar a los hermanos guerreros como cómicos, cuando se les ve la cara una sola vez en toda la película). Aunque el drama nunca resulta verosímil, la ausencia de humor y el abuso de la solemnidad le terminan dando un tono pretencioso, que la película no debería tener. Incluso la música remite demasiado a otras partituras como la de Piratas del Caribe (donde también aparece el Kraken, muy parecido al de Furia…).

De esta manera, el film de Leterrier toma demasiados retazos de otras películas, especialmente de la saga de Verbinsky y la trilogía de La Momia, creada por Stephen Sommers (incluso G.I Joe lo tiene). Y donde se hacen fuerte estas películas, es justamente en el humor cómplice que sus realizadores le dan a los personajes, el carisma de sus actores… Todo esto falla en Furia de Titanes. Ni siquiera intenta tenerlo. Al menos en ese sentido, es honesta. Leterrier no se esfuerza por incluir gags o forzar el humor. No le sale y punto. Involuntariamente divierte cuando Zeus le lanza a Perseo, una especie de sable láser que parece salido de Star Wars.

Sumado a la falta de identidad, la ausencia de un alma o espíritu propio, Furia de Titanes, termina siendo un film épicamente fallido. Una lástima. Un producto demasiado acartonado, que encima, deja el espacio abierto para una secuela… Esperemos que no sean tan sádicos y suicidas los dioses de Hollywood.

Al pobre de Ray Harryhousen no le hacen ni un solo homenaje a través de las criaturas digitales… Ni siquiera le agradecen por la inspiración, en los créditos finales.

Por suerte, Robert Rodríguez, revivió a los esqueletos de Jasón en Mini Espías 2

Sería muy triste que la nuevas generaciones se olviden del verdadero maestro de los efectos especiales por culpa de esta humillante remake, que no es ni furiosa… ni titánica. Un insulto para los dioses.

 

 

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