A Sala Llena

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Game of Thrones… Un cuento de hadas para Adultos

Game of Thrones… Un cuento de hadas para Adultos

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Como ya les he mencionado en columnas anteriores, me encantan los cuentos de hadas.  No solo me encantan, los he consumido desde muy pequeña y hasta la fecha, con avidez remarcable. A algunos los leía y a otros los miraba en la tele o el cine. Recuerdo que uno del los cuentos de hadas que mas disfruté fue El Pájaro Azul, la producción ruso-americana de 1976, protagonizada por Elizabeth Taylor, cuyo reestreno en Huinca como diez años después, fue un total fracaso excepto para mi hermana y para mí que no queríamos salir del cine. La gente se iba, aburrida como hongo, pero mi madre no nos podía sacar de las butacas. Dios mío…

De chiquita solía recrearme con las versiones de la Disney de La Cenicienta, La Leyenda del Jinete sin Cabeza, Blanca Nieves, La Bella Durmiente, Excalibur (o La Espada en la Piedra) y me encantaban. Pero, a medida que fui creciendo y llegué a la adolescencia, por alguna razón, dejé de leerlos o verlos. Me enfoqué más en la literatura de ciencia ficción primero, en algo de los rusos después y, más adelante, por un período de tiempo indeterminado, casi dejé de leer y de ver películas al ritmo que acostumbraba. Creo que, paradójicamente, fue en el tiempo en que estaba en el CBC de letras en la UBA. No agarraba un libro ni que me lo tiraran por la cabeza e iba al cine exclusivamente a ver Los Picapiedras y cosas por el estilo. Solo me limitaba a los apuntes y a algo de Sábato y Dostoievski, porque me gustaba cómo me hacían lucir durante mis conversaciones con compañeros de la facultad.  Mientras me dediqué a la danza, retomé mi amor por los libros y, con él, mi amor por las películas. Finalmente, ya como estudiante de cine, volví a leer a mi ritmo normal y a ver películas de todo calibre. Y fue en los veinte, cuando me reencontré con la literatura fantástica y los cuentos de hadas.

¿Por qué me atrapan y cautivan tanto las historias de ese tipo? ¿Por qué, mientras tengo uno de esos libros en las manos, todo lo que puedo hacer es leerlo y que apenas me quede algo de energía para lavarme los dientes?  He leído libros que me han apasionado, que han marcado a la humanidad completa, que me han transformado como persona para siempre pero, les aseguro que a ninguno de ellos, lo leí con la voracidad que consumí la sarta interminable de historias fantásticas que ha pasado por mis manos. Para los más inteligentes, la respuesta obvia sea, tal vez, que es porque soy lisa y llanamente estúpida. Qué puedo decir, lo más probable es que tengan razón. Pero déjenme creer que hay una motivación un poco más misteriosa detrás de todo este asunto. Sean buenos y acompáñenme por un rato en esta teoría tan destellante y bonita, como baladí y buena para nada.  De esa manera, tal vez podamos descular por un rato, algo que nos haga sentir mejor acerca de nosotros mismos y nos permita perdonarnos ciertas incapacidades. Por ejemplo, la de no poder lidiar del todo con la realidad y, entonces, huir a tierras lejanas empuñando espadas, o varitas, o báculos…

La historia que nos convoca hoy, ha dado ya varias vueltas al mundo y se ha convertido en fiebre de manera epidémica en el último año, gracias a la producción de HBO, que la llevó monumentalmente, al formato serie.  Estrenada en abril de 2011 en Estados Unidos, la primera temporada de esta maravillosa pieza basada en los libros de George R.R Martin, Canción de Hielo y Fuego, causó un fanatismo instantáneo entre los amantes de los relatos fantásticos de todo el mundo.  La saga literaria, que recientemente ha empezado a venderse en Argentina, cuenta con cinco volúmenes: Juego de Tronos (del que la serie de televisión adopta su nombre definitivo) Choque de Reyes, Tormenta de Espadas, Festín de Cuervos y Danza de Dragones. En este momento, HBO está emitiendo la segunda temporada, basada aparentemente en el segundo y el tercer tomo de la obra.

La primera temporada fue definitivamente espectacular. El elenco era inmaculado y, asombrosamente prestigioso. Tan asombroso era que, quien no había leído los libros, no tardaba en adivinar qué personaje no sobreviviría, tan solo con imaginar el cache que se estaba llevando el actor que lo interpretaba. De esa manera, no era difícil deducir que los gigantescos Sean Bean y Mark Addy (Eddard Stark y Robert Baratheon respectivamente) no llegarían vivos a la segunda temporada, ni que el mundo entero se plantara ante la injusticia. Simplemente era demasiado bueno para ser verdad, que dos actorazos y estrellas semejantes, estuvieran mucho tiempo en la pantalla pequeña. Si, si, ya sé que Addy hizo Still Standing, no me salten a la yugular, pero combinado con Bean, no me parecía demasiado potable que los mantuvieran vivos en una serie que cuesta millones…  En fin, por suerte, ellos no eran los únicos: Aidan Gillen, Peter Dinklage  (que se ganó un Globo de Oro por su interpretación de Tyrion Lannister), Lena Heady, el legendario Charles Dance y unos cuantos buenos muchachos más, completaban un elenco que parece estar ungido por el néctar de la divinidad. Y, los que sobrevivieron, nos vienen ofreciendo en esta segunda temporada, un espectáculo simplemente soberbio.

Terminé, hará eso de dos semanas, de leer Choque de Reyes. Lo recibí con un apetito tan extremo, que casi siento abstinencia por haberlo terminado. Todavía no ha entrado a la Argentina la tercera entrega, así que tengo que esperar. No sé si ya lo tendrán en la Feria del Libro, pero tengo que darme una vuelta para comprar unas cuantas cositas allí así que, de paso, cañazo… Si lo encuentro, que Dios me ayude, porque tengo que trabajar y, en cuanto arranque a leerlo, todos mis asuntos quedarán dolorosamente postergados. Es que, esta saga lo tiene absolutamente todo. Magia, pasión, guerra, intriga, sexo (mucho sexo), incesto, asesinato, amistad, amor, aventura, suspenso, misterio…

Hay algo acerca de este autor que es terriblemente magnético: cualquiera puede morir. Martin dijo que, cuando escribió los libros, quería que el lector tuviera miedo de dar vuelta la hoja, porque sabía que de un momento a otro, cualquier personaje querido podía desaparecer. Y lo logra. Te da pavor voltear la página y encontrar que tu héroe se ha muerto. En el primer tomo, Martin nos hace vivir una historia de amor y pasión maravillosa entre una joven princesa (Daenerys Targaryen) y un rey salvaje con quien la obligan a casarse. Vemos como Daenerys va apasionándose con su marido bárbaro, Señor de caballos (Kal Drogo), como van enamorándose locamente, como superan los obstáculos de ser increíblemente diferentes, como se intoxican de sensualidad y de erotismo, solo para que, al final, él muera de la manera más cruenta. Y ni hablemos de Ned Stark, el protagonista absoluto de la primera entrega, que muere decapitado, por orden de un niño cruel y sanguinario que es nombrado rey de forma totalmente ilegítima. No se puede creer…  Para rematarla, si fuera posible, la serie de televisión es todavía mejor. Los escritores de HBO lograron perfeccionar el material con la adaptación, y lo llevaron a otro nivel. Lo volvieron más oscuro todavía, más violento, más glamoroso y mucho, pero mucho más terrible. El resultado es asombroso. No se lo pueden perder. Mi marido y yo nos acovachamos para verla y ni siquiera atendemos el teléfono. Es uno de los cuentos de hadas más espectacularmente contados que he visto y, lo mejor que tiene, es que es solo para adultos y eso hace que no tengan que compartirlo que ni con críos, ni con sobrinos, ni con nietos, ni con los hijos de la vecina… Pueden apagar las luces, mandar a todo el mundo a la cama y verla mientras se frotan las manos y se relamen de gusto.

HBO la pasa los domingos a las diez de la noche y en mi casa no vuela una mosca. Los que no tengan la señal pueden verla en Cuevana. La suben apenas unas horas después de estrenado el capítulo. Y qué nadie se rasgue las vestiduras. No todo el mundo puede pagar la señal Premium y, aún los que lo hacemos, no vemos todos los materiales en simultáneo con Estado Unidos, así que a llorar a la iglesia. Solo el estreno de Game of Thrones fue al unísono y, por eso, muchas gracias. Pero sería bueno que dejaran de tratar al cono sur como usuarios de segunda y estrenen absolutamente todos los contenidos al mismo tiempo en los dos hemisferios. Y si no, dejen en paz a los sitios online, que nos dan a los “sudacas” algo con qué entretenernos evitando que nos organicemos y les comamos la cabeza.

Bué, me fui por las ramas…

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