A Sala Llena

Glee 3D, según Matías Orta

Lo aman y lo odian, pero nadie es indiferente a Glee. Creado por Ryan “Nip/Tuck” Murphy, Ian Brennan y Brad Falchuk, este programa de televisión nació como la contracara de High School Musical: una estudiantina con canto y baile, pero en la que los protagonistas son los losers de la escuela, o al menos los más inusuales. Nuevas Direcciones, el club Glee de la preparatoria McKingley (gracias a la serie descubrimos que hay Clubes Glee en todos los colegios estadounidenses) está compuesto por un inválido, una gorda (dos, en realidad) y un gay, entre otros. Personajes que expresan su dolor y sus deseos a través de covers de canciones famosas y de musicales de Broadway, a la vez que compiten en certámenes intercolegiales.


Así nació un fenómeno que devino en giras por Estados Unidos y Europa… que a su vez originó Glee 3D, una película en tercera dimensión, con los más gloriosos números de esos shows en vivo (y, para empezar, de la serie, por supuesto). Empieza con el infaltable “Dont’ Stop Believin’”, tema de Journey que le dio identidad al programa. Todos se lucen: Rachel (Lea Michele) demuestra que pocos seres humanos cantan con tanta pasión como ella al entonar “Don’t Rain On My Parade”, de Barbra Streisand; Finn (Cory Monteith) enloquece gracias a “Jessie’s Girl”, one hit wonder de Rick Springfield. Brittany (Heather Morris) la descose con su versión de “I”m a Slave 4 U”, de Britney Spears; Kurt (Cris Colfer) conmueve hasta las lágrimas interpretando “I Want To Hold Your Hand”, de Los Beatles. Artie (Kevin McHale) tira la silla de ruedas y se pone a cantar y bailar “Safety Dance”, de Men Without Hats; la inescrupulosa Santana (Naya Rivera) es pura fiesta con “Valerie”, de Amy Winehouse…


Hasta los Warblers tienen oportunidad de romperla. Este club glee del Dalton Academy, liderado por Blaine (Darren Criss), el novio de Kurt, se despacha con hits como “Teenage Dream”, de Katy Perry, y “Silly Love Songs”, de Paul McCartney. Una boy band hecha y derecha, y de las mejores.


Cada performance está realzada por el 3D y tiene como separador partes del backstage (en donde los actores hablan como si fueran los personajes) y tres historias de fans: una adolescente enana que, pese a su condición, es una porrista estrella; un muchacho que temía confesar su homosexualidad y una chica con Síndrome de Asperger. Cada uno vio en el programa y en los protagonistas una inspiración para superarse y encarar la vida de la mejor manera, sin temor a ser fieles a sí mismos. También hay espacio para un niño muy chiquito hiper fan de los Warblers, al punto de vestirse y bailar como ellos. Ternura en su máxima expresión.


Aunque acá las estrellas son los jóvenes, se extraña un poquito a Sue Silvester (Jane Lynch) la maquiavélica coach de las porristas… aunque sí hay una participación especial, de la que mejor no adelantar nada (aunque los más fanáticos ya deben saber o adivinar de quién se trata).


Glee 3D no aporta nada al subgénero de los recitales filmados, pero es imprescindible para todo fan de la serie. De hecho, es lo más parecido a la felicidad absoluta. Dan ganas de bailar y cantar y disfrutar con Nuevas Direcciones, con ese grupo tan atípico como increíblemente talentoso.


Otra muestra de que nunca, nunca hay que dejar de creer.




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