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Cine

Crítica de “Sí, cambio”, film dirigido por Juan Morgenfeld

LOS DIRECTORES QUE NO AMABAN LAS PELÍCULAS

El título de este texto es una referencia a Los hombres que no amaban a las mujeres, del sueco Stieg Larsson. El único motivo de ser de esta referencia es ilustrativo, ya que Sí, cambio tiene una referencia al policial nórdico. Y el único motivo de ser de esta y todas las otras referencias que hay en el film es el capricho superficial y hueco, que destiñe a lo largo de su corta (más difícil de tolerar) duración, esta “película”; a diferencia de lo escrito en otros sitios o análisis, el no llamar “película” a esta concatenación de clips audiovisuales NO es un halago (“antipelícula” es la más creativa de las trampas retóricas que han sido utilizadas para hablar al respecto). Pieza a un tiempo soberbia e ingenua, logra ser impresionante cómo la ausencia absoluta de criterios de dirección y guión se mezcla con pseudointelectualismo masturbatorio, desgano a la hora de planificar y montar (en definitiva, diseñar), un imberbe desconcepto en cuanto al humor y su ejecución, y una arbitraria e irrespetuosa utilización del policial. Vamos por partes.

Soberbia, ¿por qué? Porque desde el momento cero es una película que se pretende inteligente, tan inteligente, que prescinde de una estructura elaborada y coherente pero repite su “tesis” de puesta en escena hasta el hartazgo en tan solo sus primeras escenas. Tras los primeros retratos de una vida contemporánea insulsa, incomunicada, automatizada y sin espíritu ni alma, la película insiste en embadurnarse de planos, cortes y actuaciones repetitivas, plagadas de diálogos que pretenden reforzar una supuesta ironía que la película no trabaja. En su lugar, la ironía es destilada por la obra misma, por sus muy evidentes pretensiones contrastando con su previsible ausencia de sustancia.

Si esto no es creerse más de lo que se es, y hay conciencia de lo rápido que se agota la puesta en escena (también superficialmente referencial en cuanto a un cine de puesta minimalista pero no repetitiva, tal como el de Martín Rejtman), entonces se trata sencillamente de un cinismo mercantilero, que busca vender a cierto público ajeno al cine como concepto y al policial como bagaje temático-expresivo-narrativo. Por eso decora e intenta suplir la ausencia absoluta de elementos propios de dicha categoría con pósters de El halcón maltés, menciones a las series nórdicas y una exagerada, inexplicable e inentendible mención a uno de los padres de esta desgraciada forma de “cine”, Jean-Luc Godard.

Sea por cinismo o por obnubilación e idolatría del “cine para cineastas (y ahora estudiantes, críticos y asistentes a festivales)”, la película avanza a su pesar con todo tipo de intentos de chistes y humor, a cada paso destruyendo más su credibilidad y logrando sorprender por la negativa. Ya que estamos, para considerar también qué criterio es el que se utiliza en, por ejemplo, un BAFICI, que en una sección supuestamente dedicada a “vanguardia y género” propone un título que repite berretines de nicho en cuanto a lo vanguardista y toma una muy escatológica actitud en cuanto al género que dice trabajar.

Escenas sobreextendidas, cortes sin solución de continuidad, una diégesis inexistente, al igual que sus personajes (donde en su lugar hay caricaturas desdibujadas o simplemente actores con aparentemente la única consigna de poner cara de culo); todo esto desborda la sensación de que se está viendo un primer boceto filmado de algo, donde quizás algunos repartos están elegidos y se busca mostrar las locaciones, pero todavía no se ha trabajado el guion más allá de la escaleta y los protagónicos deben ser todavía casteados para el rol definitivo.

Por si no ha quedado claro, esta obra es a los ojos del autor un despropósito que busca justificarse en conceptos vanos y huecos, de una herencia anticuada y de un formato del cine orientado al consumo en las galerías de arte del mundo del cine aburguesado, los festivales y las universidades. Un engaña-pichanga que falla en blindarse intelectualmente por lo calamitosamente torpe, perezoso y abstracto de su propuesta y ejecución.

(Argentina, 2026)

Dirección: Juan Morgenfeld. Guion: Juan Morgenfeld Elenco: Tamara Leschner, María Villar, Horacio Marasi Producción: El Andén. Duración: 87 minutos.

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