A Sala Llena

Horas Desesperadas (Hours)

Horas Desesperadas (Hours, Estados Unidos, 2013)

Dirección y Guión: Eric Heisserer. Elenco: Paul Walker, Genesis Rodriguez, TJ Hassan, Nancy Nave, Lena Clark, Shane Jacobsen. Productor: Peter Safran. Distribuidora: CDI Films. Duración: 97 minutos.

Cuando los diques se rompen…

Sinceramente no hay nada más patético que un film que pretende ser industrial sin serlo, que busca construir un melodrama lacrimógeno sin lograrlo y que desea generar tensión en “puntos álgidos” de su trama sin siquiera acercarse al simple hecho de despertar un mínimo interés. Vaya uno a saber cuál sería el público específico de Horas Desesperadas (Hours, 2013), si los lelos fanáticos de la “saga basura” que comenzó con Rápido y Furioso (The Fast and the Furious, 2001), los adolescentes que practican rituales onanistas con el malogrado Paul Walker o los cuarentones que buscan un exploitation de Lo Imposible (The Impossible, 2012), siempre prestos a sacar sus pañuelos en las escenas que lo ameriten.

A decir verdad la premisa -de antemano- prometía porque ofrece un engranaje minimalista que podría haber reducido la estructura narrativa a su esencia, proponiendo un eje sobre el cual disparar variaciones: Nolan Hayes (Walker) ingresa a un hospital con su esposa Abigail (Genesis Rodriguez) en trabajo de parto, sin mayores preámbulos la mujer muere dando a luz a una beba prematura y los doctores le comunican que la niña debe estar por lo menos 48 horas asistida por un respirador artificial. El Huracán Katrina, en la New Orleans del 2005, aporta el “contexto trágico” necesario para que la electricidad desaparezca y al protagonista no le quede otra opción más que permanecer encerrado en el centro de salud.

En ese instante comienzan los verdaderos problemas para el convite, ya que de inmediato abraza una fórmula quemadísima de las “películas de desastre” vinculada al intercalar flashbacks del inicio/ desarrollo de la relación de la pareja y las distintas “pruebas” que debe superar el personaje principal para llegar con vida al desenlace. Aquí brillan por su ausencia la imaginación y la originalidad, por el contrario prima un desgano más que notorio a la hora de administrar un suspenso prácticamente inexistente. Basta con decir que las “actividades” de Hayes no van más allá de buscar algo para comer, cargar un generador eléctrico y tratar de salir para pedir ayuda, todo con una cadencia por demás aletargada.

Como suele ocurrir con tantos otros proyectos anodinos, en esta oportunidad no hay nada que compense la pobreza formal: no hay un discurso valioso sobre el ser humano, diálogos que valgan la pena recordar, situaciones límite que planteen disyuntivas o por lo menos una interpretación para destacar (Walker fue consistente en su mediocridad absoluta hasta el último día de su vida). Nadie pretende un equivalente ficcional de When the Levees Broke: A Requiem in Four Acts (2006), de Spike Lee, pero esta ópera prima de Eric Heisserer cae en la intrascendencia total y ratifica que lo mejor que ha hecho el cineasta fue el guión de La Cosa del Otro Mundo (The Thing, 2011), la precuela del clásico de John Carpenter…

Por Emiliano Fernández

Si Horas Desesperadas fuese un tanque con una parafernalia marca estudio grande, efectos vacíos y millones en campañas de prensa, nos resultaría más decepcionante aún. Pero no, estas “horas desesperadas” son baratas: Hours es una película chiquita que transcurre casi toda en el piso de un hospital y por momentos se parece a ese horrible experimento también relativamente barato que fue Enterrado de Rodrigo Cortés; hay acá como en aquella algo de ejercicio, un ejercicio que se apodera de la narración.

Si Cortés jugaba a tener a Reynolds en un ataúd por dos tediosas horas, Heisserer juega a tener a Walker atrapado en un hospital, atado a un generador a manija que le proporciona tres minutos de respiración a su beba (el generador hace que no muera la batería de la incubadora donde está su hija) y a nosotros nos da un suspense en loop que pierde gracia a la segunda vuelta. Afuera del hospital espera la muerte, Katrina, el agua podrida, el “sálvese quien pueda”.

Horas Desesperadas no se emparenta con Enterrado por la estética ni la trama sino porque además de ese ejercicio cinematográfico medio de tarea de escuela comparten una experiencia, un dogma que no es cool como el del 95 sino la aventura de filmar con productores -comparten al productor Peter Safran- que apuestan poco pero utilizando tipos del star system como Ryan Reynolds o Paul Walker. Estrellas menores, sí, pero que laburaron en películas con presupuestos 30 veces más altos que las mencionadas.

Con el ejercicio, al igual que en Enterrado, se pretende lograr una película claustrofóbica. Pero -como en aquella- la claustrofobia nunca es recibida por el espectador, la poca tensión que genera Heisserer la logra con los climas robados al género horror que bien conoce (fue guionista -¡y hereje!- en remakes de Craven y Carpenter, y de la mejor Destino Final); por momentos podríamos estar viendo un apocalipsis zombie sin zombies. Pero en lugar de explotarlo al máximo nos corta el entusiasmo con horribles flashbacks que aportan un sentimentalismo exagerado. Nolan (Walker) hablándole a su beba con violincitos de fondo nos duele, pero no como le hubiera gustado al sensiblero Heisserer, nos duele porque nos corta el suspenso, amputa los procedimientos que terminan en amague. Y así, estas Horas Desesperadas se materializan en 97 minutos demasiado tranquilos que no logran emocionarnos con la premisa cruel ni entusiasmarnos con la acción a gotero.

Sin embargo, si hay algo positivo en Hours es su pequeñez; se las arregla sin apoyarse en los efectos tan urgentes del cine catástrofe dejando la tormenta fuera de campo y asumiéndose como thriller claustro. No creo que Heisserer haya pretendido realizar una oda a la sencillez pero la poca guita que le dieron le alcanzó para eso. Y Walker le pone el pecho; se la juega en una de sus últimas películas como un one-man-show. Acá no hay coches volando ni producciones de cien palos que lo escondan, y si este estreno oportunista no es para salir puteando es, en parte, gracias a él. Walker se retira con dignidad pero por la puerta chica, y si nos quedamos con ganas de despedirlo a lo grande, más entretenidos, por suerte podemos hacerlo: siempre tendremos Rápidos y Furiosos 5in Control. Un abrazo sincero, Paul.

Por Ernesto Gerez

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